Mensajes al Padre Gobbi, octubre a diciembre 1994

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  • Octubre 1, 2011

Effingham-Illinois (U.S.A.), 13 de octubre de 1994

Ejercicios Espirituales en forma de Cenáculo con Obispos y Sacerdotes del M.S.M. de U.S.A. y Canadá

Mis tiempos han llegado

“Hijos predilectos, es grande el gozo que vosotros dais en estos días a vuestra Madre Celestial.

Habéis venido de muchas partes de los Estados Unidos y del Canadá, para vivir Conmigo en un Cenáculo continuo de oración y de fraternidad.

Yo me uno a vuestra oración; os ayudo a crecer en el mutuo amor, para así llegar a ser un solo corazón y una sola alma.

Vierto bálsamo sobre vuestras heridas, doy consuelo a vuestros numerosos sufrimientos y os animo a caminar, con confianza y con gran esperanza, por la vía dolorosas de estos últimos tiempos.

Llevad a todos mi mensaje materno.

Mis tiempos han llegado.

Han llegado los tiempos predichos por Mí en Fátima.

Hoy recordáis el aniversario de mi última aparición, confirmada con el milagro del sol.

Entonces Yo predije cuanto estáis viviendo en estos años de la purificación y de la gran tribulación.

–Os he predicho el gran castigo, que va a azotar a esta pobre humanidad vuelta pagana, que ha construido una nueva civilización sin Dios y está amenazada por la violencia, por el odio, por la guerra y corre el peligro de destruirse con sus propias manos.

Mis intervenciones extraordinarias, que he llevado a cabo para conducirla por el camino de la conversión y de su retorno al Señor, no han sido acogidas ni creídas.

Así ahora os encontráis en la víspera de la gran prueba que Yo os he predicho: será la suprema manifestación de la divina justicia y de la misericordia.

Descenderá fuego del cielo y la humanidad será purificada y completamente renovada, para estar así pronta a recibir al Señor Jesús que volverá a vosotros en gloria.

–Os he predicho también la grave crisis que va a ocurrir en la Iglesia, a causa de la gran apostasía entrada en ella, por la difusión cada vez más amplia de los errores, por su división interior, por la oposición al Papa y por el rechazo de su Magisterio.

Esta mi hija amadísima debe vivir las horas de su agonía y de su pasión dolorosa; será abandonada por muchos de sus hijos.

El viento impetuoso de la persecución se abatirá sobre ella y será vertida mucha sangre, también por parte de mis hijos predilectos.

Mis tiempos han llegado.

Por esto os invito a seguirme por la vía de la oración y de la penitencia, de la pureza y de la santidad.

Ved ¡cómo vuestras Naciones se han hecho víctimas del materialismo y de la exasperada búsqueda del placer!

La ley de Dios es cada vez más violada; la impureza es propagada con todos los medios de comunicación social; se recurre a todo medio para impedir la vida; los abortos aumentan por doquier y son legitimados por leyes injustas e inmorales.

Mis tiempos han llegado.

Decid a todos que entren en el arca de mi Corazón Inmaculado, para ser protegidos y salvados por Mí.

Os pido que multipliquéis vuestros Cenáculos de oración: entre los Sacerdotes, entre los niños, los jóvenes y especialmente en las familias.

He quedado consolada por la respuesta tan grande que he tenido en Canadá y en los Estados Unidos durante estos Cenáculos, que jamás han visto una participación tan grande de Sacerdotes y de fieles. Por la generosa respuesta que recibo por doquier de  mis hijos más pequeños, os prometo intervenir para salvaros en la hora de la gran prueba.

Mi presencia materna entre vosotros es signo seguro de protección y de salvación. Abrid por tanto vuestros corazones a la esperanza y vivid en la mayor confianza y en el abandono a mi Corazón Inmaculado.

Con vuestros seres queridos, con las personas confiadas a vosotros, os bendigo en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.”

 

S. Francis-Maine (U.S.A.), 1 de noviembre de 1994

Fiesta de todos los Santos

En el esplendor de los Santos

“Celebrad hoy la fiesta de todos los Santos.

Cuántos de vuestros hermanos y hermanas, que han formado parte aquí de mi ejército, en el Paraíso forman la corona de gloria en torno al Corazón Inmaculado de vuestra Madre y Reina.

Soy la Reina de todos los Santos.

En el esplendor de los Santos, se forma una sola y única familia de los hijos de Dios, amados y redimidos por Él, que gozan de una felicidad perfecta y eterna y entonan el canto nuevo de su glorioso triunfo.

En el esplendor de los Santos vivid también vosotros estos días de dolorosa purificación y de gran tribulación.

Ellos están a vuestro lado, os ayudan, os protegen con su poderosa intercesión y os conducen a la completa realización  de mi designio materno.

En el esplendor de los Santos sois consolados en vuestro sufrir y confortados en los momentos sangrientos de la lucha contra las potentes fuerzas del mal, que hoy parecen llevar las de ganar.

Así sois llamados a vivir las horas dolorosas de vuestro martirio.

En el esplendor de los Santos debéis vivir los momentos presentes y llevar el peso de la gran prueba, que ya ha descendido sobre el mundo, para purificar la humanidad y prepararla a su encuentro con el Señor que vuelve a vosotros en gloria.

En el esplendor de los Santos debe abrir ahora el corazón a la esperanza toda la Iglesia que sufre y peregrina, porque desciende tanta luz del cielo para iluminar y confortar su doloroso camino hacia el Calvario de su inmolación.

En el esplendor de los Santos continúa este tu tan fatigoso y extraordinario viaje, mi más pequeño niño, llamado a llevar la luz de Cristo a tantas almas oscurecidas por el pecado, y el amor  y el consuelo de la Madre a tantos corazones enfermos y heridos.

Así, sobre cada paso que das, tu Madre Celestial hará florecer la esperanza, la confianza y la alegría.”

 

Lago de Guadalupe (México), 23 de noviembre de 1994

Ejercicios Espirituales en forma de Cenáculo con los Sacerdotes del M.S.M. de México y de El Salvador

Sea grande vuestra confianza

“Qué contenta estoy de veros aquí  reunidos en un continuo Cenáculo de oración y de fraternidad, Sacerdotes de mi Movimiento de Méjico y de El Salvador.

Me uno a vuestra oración; os ayudo a crecer en vuestro mutuo amor, porque debéis caminar juntos por la senda dolorosa de la gran tribulación.

Amaos como hermanos reunidos por el amor de vuestra Madre Celestial.

Vivid en la alegría y la esperanza.

Sea grande vuestra confianza.

Jesús os ama con un amor divino y misericordioso.

Ved vuestras grandes dificultades y el abandono en que a menudo os encontráis, a causa de los tiempos dolorosos y difíciles que estáis viviendo.

Vuestras naciones se han vuelto paganas; son dominadas por las fuerzas del mal y las masónicas; se han hecho víctimas del materialismo y de la exasperada búsqueda del placer.

La ley del Señor es cada vez más violada en todos sus mandamientos. Se atenta de manera disimulada y perversa, al don de la vida; la violencia y el odio se difunden, mientras la impureza se expande como un veneno que lleva la muerte a los corazones y a las almas.

Vosotros estáis llamados a ser los instrumentos de la divina misericordia para toda esta pobre humanidad tan alejada de Dios.

Por esto os suplico que seáis fieles a vuestro ministerio. Sed testigos esforzados de fe en el tiempo de la gran apostasía, de santidad en momentos de la gran perversión y de amor en la hora de la violencia y del odio, que cada día se hace más fuerte.

Sea grande vuestra confianza.

Soy Madre y quiero derramar el bálsamo de mi amor materno sobre todos mis hijos. Tengo necesidad de vosotros.

Por esto os pido que os consagréis a mi Corazón Inmaculado.

Porque quiero hacer de vosotros los instrumentos de mi materna misericordia.

Tomad en vuestros brazos sacerdotales a mis hijos más necesitados y llevadlos dentro del celeste refugio de mi Corazón Inmaculado.

Sostened a los débiles; conducid a los dudosos; convertid a los pecadores; sanad a los enfermos; confortad a los desesperados; llevad a la casa del Padre a los alejados; dad a todos el bálsamo de mi amor materno y misericordioso.

Entonces os hacéis vosotros los instrumentos preciosos del triunfo de mi Corazón Inmaculado en el mundo.

Sea grande vuestra confianza.

El triunfo de mi Corazón Inmaculado está cerca.

Me ha consolado la respuesta de amor y de oración que, en esta Nación, recibo de los más pequeños, de los pobres, de los  débiles, de los humildes, de los sencillos.

En el corazón y en la vida de estos mis pequeños hijos, el triunfo de mi Corazón Inmaculado, ya ha comenzado.

Este triunfo continuará de manera cada vez más fuerte, porque América Latina es mi propiedad, me pertenece y Yo me manifestaré a todos como Madre potente y misericordiosa.

Por esto os invito a salir de este Cenáculo en la paz, en la alegría, y en una gran esperanza.

Con vuestros seres queridos, con aquellos que os han sido  confiados a vuestro ministerio, os bendigo en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.”

 

Ciudad de Méjico, 5 de diciembre de 1994

Cenáculo nacional del M.S.M. en el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe

La niña de mis ojos

“Con cuánto amor os contemplo, Sacerdotes y fieles de mi Movimiento, que os encontráis aquí, en este tan venerado Santuario mío, para hacer vuestro gran Cenáculo, que concluye los que se hicieron en tantas ciudades de Méjico, ¡esta tierra especialmente protegida y bendecida por Mí!

Hago descender de mi Corazón Inmaculado torrentes de amor y de misericordia sobre todos vosotros, sobre la Iglesia y sobre esta pobre humanidad.

Como en mis ojos permanece impresa la imagen del pequeño Juan Diego, a quien me aparecí, así también vosotros estáis impresos en los ojos y en el corazón de vuestra Madre Celestial.

Sois la niña de mis ojos, porque sois mis más pequeños hijos, completamente consagrados a Mí, y así sobre vosotros Yo puedo derramar toda la ternura de mi amor materno.

Sois la niña de mis ojos, porque os dejáis conducir por Mí con tanta docilidad. Vosotros me escucháis, secundáis mis peticiones, camináis por la senda que Yo os he trazado, y así, por medio de vosotros, Yo puedo realizar el gran designio del triunfo de mi Corazón Inmaculado en el mundo.

Sois la niña de mis ojos, porque a través de vosotros Yo puedo difundir la luz de la fe en los días de la gran apostasía, el perfume de la gracia y de la santidad en el tiempo de la gran perversión y la fuerza victoriosa del amor en la hora de la violencia y del odio.

Sois la niña de mis ojos, por el gran amor que tenéis a Jesús Eucarístico. Con qué alegría os miro, cuando vais ante el Sagrario a dar a Jesús vuestro homenaje sacerdotal de amor,  de adoración y de reparación.

En el tiempo en que Jesús Eucarístico está rodeado de tanta indiferencia, de tanto vacío, vosotros difundís todavía las solemnes horas de adoración eucarística, rodeáis a Jesús de flores y de luces como signos indicativos de vuestro amor y de vuestra tierna piedad.

Sois la niña de mis ojos, porque sois sencillos, pobres, humildes y así me amáis con todo el candor de vuestro corazón de niños.

Has visto, pequeño hijo mío, con cuánto entusiasmo me aman, me rezan y glorifican todos estos hijos míos mejicanos.

Por esto comenzará desde aquí mi gran victoria contra todas las fuerzas masónicas y satánicas, para el mayor triunfo de mi Hijo Jesús.

Te confirmo que para el gran jubileo del año dos mil vendrá el triunfo de mi Corazón Inmaculado, que Yo he predicho en Fátima y eso se realizará con el retorno de Jesús en gloria para instaurar su Reino en el mundo.

Así podréis finalmente ver con vuestros ojos los cielos nuevos y la nueva tierra.

Con todo mi amor de Madre, consolada y glorificada por vosotros, os bendigo en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.”

 

Santiago (República Dominicana), 8 de diciembre de 1994

Fiesta de la Inmaculada Concepción

Apóstoles de los últimos tiempos

“Te encuentras aquí, mi pequeño hijo, para hacer el Cenáculo con el Obispo, los Sacerdotes y los fieles de mi Movimiento, en este día en el que la Iglesia celebra la solemnidad de mi Inmaculada Concepción.

La Santísima Trinidad me ha colmado de este singular privilegio, porque estaba destinada a ser la Madre del Verbo, hecho hombre en mi purísimo seno.

En previsión de mi divina maternidad, fui preservada del pecado original y de toda sombra de pecado personal, y he sido colmada de gracia y de santidad.

Por ser Madre de Jesús, he sido asociada íntimamente al misterio de su Redención, como corredentora y así he llegado a ser mediadora de la gracia entre vosotros y mi hijo Jesús.

Bajo la Cruz, por voluntad de mi Hijo, fui hecha Madre de todos vosotros, y en el Cenáculo con los Apóstoles, he participado como Madre en el nacimiento de la Iglesia.

Mi misión materna ha sido la de conducir a la Iglesia por el camino de su evangelización.

Por esto siempre he estado junto a todo hijo mío que, a lo largo de dos mil años, ha llevado a todas partes del mundo el anuncio del Evangelio.

Precisamente hoy celebráis aquí los quinientos años de la primera evangelización de todo este gran continente de América.

Después de casi dos mil años del primer anuncio del Evangelio, la humanidad se ha vuelto pagana.

Yo soy la Madre de la segunda evangelización. Es mía la misión de formar a los Apóstoles de la segunda evangelización.

En estos años os he formado con un cuidado especial, y a través del don de mis palabras, para ser los Apóstoles de los últimos tiempos.

Apóstoles de los últimos tiempos, porque debéis anunciar a todos, hasta los últimos confines de la tierra, el Evangelio de Jesús en estos días de gran apostasía.

Difundid en la gran tiniebla que ha descendido sobre el mundo, la luz de Cristo y de su divina Verdad.

Apóstoles de los últimos tiempos, porque debéis dar a todos la misma vida de Dios, por medio de la Gracia que vosotros comunicáis con los Sacramentos de los cuales sois los ministros. Y así difundís el perfume de la pureza y de la santidad, en este tiempo de gran perversión.

Apóstoles de los últimos tiempos, porque estáis llamados a llevar el rocío del amor misericordioso de Jesús a un mundo marchito por la incapacidad de amar y amenazado cada vez más por el odio, la violencia y la guerra.

Apóstoles de los últimos tiempos, porque debéis anunciar el cercano retorno de Jesús en gloria, que introducirá la humanidad en los tiempos nuevos, en los que finalmente se verán los nuevos cielos y la tierra nueva.

Proclamad a todos su cercano retorno: maranathá: ¡ven Señor Jesús!”

 

Dongo (Como), 24 de diciembre de 1994

Noche Santa

En el misterio de esta Noche

“Vivid Conmigo, en la oración y en la espera, el misterio de esta Noche.

Hijos predilectos, entrad en el jardín celestial de mi Corazón Inmaculado, para saborear toda la alegría y la inmensa bienaventuranza de este acontecimiento.

“Cuando vino la plenitud de los tiempos” (Gal 4,4)

El tiempo en su discurrir, está dispuesto para este momento.

Desde el principio. Desde la eternidad, en la mente del Padre.

Desde que el Señor creó el universo; desde que la tierra llegó a ser jardín privilegiado para el hombre, elevado a una especial comunión con Dios; desde que por la caída de los primeros padres, también la creación fue sometida a la caducidad y la tierra comenzó a producir cardos y espinas para el hombre, desde este momento, sometido a duras pruebas y a continuos dolores.

“Pondré enemistad entre ti y la Mujer; entre tu descendencia y la suya.

Ella te aplastará la cabeza”.

Mi descendencia es el divino Niño que nace de Mí en esta Noche Santa. Él es el vencedor de Satanás, porque es el Verbo encarnado del Padre, el único Mediador entre Dios y la humanidad, el sólo Salvador y Redentor.

Por medio de Él, se ha restablecido el designio del Padre como había sido al principio; el hombre vuelve a reflejar la gloria del Dios vivo y todo el universo es ordenado admirablemente a proclamar la perfecta gloria de su Señor.

“Dios envió a su Hijo” (Gal 4,4)

Esta Noche Santa responde a las profundas aspiraciones de cuantos han vivido en la esperanza y en la orante espera de este momento.

Es la plenitud del tiempo, porque condensa la ardiente espera de toda la historia: de Adán, de Abraham, de los Patriarcas, y de los Profetas, de los Reyes y de los Sacerdotes, de los grandes y de los pequeños. Por cuántos siglos estos justos de Israel vivieron invocando, esperando y aguardando este momento.

“Dios envió a su Hijo”. Es el Verbo consubstancial al Padre; es la Imagen de su substancia; es el Esplendor de su gloria que, en esta noche, nace a su existencia humana.

“Nacido de Mujer” (Gal 4,4)

Y nace de Mí, su Madre Virgen.

Vivid Conmigo el éxtasis de estas horas; entrad en mi Corazón Inmaculado para saborear toda la intensidad de este momento en el que el tiempo alcanza su plenitud.

Estáis en el corazón de la historia. Aquí podéis comprender todas las vicisitudes del pasado; aquí podéis dar sentido y significado a todos los acontecimientos del futuro. Esta noche se hace fuente de Luz para la humanidad de todos los tiempos.

Porque el hijo que nace de Mí, en esta Noche Santa, es el Dios con vosotros, es el Emmanuel, es vuestro redentor, es vuestro único Salvador.

Entrad entonces con alegría en el misterio de esta Noche.

Y abrid vuestros corazones a la plenitud de la felicidad que llega hasta vosotros con la plenitud de los tiempos: Os anuncio a vosotros una noticia que es de alegría para todos: hoy ha nacido  para vosotros un Salvador que es Cristo Señor.

En el misterio de esta Noche comprended también cómo la plenitud de los tiempos se cumple en el tiempo nuevo que os espera.

Porque esta primera venida de Jesús en la fragilidad de su naturaleza humana está ordenada a su segunda venida, cuando aparecerá en el esplendor de su gloria divina.

En esta primera Navidad su divinidad es oscurecida y escondida por su humanidad; en su segunda Navidad la humanidad será velada por el esplendor de su divinidad.

Entrad por tanto en el misterio de esta Noche, para abrir vuestros corazones a la esperanza.

Hoy os anuncio a vosotros una noticia, que es de gran alegría para todos.

El Señor Jesús que en esta noche contempláis frágil y pequeño en el pesebre, llorando y necesitado de todo, está para retornar en el esplendor de su gloria divina.

Este retorno suyo glorioso dará cumplimiento a la plenitud de los tiempos cuando comience el tiempo nuevo de los nuevos cielos y de la nueva tierra.”

 

Milán, 31 de diciembre de 1994

Última noche del año

Madre dolorosa y preocupada

“Hijos predilectos, pasad Conmigo en la oración y el recogimiento, las últimas horas de este año.

Cuántos pasan estos momentos entre el estruendo de voces e imágenes, que os impiden comprender la gravedad y los inminentes peligros del tiempo que vivís.

Yo soy Madre dolorosa y preocupada.

–Soy Madre dolorosa al ver esta pobre humanidad tan alejada de su Señor que, en la general inconsciencia y en la indiferencia, camina por la senda del pecado y del mal, de la impureza y la impiedad, del odio y de la guerra.

¡Qué grande es el peligro para la humanidad de que llegue a destruirse con sus propias manos!

Yo veo vuestras calles bañadas en sangre y violencia y el odio abatirse, como terrible huracán, sobre la vida de familias y naciones.

–Soy Madre dolorosa al ver a la Iglesia mi amadísima hija, postrada bajo la Cruz de una dolorosísima agonía.

Cuántos la reniegan y la traicionan; cuántos la abandonan y la condenan; cuántos la menosprecian y la crucifican.

Entre ellos también hay hijos míos predilectos: Obispos y Sacerdotes que repiten y renuevan el gesto de Judas que traiciona, o el de Pedro que reniega, o el de los Apóstoles que huyen por cobardía.

Vosotros estáis llamados a ser los nuevos Juanes, que permanecen Conmigo bajo la Cruz, sobre la que la Iglesia es crucificada todavía e inmolada para la salvación del mundo.

–Soy Madre preocupada, porque mis extraordinarias intervenciones, que he realizado para conduciros a la conversión y a la salvación, no han sido acogidas ni seguidas.

¿Cómo vais a lograr salvaros ahora del gran castigo que ha llegado, si habéis rechazado cuanto la Madre Celestial os ha ofrecido para vuestra salvación?

–Soy Madre preocupada, porque el tiempo de los últimos acontecimientos ya ha llegado.

Hasta ahora he podido retrasar el comienzo de la gran prueba, por la respuesta que, en todas partes del mundo he obtenido de mis niños más pequeños.

Pero ahora debéis entrar a vivir el tiempo conclusivo de la gran tribulación.

Para estos momentos he suscitado por doquier mi Movimiento Sacerdotal Mariano.

Para esto he llevado a esta mi pequeño hijo a todas partes del mundo, para haceros entrar a todos en el seguro refugio de mi Corazón Inmaculado.

Vivid dentro de este refugio el tiempo de la gran prueba que ha llegado para todos.

Y abrid vuestros corazones a la esperanza porque desde este año veréis hacerse cada vez más luminosa y más fuerte, más frecuente y más advertida mi presencia materna entre vosotros.”

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