Mensajes al Padre Gobbi, julio a septiembre 1994

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  • Septiembre 7, 2011

Rubbio (Vicenza), 15 de agosto de 1994

Asunción de María Santísima al Cielo

La fiesta de la alegría

“Hijos predilectos, contempladme hoy a la luz de mi Cuerpo glorioso, elevado a la gloria del Paraíso.

La Santísima y Divina Trinidad refleja en Mí el esplendor de su poder y de su mayor gloria.

Exultan de gozo todos los Espíritus Celestiales, que celebran con himnos de alabanza y se postran en acto de profunda veneración hacia Aquella que ha sido constituida su Reina.

Experimentan un aumento de felicidad los ejércitos de los Santos, viéndome junto a mi Hijo con mi Cuerpo glorioso, circundado de esplendor y belleza, al pensar que un día también su cuerpo, ahora disuelto, seguirá en la gloria el luminoso destino, reservado por ahora sólo a vuestra Madre Celestial.

Un consuelo especial desciende sobre las almas que sufren en el Purgatorio, en la oración y en el sufrimiento, porque en la visión de mi Cuerpo glorioso, se hace más fuerte su purificación y más ardiente el deseo de reunirse Conmigo en la gloria del Paraíso.

Es consolación y esperanza segura para toda la Iglesia, todavía peregrina en el desierto de este mundo, cargada de sufrimientos y de heridas y que hoy me contempla, me reza y ardientemente me invoca, para que mi presencia materna les ayude a caminar con confianza hacia la Patria Celeste.

Pero sobre todo os da una gran alegría a vosotros, mis amadísimos hijos, que estáis viviendo los últimos tiempos de la purificación y de la gran tribulación.

El mundo se ha convertido en un gran desierto de amor y de vida; la impureza se difunde por doquier a través de todos los medios de comunicación y, con su maléfico influjo, lleva a la corrupción y a la depravación de las costumbres; vuestro cuerpo, templo del Espíritu, es ofendido y profanado; el pecado, os reduce a una nueva y mayor esclavitud.

Vuestra Madre Celestial os toma de la mano y os lleva por sendas luminosas, bellas, puras, santas, que os conducen al Paraíso.

Hoy es la fiesta de mi Asunción al cielo en cuerpo y alma.

Hoy es la fiesta de la luz y de la gracia, de la belleza y de la pureza, del amor y de la vida.

Hoy es la fiesta de la alegría.

Gozan los Ángeles y los Santos del cielo.

Gozan todas las almas que se purifican en el Purgatorio.

Goza la Iglesia terrena, que Me contempla como signo de consolación y de segura esperanza.

Gozan mis pobres hijos pecadores, enfermos, heridos, descarriados y desesperados.

Hoy es la fiesta de vuestra alegría.

Gozad sobre todo vosotros, mis hijos, que estáis expuestos a los mayores sufrimientos de estos últimos tiempos, y abrid vuestros corazones a la esperanza.

La Mujer vestida del Sol está a punto de obtener su mayor victoria, con el triunfo de su Corazón Inmaculado en el mundo.”

 

Milán, 28 de agosto de 1994

Vigilia del viaje a Norte y Centro América

Centinelas vigilantes

“Déjate llevar en mis brazos maternos, mi pequeño niño, y verás por doquier las maravillas de gracia y de misericordia de mi Corazón Inmaculado.

No te preocupes del viaje tan largo y fatigoso, que te preparas a realizar para hacer Cenáculos con los Sacerdotes y los fieles de mi Movimiento en todo Canadá, en los Estados Unidos, en Méjico y la República Dominicana.

Confía a los Ángeles de luz de mi Corazón todo lo que se refiere a este nuevo itinerario. Ellos te llevarán sobre sus alas y velarán, para que no tropiece tu pie en ningún obstáculo.

Oh, en vuestros días, ¡qué bellos son los pies de los que anuncian la paz, de los que difunden la buena nueva de la salvación y del triunfo de la Divina Misericordia!

Sed vosotros estos anunciadores de paz.

Sed vosotros hoy centinelas vigilantes sobre los montes de la confianza y la esperanza.

–Sed centinelas vigilantes en el tiempo oscuro de la infidelidad y de la apostasía.

Así difundiréis en torno a vosotros la luz vivísima del Evangelio, daréis a todos la fuerza de la Palabra de Dios e indicaréis el camino que hay que recorrer para permanecer siempre en la Verdad.

Todo el mundo espera, con ardiente esperanza vuestro anuncio.

Vosotros sois los apóstoles de esta segunda evangelizació n.

Predicad a todas las gentes que Jesucristo es el único Señor, vuestro Salvador y Redentor y que ya está para retornar a vosotros en el esplendor de su gloria.

–Sed centinelas vigilantes en la hora del mayor triunfo de Satanás y de todos los Espíritus del mal.

La humanidad está en su poder; el mundo está puesto en las manos del Maligno. Por esto las almas se han vuelto esclavas del pecado y soportan el peso de la separación de Dios, sola fuente de vuestra felicidad.

Así la desesperación se difunde, la violencia y el odio reinan soberanos en las relaciones entre individuos y naciones y sois cada vez más aplastados bajo la prensa sangrienta de las revoluciones y de las guerras, de las divisiones y de las luchas fratricidas.

Habéis alcanzado el culmen de la tribulación y vivís los años del gran castigo, que de tantas maneras, os ha sido ya anunciado.

–Sed centinelas vigilantes que trazan el camino del retorno al Dios de la paz y de la vida, del amor y de la alegría.

Para esto es necesario que os liberéis del yugo del pecado, para vivir siempre en la Gracia y en la comunión con Dios, oponiéndoos al espíritu del mundo en que vivís. Entonces seréis siempre fieles a las promesas de vuestro Bautismo.

Por medio de vosotros podrá volver al mundo la luz de la bondad y del amor, de la fraternidad y de la paz, de la confianza y de la alegría.

–Sed centinelas vigilantes que anuncian que es ya inminente el gran día del Señor.

Dad a todos este anuncio para abrir los corazones a la esperanza, para que en vuestro tiempo se concluya el segundo Adviento y todos se preparen a recibir el celeste rocío de la divina Misericordia, que ya está para derramarse sobre el mundo entero.

Así, aún en los indecibles sufrimientos del tiempo que vivís, vuestros corazones y vuestras almas pueden abrirse al gozo de este anuncio y a la espera de aquel acontecimiento prodigioso, que vosotros invocáis con gemidos inenarrables: ¡vuelve Señor Jesús!”

 

Ottawa (Canadá), 8 de septiembre de 1994

Natividad de la Santísima Virgen María

Con los más pequeños

“Te encuentras aquí mi pequeño hijo, en esta gran Nación, para celebrar hoy el nacimiento terreno de tu Madre Celestial. Has visto la extraordinaria participación de Sacerdotes, y especialmente de fieles en los Cenáculos que estás haciendo en todas partes del Canadá. Mi hora ha llegado y el ejército de los hijos consagrados a mi Corazón Inmaculado ya está preparado.

Con los más pequeños Yo obtengo el triunfo de mi Corazón Inmaculado y Jesús establecerá su reino glorioso en el mundo.

Con los más pequeños puedo formarme la Iglesia fiel, que está a punto de nacer en el jardín de mi Corazón Inmaculado.

Con los más pequeños conduzco la batalla contra el poderoso ejército de los soberbios y de los grandes, que han lanzado su desafío al Señor.

Así una vez más, el Señor afirmará su poder y reducirá a la nada las fuerzas de todos sus adversarios, por boca de los niños y de los lactantes.

Con los más pequeños obtengo cada día mi victoria sobre Satanás y su poderoso ejército del mal, sobre las fuerzas satánicas y masónicas organizadas contra Dios, porque conduzco a mis hijos por la vía de la fe heroica, de la segura esperanza y del amor perfecto.

En ellos es glorificado el Padre Celestial; Jesús es amado y vivido por ellos; por ellos difunde el Espíritu Santo sobre el mundo la potencia de su divino Amor.

También en esta gran Nación, Yo os conduzco a la salvación y a la paz por medio de estos mis pequeños hijos.

Mira ¡cómo responden con generosidad y entusiasmo!

Mira cómo viven, con amor y reconocimiento la consagración a mi Corazón Inmaculado.

Por medio de ellos mi triunfo ya ha comenzado.

Ahora lo llevo adelante con prisa, porque ya ha llegado el tiempo de mi mayor manifestación.

Por esto, mi pequeño hijo, te llevo todavía a lugares lejanos y te exijo tan gran fatiga y un trabajo tan pesado, que es humanamente imposible. Pero Yo te llevo y te conduzco, te sostengo y te ayudo, te consuelo y te animo, porque de todas partes de la tierra, debes traer a todos mis pequeños hijos dentro del refugio de mi Corazón Inmaculado.

Solamente con ellos puede la Madre Celestial obtener su triunfo.

Solamente con ellos puede Jesús establecer su reino glorioso en el mundo.

Por esto, en el día en que me contempláis en la cuna, en la que fui depositada después de mi nacimiento terreno, os bendigo con la alegría de ser cada vez más seguida por vosotros por la vía de la pequeñez y de la humildad.”

 

Saskatoon (Canadá), 15 de septiembre de 1994

Fiesta de Nuestra Señora de los Dolores

Mi alma traspasada

“‘Una espada te atravesará el alma’. Estas palabras que dijo el anciano Simeón, en el momento en el que ofrecía al Señor a mi pequeño Niño, se han cumplido durante el transcurso de toda la vida terrena de mi hijo Jesús.

Desde la infancia insidiada a su juventud escondida; desde la vida pública que suscitó tanta oposición hasta la condena al patíbulo; desde la subida al Calvario hasta la muerte en la Cruz: toda la vida de Jesús ha sido un perenne cumplirse de esta profecía.

Así ha sido también para la Iglesia, cuerpo místico de mi hijo Jesús.

Durante su camino terreno, en el curso de su historia tejida de dolor y de sangre, ¡cuántas veces mi alma ha sido traspasada por la espada!

Pero sobre todo en estos últimos tiempos, vuestra Madre Celestial tiene el alma traspasada por inmensos dolores.

Mi alma es traspasada por el dolor de toda esta pobre humanidad, que se ha alejado de su Señor, para seguir los ídolos del placer y del bienestar, del orgullo y del dinero, del odio y de la impureza.

¡Qué grande es el peligro de que ella pueda llegar a destruirse con sus propias manos!

Ahora como Madre preocupada, Yo intervengo para conducirla por la vía de la conversión y de la penitencia, del retorno al Señor y de su salvación.

Pero mis extraordinarias intervenciones no son acogidas, al contrario son a menudo obstaculizadas y abiertamente rechazadas.

Mi alma es traspasada al ver mi Iglesia postrada bajo el peso de una dolorosísima agonía.

En ella se difunden cada vez más los errores que llevan a la pérdida de la fe; el pecado seduce las mentes y los corazones de tantos de mis hijos.

Muchos ceden a las lisonjas del placer y caen bajo la esclavitud de Satanás, que ha conseguido seducir la tierra entera.

Mi Papa se ve cada vez más aislado, escarnecido, criticado y abandonado; muchos Obispos y Sacerdotes recorren el camino de la infidelidad y languidecen como luces ya extinguidas; tantos lobos rapaces, con apariencia de corderos, entran para hacer estragos en el redil de mi Hijo Jesús.

Ahora la Iglesia está llamada a vivir las horas de su pasión y de su inmolación cruenta.

Mi alma es traspasada por tantas almas que se pierden y cada día van al infierno. Ayudadme a salvarlas. Ayudadme con la oración, con el sufrimiento, con vuestro amor, con vuestra fidelidad.

Por esto os pido que multipliquéis vuestros Cenáculos de oración en el tiempo conclusivo de la gran tribulación.

Así me ayudáis a salvar a tantos pobres hijos míos, que caminan hacia su eterna perdición.

Mi alma es traspasada al ver en qué situación ha caído esta gran Nación en que te encuentras.

Ella se ha vuelto pagana, víctima del materialismo y de la exasperada búsqueda del placer. La ley de Dios cada vez es más violada y se atenta cada día contra el don de la vida con los innumerables abortos que se cometen.

Grita a todos, con voz fuerte, mi inmenso dolor.

Anuncia, sin temor, que el gran castigo ya ha comenzado y que para ser salvados, debéis entrar lo más pronto posible en el seguro refugio de mi Corazón Inmaculado.

Aquí seréis consolados por Mí y vosotros mismos daréis consuelo a mi alma, que sobre todo en estos tiempos, es aún traspasada por inmensos dolores.”

 

Omaha-Nebraska (U.S.A.), 29 de septiembre de 1994

Fiesta de los Santos Arcángeles Gabriel, Rafael y Miguel

Los Ángeles de vuestro tiempo

“Hoy celebráis la fiesta de los Santos Arcángeles Gabriel, Rafael y Miguel.

Son los Ángeles de vuestro tiempo.

Son los Ángeles del tiempo conclusivo de la purificación y de la gran tribulación.

Son los Ángeles de vuestro tiempo.

A ellos les está confiada una misión especial durante el período de la prueba y del gran castigo.

A ellos toca salvar al pueblo de Dios, recoger de todas partes de la tierra a quien es llamado a formar parte del pequeño resto, que permanecerá fiel, en el seguro refugio de mi Corazón Inmaculado.

Son los Ángeles de vuestro tiempo.

Sobre todo son los Ángeles que os revelan las últimas vicisitudes descritas en el Libro sellado.

Al Arcángel San Miguel se le ha confiado la misión de conducir a la batalla los ejércitos de los Ángeles y de mis hijos fieles contra las aguerridas huestes de Satanás, del mal, de las fuerzas satánicas y masónicas, ya organizadas a nivel mundial en una sola gran potencia, para ponerse contra Dios y contra su Cristo.

San Miguel intervendrá sobre todo para combatir al antiguo enemigo Lucifer que, en la última hora, aparecerá con toda la tenebrosa potencia del Anticristo.

Suya es la misión de combatirlo y de vencerlo, de arrojarlo dentro de su reino de tiniebla y de fuego, ofreciendo a vuestra Madre Celestial la cadena con la que lo sujetará y la llave para sellar la puerta del abismo, del cual no podrá salir ya más para perjudicar en el mundo.

Al Arcángel San Rafael se le ha confiado la misión de participar, como médico celestial, en la gran batalla, para socorrer y curar a cuantos son golpeados y heridos.

Como restituyó a Tobías la vista, así a millones de mis pobres hijos, que se han vuelto ciegos por el pecado, por los errores y por la gran tiniebla de vuestros días, dará la vista, para que puedan volver a creer y a contemplar el divino esplendor de la Verdad.

Al Arcángel San Gabriel se le ha confiado la gran misión de anunciar el retorno de Jesús en gloria, para instaurar su reino en el mundo.

Como ha venido por Él el anuncio de la primera venida de mi Hijo al mundo, así ahora será Él, el mensajero luminoso de la segunda venida de Jesús en gloria.”

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