Mensajes al Padre Gobbi, abril a junio 1995

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  • Octubre 29, 2011

Capoliveri (Livorno), 13 de abril de 1995

Jueves Santo

He deseado ardientemente

“Hijos predilectos, vivid en el Getsemaní de mi Corazón Inmaculado este día del Jueves Santo.

Es vuestra Pascua.

Es el día que recuerda la institución del nuevo Sacrificio y del nuevo Sacerdocio.

Vosotros estabais presentes en el designio de amor del Corazón de Jesús, que estaba a punto de abrirse a su mayor ofrenda.

“He deseado ardientemente comer esta Pascua con vosotros antes de padecer.” (Lc 22,15).

He deseado ardientemente. Toda la vida de Jesús estuvo orientada a este supremo e inefable momento.

Desde la encarnación en mi seno virginal hasta su nacimiento, desde la infancia insidiada hasta su adolescencia, desde la juventud transcurrida en la pobre casa de Nazaret hasta su vida pública, cada día Jesús estaba siempre orientado a este momento.

He deseado ardientemente. Cuando Jesús estaba oprimido por el cansancio y la fatiga; cuando era insidiado por los fariseos y rechazado por los grandes, cuando recorría los caminos de Galilea y Judea para anunciar la buena nueva y curaba a los enfermos, perdonaba a los pecadores, liberaba a los posesos, era atendido por los pobres, consolado por los pequeños, Jesús siempre deseaba llegar al cumplimiento de esta su Pascua.

“He deseado ardientemente comer esta Pascua con vosotros, antes de padecer”. (Lc 22,15).

Es la Pascua del amor. En este día Jesús entrega su Cuerpo como comida y su Sangre como bebida a aquellos que son redimidos y salvados por Él. No hay un amor más grande que el de aquél que da la vida por los que ama.

En este su don se establece la nueva y eterna Alianza entre Dios y la humanidad y es instituido el rito de la nueva Pascua en el verdadero Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

Hijos predilectos, acoged con reconocimiento este gran don de amor de Jesús, que os ha asociado íntimamente a su sumo y eterno sacerdocio.

Es la Pascua del dolor.

El amor se prueba con el dolor.

Entonces a este su extremo don de amor responde Judas con la traición, Pedro con la negación, los demás Apóstoles con el abandono, los siervos del sumo sacerdote con los ultrajes y las bofetadas.

He deseado ardientemente. El Corazón de Jesús se abraza ahora ya para siempre de este su ardiente deseo.

El Amor misericordioso brota, con la sangre y con el agua, de la herida de su costado traspasado.

Y desciende como celeste rociada para lavar toda mancha, para cancelar todo pecado, para sanar toda enfermedad, para cerrar toda herida, para socorrer a todos los heridos, para levantar a todos los caídos, para liberar a todos los presos, para salvar al que está perdido.

En estos vuestros últimos tiempos, ha llegado la hora por Jesús tan deseada. Porque su Amor Misericordioso está preparando su mayor triunfo.

Por esto hoy os invito a entrar a todos en el Getsemaní de mi Corazón Inmaculado.

Así seréis formados por Mí, Madre de la Misericordia, para ser los instrumentos preciosos del triunfo del Amor misericordioso de Jesús sobre esta pobre humanidad, que tiene extrema necesidad de ser salvada.

Entonces hoy también vosotros, desearéis ardientemente comer esta Pascua, antes de vuestro padecer”.

 

Capoliveri (Livorno), 14 de abril de 1995

Viernes Santo

Lágrimas y sangre

“Mirad hoy al que traspasaron.

Hijos predilectos, vivid este día Conmigo, Madre dolorosa de la Pasión.

¡Cuánta sangre vieron mis ojos llorosos en este día!

Mi hijo Jesús quedó reducido todo Él a una llaga por la flagelación.

Los terribles azotes romanos abrieron en su cuerpo heridas profundas, de las cuales brotó en abundancia la sangre que lo recubrió de un manto purpúreo. La corona de espinas atravesó su cabeza de la que brotaron regueros de sangre, que descendieron, recubrieron y desfiguraron su rostro.

“Tan desfigurado estaba que no tenía aspecto de hombre” (Is 52,13).

Los clavos le traspasaron manos y pies y la sangre salió a borbotones y descendió por el leño de la Cruz.

Durante las tres horas de desgarradora agonía, Yo permanecí, con Juan y las mujeres piadosas, bajo la Cruz y juntos fuimos bañados por su preciosa sangre.

Luego, después de haber exhalado su último respiro, el centurión romano le atravesó con la lanza el costado, del cual brotó sangre y agua, símbolo de los sacramentos de vuestro renacimiento.

De esta fuente nació la Iglesia; nació en la cuna formada por  la sangre del Hijo y las lágrimas de la Madre.

Lágrimas y sangre. Son el precio de vuestro rescate; son el signo de un inmenso sufrimiento; son el don de a divina Misericordia que ha descendido para renovar todo el mundo.

Vivid hoy un nuevo viernes santo.

¡Y cuánta sangre desciende todavía de los ojos llorosos de vuestra Madre Celeste!

Es la sangre de los niños asesinados en el seno de sus madres; es la sangre derramada por todas las víctimas de la violencia y del odio, de las luchas fratricidas y de las guerras.

Y todavía descienden lágrimas copiosas de mis ojos maternos ante una humanidad que lleva en sí misma la razón de su condena.

Lágrimas y sangre. Yo quiero ayudar a esta pobre humanidad a volver a su Señor, por el camino de la conversión y de la penitencia, y por esto le doy signos evidentes de mi materno dolor y de mi dolorosa preocupación.

Es por esto que de algunas de mis Imágenes he hecho brotar lágrimas de sangre.

¿Cómo puede un hijo no conmoverse ante su madre que llora? ¿Cómo podéis vosotros mis hijos no conmoveros ante vuestra Madre Celeste que llora lágrimas de sangre?

No obstante estos signos tan graves que hoy os doy, no son acogidos ni creídos, por el contrario son abiertamente obstaculizados y rechazados.

Así la acción extrema que realizo, para conduciros a la salvación, es impedida por vosotros.

Entonces, mis pobres hijos, ya no se me concede la posibilidad de detener la mano de la justicia de Dios que, con su terrible castigo, purificará esta humanidad, que no puede ser socorrida, a causa de su obstinado rechazo a acoger todas estas extraordinarias intervenciones de vuestra Madre Celeste.

Ahora para la Iglesia y para la humanidad, la prueba dolorosa ya ha llegado.

Yo veo vuestros caminos rociados de lágrimas y de sangre. Así la divina Justicia purificará este mundo, que ha tocado fondo en la perversión y en la rebelión a su Dios que, para vuestra salvación, hoy se ha inmolado y ha sido muerto en la Cruz.

Al menos vosotros mis predilectos permaneced Conmigo bajo la Cruz, junto a vuestro hermano Juan, para confortar y dar consuelo a vuestra Madre Dolorosa, nuevamente traspasada por la espada de un rechazo tan grande. Y unid vuestro dolor al mío, para implorar una vez más para el mundo el milagro de la Divina Misericordia”.

 

Capoliveri (Livorno), 15 de abril de 1995

Sábado Santo

Velad Conmigo

“Hijos predilectos, permaneced junto a vuestra Madre Celeste, en este día en que el cuerpo de mi Hijo Jesús reposa exánime en su sepulcro nuevo.

Velad Conmigo.

En la oración, que debe ser hecha por vosotros Conmigo y por medio de Mí. En este día vuestra Madre Celeste vivió en una perenne comunión de vida con el Padre Celestial, que me daba todo su amor y con su divina ternura, derramaba bálsamo precioso sobre todas mis heridas. El Padre veía así florecer todo el sufrimiento del Hijo y de la Madre en la alegría que experimentaba, porque podía finalmente abrazar, en su vínculo de amor y de vida, a toda la humanidad ahora redimida y salvada.

Este día lo viví todo él con el alma junto al cuerpo de mi Hijo, depositado en su sepulcro nuevo.

Mis oraciones lo recubrían, como ungüento perfumado; mis lágrimas le limpiaban de toda su sangre y mis manos le acariciaban para cerrar todas las heridas con ternura maternal.

Así preparé aquel cuerpo exánime para recibir su nuevo y potente soplo de vida.

En este día el Espíritu Santo me llevaba al interior de su recinto esponsal, me daba gozo y paz y me manifestaba su agradecimiento divino, por haber acogido en mi seno virginal y conducido hasta el sepulcro al Unigénito Hijo del Padre.

Velad Conmigo.

En la esperanza que, en este día, está a punto de convertirse en certeza.

Cuando mi Hijo Jesús se me presentó en su cuerpo glorioso más resplandeciente que el sol, y me estrechó tiernamente contra su Corazón divino, para mí terminó todo sufrimiento.

Ahora la muerte ha sido vencida por la vida; el pecado por la gracia; el mal por el bien; el odio por el amor; Satanás por el Hijo de Dios muerto y resucitado.

Velad Conmigo.

Vivid Conmigo en la confianza este día de sábado.

En el sepulcro yace toda esta pobre humanidad, convertida en posesión del Maligno y hecha esclava del pecado y del mal.

Es el sábado de su larga sepultura.

Pronto la humanidad saldrá de la tumba en que yace, cuando Jesús volverá en gloria y la conducirá al nuevo jardín de su resurrección.

Se está preparando el gran milagro de la divina Misericordia.

Éste repetirá para toda la humanidad cuanto sucedió a mi Hijo Jesús. Porque esta humanidad será completamente renovada por el potente hálito del Espíritu Santo, que se difundirá por toda la tierra y la humanidad volverá a los brazos de su Padre Celestial, que en ella se reflejará complacido, mientras Jesús habrá traído al mundo renovado su reino de gloria.

Por esto, hijos predilectos, hoy os invito a velar Conmigo en la oración, en la esperanza, en la confianza, en este vuestro largo sábado, que está a punto de terminar”.

 

Capoliveri (Livorno), 16 de abril de 1995

Pascua de Resurrección

El triunfo de la Divina Misericordia

“Hijos predilectos, alegraos Conmigo, Madre dolorosa de la Pasión y Madre consolada y gozosa de la Resurrección.

Que vuestra alegría se una a la de todas las milicias Angélicas, que se inclinan para adorar a mi Hijo Jesús, mientras se presenta a ellos en el fulgurante esplendor de su divinidad.

Que se una a la alegría de todo el Paraíso, que acoge al Hijo de Dios resucitado y sentado a la derecha del Padre y a la de los justos que en el seno de Abraham saludan el momento de su liberación.

Hoy toda la creación es sacudida por nuevos estremecimientos de vida.

Toda la humanidad exulta de grandísimo gozo, porque en Jesús crucificado, muerto y resucitado contempla el triunfo de la divina misericordia.

El triunfo de la divina misericordia se realiza plenamente con el pago a la divina Justicia, de la deuda contraída a causa del pecado cometido por los primeros padres y que ha llevado a la condena a toda su progenie.

Hoy, en Cristo que resucita, se realiza de nuevo este admirable retorno de toda la humanidad a los brazos de su Padre Celeste.

Jesús se ha ofrecido como víctima de expiación, para que el amor misericordioso del Padre, pueda acoger, en su comunión de vida a esta humanidad ya redimida y salvada.

El triunfo de la divina misericordia se realiza plenamente en la victoria del bien sobre el mal, de la gracia sobre el pecado, del amor sobre el odio, de la vida sobre la muerte.

Cristo que sale victorioso del sepulcro traza un camino de luz a toda la humanidad, para que pueda así responder al gran don que de él ha recibido.

Es el camino del amor.

Ahora el amor está llamado a vencer sobre el egoísmo y sobre el odio, sobre la violencia y sobre la guerra, sobre la incomprensión y sobre todas las divisiones.

El triunfo de la divina misericordia se realiza plenamente sobre Satanás y sobre todos los espíritus malignos, porque este día sella el momento de su mayor derrota.

Satanás todavía puede actuar para conducir a la ruina y a la perdición a esta frágil humanidad, aunque haya sido redimida.

Pero al fin el triunfo será todo de Dios, porque Cristo es el único Salvador y vuestro Redentor.

En estos últimos tiempos la lucha entre el bien y el mal, entre la Gracia y el pecado, entre Dios y Satanás alcanza el vértice de su potencia.

Parece que, en vuestros días, Satanás haya obtenido su victoria, como ocurrió durante el sábado en el cual Jesús yacía exánime en el sepulcro.

Pero está próximo el momento en que Cristo resucitado se manifestará en todo su poder, el mal será destruido, Satanás será derrotado para siempre y entonces aparecerá, en todo su esplendor, el triunfo de la divina misericordia sobre el mundo”.

 

Perpignan (Francia), 13 de mayo de 1995

Aniversario de la Primera Aparición de Fátima

Rezad por el Papa

“Recordáis hoy mi primera aparición ocurrida, en la Cova de Iria en Fátima, con el primero de los numerosos Cenáculos de mi Movimiento que este pequeño hijo mío celebrará todavía en toda Francia, tierra tan insidiada y poseída por mi Adversario, pero tan defendida y protegida por vuestra Madre Celeste.

Y nunca como aquí se hace actual y urgente el mensaje que Yo os di en Fátima en 1917.

Contemplad con los ojos misericordiosos de vuestra Madre Celeste a la Iglesia sufriente y dividida, amenazada por la pérdida de la fe y por una gran apostasía.

Ved cómo los Pastores son golpeados, se vuelven tibios e infieles y así el rebaño se dispersa cada vez más por los caminos del mal y del pecado y corre el peligro de llegar a perderse para siempre.

Sentid el profundo dolor de mi Corazón Inmaculado al ver la desunión que ha entrado profundamente en el corazón mismo de la Iglesia, a causa de la desobediencia y de la oposición de Obispos y Sacerdotes al Papa, que ha sido constituido por Jesús fundamento de la Iglesia y custodio infalible de su verdad.

Rezad por el Papa.

Este Papa es el don más grande, que mi Corazón Inmaculado os ha dado, para el tiempo de la purificación y de la gran tribulación.

Parte importante de mi mensaje y del secreto que aquí revelé a los tres niños a los que me aparecí, se refiere especialmente a la persona y a la misión del Papa Juan Pablo II.

¡Qué grande es su sufrimiento!

A menudo está como aplastado bajo el peso de una Cruz, que se ha hecho tan pesada.

La humanidad corre por el camino de la violencia y del odio, de las luchas fratricidas y de la guerra, a pesar de su angustiado grito que hace llegar a todos para invocar la paz.

Esta humanidad se vuelve cada vez más esclava del bienestar y del placer, del materialismo y del hedonismo, de la dureza de corazón hacia las necesidades de los pequeños, de los pobres, de los marginados, de los oprimidos, de los explotados.

¡Qué grande es el dolor del Papa al ver a la humanidad tan amenazada correr con inconsciencia por la vía de su propia destrucción!

Rezad por el Papa.

Cómo hace sangrar a su corazón la división que se arraiga en la Iglesia, la pérdida de la fe que se hace cada vez más vasta, los errores que son enseñados y difundidos, a pesar de la valentía y la fuerza con las que va, a todas partes del mundo, a confirmar a todos en la fidelidad a Cristo y a su Evangelio.

Sus cartas Encíclicas, son verdaderos faros de luz, que descienden del cielo, en la tiniebla profunda que envuelve todo el mundo.

Rezad por el Papa.

Él está viviendo la hora de Getsemaní y del Calvario, de la crucifixión y de su inmolación.

El Señor lo mira como la víctima más preciosa, que ahora, debe ser inmolada sobre el altar de su sacerdotal sacrificio.

Hijos predilectos, permaneced siempre Conmigo, bajo la Cruz, sobre la cual mi Papa, formado, conducido y tan amado por Mí, está ahora consumando su gran ofrecimiento de amor y de dolor.

Y es justamente por el sacrificio de éste mi primer hijo predilecto, que la divina Justicia se desposará con una gran misericordia.

Después del tiempo de la prueba, que será de purificación para toda la tierra, surgirá en el mundo la nueva era predicha y anunciada por Él, y por eso en estos últimos tiempos os invito a todos a traspasar los umbrales luminosos de la esperanza”.

 

Vacallo (Suiza), 4 de junio de 1995

Solemnidad de Pentecostés

Lenguas de fuego

“Reunidos en un extraordinario Cenáculo de oración hecha Conmigo, hijos predilectos, celebráis hoy la solemnidad de Pentecostés.

Me encontraba  recogida con los Apóstoles y los discípulos, en el Cenáculo de Jerusalén, cuando ocurrió el prodigio de la venida del Espíritu Santo, bajo formas de lenguas de fuego. Y vi con gozo el milagro de su completa transformación.

De tímidos y temerosos que eran salieron del Cenáculo convertidos en valientes e intrépidos testimonios de Jesús y de su Evangelio.

En el Cenáculo espiritual de mi Corazón Inmaculado, ahora debe realizarse el prodigioso acontecimiento del segundo Pentecostés, invocado y esperado por vosotros.

Descenderán otra vez sobre la Iglesia y sobre toda la humanidad milagrosas lenguas de fuego.

Lenguas de fuego divino traerán calor y vida a una humanidad actualmente helada por el egoísmo y el odio, por la violencia y las guerras.

Así la tierra aridecida se abrirá al soplo del Espíritu de Dios que la transformará en un nuevo y maravilloso jardín, en el cual la Santísima Trinidad pondrá su habitual morada entre vosotros.

–Lenguas de fuego descenderán para iluminar y santificar la Iglesia, que vive la hora tenebrosa del Calvario y es golpeada en sus pastores, herida en el rebaño, abandonada y traicionada por los suyos, expuesta al viento impetuoso de los errores, invadida por la pérdida de la fe y por la apostasía.

El fuego divino del Espíritu Santo la curará de toda enfermedad, la purificará de toda mancha y de toda infidelidad, la revestirá de una nueva belleza, la recubrirá de su esplendor, para que así pueda recuperar la unidad completa y la plenitud de su santidad, y entonces dará al mundo su pleno, universal y perfecto testimonio de Jesús.

Lenguas de fuego descenderán sobre todos vosotros mis pobres hijos, tan engañados y seducidos por Satanás y por todos los espíritus malignos, que, en estos años, han obtenido su gran triunfo.

Y así seréis iluminados por esta Luz divina y os veréis a vosotros mismos en el espejo de la verdad y de la santidad de Dios.

Será como un juicio en pequeño que abrirá la puerta de vuestro corazón para recibir el gran don de la divina misericordia.

Entonces el Espíritu Santo realizará en el corazón y en la vida de todos el nuevo milagro de la universal transformación: los pecadores se convertirán; los débiles tendrán apoyo; los enfermos obtendrán la curación; los alejados volverán a la casa del Padre; los separados y divididos llegarán a la plena unidad.

De esta manera se realizará el prodigio del segundo Pentecostés. Éste tendrá lugar con el triunfo de mi Corazón Inmaculado en el mundo.

Sólo entonces veréis como las lenguas de fuego del Espíritu de Amor renovarán todo el mundo que será completamente transformado por la mayor manifestación de la divina Misericordia.

Por esto os invito a pasar este día en el Cenáculo, reunidos en la oración Conmigo, Madre de la Misericordia, en la esperanza y en la anhelante espera del segundo Pentecostés ya próximo”.

Valdragone (Rep. de San Marino), 28 de junio de 1995

Ejercicios Espirituales, en forma de Cenáculo, con 20 Obispos y 300
Sacerdotes del M.S.M. de Europa, América, África, Asia y Oceanía.

Para la salvación del mundo

“En estos días mi Corazón Inmaculado es consolado y glorificado por vosotros, Obispos y Sacerdotes de mi Movimiento que, nunca como este año, habéis venido en tan gran número de todas partes del mundo, para vivir Conmigo una semana de continuo Cenáculo, unidos en la oración y en la fraternidad.

Yo me uno a vuestra oración. En estos tiempos vuestros, la oración de mis Sacerdotes me es necesaria, para la salvación del mundo.

Yo construyo entre vosotros una fraternidad mayor y más profunda.

Como Madre os llamo para que os encontréis, os ayudo a conoceros, os impulso a amaros.

Mi Corazón se  regocija al veros crecer en vuestro amor mutuo, para llegar a ser así, cada vez más, un solo corazón y una sola alma.

Entonces Yo puedo realizar sobre cada uno de vosotros el designio del triunfo de mi Corazón Inmaculado para la salvación del mundo.

–Para la salvación del mundo, Yo os hago instrumentos preciosos de la divina Misericordia.

Ved en qué abismo de miseria y desesperación ha caído esta humanidad, que se ha alejado completamente de Dios.

Ahora por sí sola ya no puede ser levantada, si una gran misericordia no la conduce a la salvación. Que el Señor misericordioso pueda actuar a través de vosotros, Obispos y Sacerdotes, que sois los hijos de mi materna predilección.

Ved con mis ojos maternos todos los dolores, los pecados, las rebeliones, las perversiones de esta humanidad, que lleva el peso de la gran tribulación que estáis viviendo. Y derramad también con vuestros ojos lágrimas de dolor y de profunda compasión.

Ayudad a todos con mis manos a volver al camino de la penitencia y de la conversión: Llevad en vuestros brazos a los pequeños, a los pobres, a los débiles; dad valor y fuerza a los jóvenes; estimulad a la reconciliación a las familias divididas; confortad al que sufre; que nadie sea olvidado o abandonado por vosotros.

Caminad con los pies de vuestra Madre Celestial para buscar a los más alejados; para ayudar a los marginados y a los abandonados; para dar esperanza a los desesperados y a los oprimidos; para derramar bálsamo sobre las profundas heridas de los golpeados; para recoger la sangre derramada por las innumerables víctimas del odio, de la violencia fratricida y de las guerras.

Amad a todos con el latido de mi Corazón Inmaculado y entonces llegaréis a ser los instrumentos del triunfo de la divina Misericordia y del triunfo de mi Corazón materno.

–Para la salvación del mundo, Yo quiero hacer de vosotros el corazón nuevo de la nueva Iglesia, que será consolada por vosotros, en estos días en los que ella vive la hora de su agonía y es cada vez más abandonada, traicionada, flagelada y crucificada por tantos de sus hijos.

Sed en la Iglesia mi presencia apasionada y fiel.

Amad con mi Corazón a vuestra Santa Madre Iglesia, que sufre y lleva sobre sus hombros una cruz tan grande y pesada.

Sed un fuerte apoyo para el Papa, que vive la hora de su inmolación; sostened a vuestros Obispos con la oración y con vuestra docilidad; dad toda vuestra ayuda a vuestros hermanos Sacerdotes, que sucumben bajo el peso de grandes dificultades y de las astutas insidias de mi Adversario. No juzguéis a nadie.

Amad a todos con la ternura de mi Corazón de Madre y entonces formaréis el corazón nuevo de la nueva Iglesia, que nacerá con el triunfo de mi Corazón Inmaculado.

¡Si vieseis el esplendor de santidad y la plenitud de unidad de la Iglesia, después de este período de gran tribulación, también vosotros, Conmigo, os estremeceríais de gozo! Porque entonces todas las naciones caminarán hacia Ella, que volverá a ser luz de verdad y de gracia, de unidad y de santidad, para la salvación del mundo.

Hijos predilectos, en estos días Yo he concedido grandes gracias a cada uno de vosotros.

Verdaderamente os he obtenido en abundancia los dones del Espíritu Santo, que ha obrado en vosotros la transformación del corazón y de la vida.

Dentro de poco comprenderéis lo importante que han sido estos días para vosotros. Por ahora os doy la gracia de vivir en el Corazón de la Santísima Trinidad donde vuestra Madre Celestial tiene su habitual morada.

–Para la salvación del mundo sed, en todas partes, los ministros fieles del Amor misericordioso de Jesús, y dejaos conducir siempre por Mí que soy la Madre de la Misericordia, porque sólo con el triunfo de la divina Misericordia se puede realizar en el mundo el triunfo de mi Corazón Inmaculado.

Salid de este Cenáculo en la alegría y en la paz e id a llevar a todas partes el consuelo de mi presencia materna entre vosotros.

Con vuestros seres queridos, con aquellos que han sido confiados a vuestro ministerio, os bendigo a todos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.

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