MENSAJES AL PADRE GOBBI, AÑO 1993

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  • Diciembre 10, 2009

RUBBIO (VICENZA), 1 DE ENERO DE 1993

Fiesta de María Santísima Madre de Dios

El tiempo de la gran prueba

“Mis predilectos e hijos consagrados a mi Corazón Inmaculado, hoy vivís unidos espiritualmente al celebrar la solemnidad litúrgica de mi divina Maternidad.

Soy verdadera Madre de Dios.

El Verbo del Padre ha asumido la naturaleza humana en mi seno virginal y se ha hecho vuestro hermano.

  En la Cruz, pocos instantes antes de morir, Jesús me confió la humanidad redimida y salvada por Él…..

Así me convertí en Madre de toda la humanidad.

Por mi función de Madre de Dios y de la humanidad, es por lo que intervengo en vuestra vida, en la vida de la Iglesia y de la humanidad, para ayudaros a realizar el designio del Padre Celestial, respondiendo al don que mi Hijo Jesús os ha hecho y secundando con docilidad la acción del Espíritu Santo.

Como Madre estoy siempre junto a vosotros, junto a la Iglesia y a la humanidad, para conduciros por la senda de la observancia de la Voluntad del Padre, de la imitación del Hijo y de la comunión con el Espíritu Santo de Amor, de modo que la santísima y divina Trinidad sea cada vez más glorificada.

En la perfecta glorificación de la Santísima Trinidad se encuentra la fuente de vuestra alegría y de vuestra paz.

La paz se os da por el Padre, se os participa por el Hijo y se os comunica por el Espíritu Santo.

El Padre en efecto ha amado tanto al mundo que ha entregado a su Hijo Unigénito; el Hijo es Él mismo, la paz que se comunica al mundo.

El Espíritu Santo os conduce al amor, del cual solamente puede surgir la paz.

El maligno, Satanás, la serpiente antigua, el gran dragón siempre ha obrado y obra por todos los medios para apartar de vosotros, de la Iglesia y de la humanidad el bien precioso de la paz.

Entra por tanto en mi función de Madre, llevaros a todos a una gran comunión de vida con Dios, para que podáis alcanzar la dulce experiencia del amor y de la paz.

Nunca como en vuestros días, la paz es tan amenazada, porque la lucha de mi Adversario contra Dios se hace cada vez más fuerte, insidiosa, continua y universal.

Habéis entrado así en el tiempo de la gran prueba.

–La gran prueba ha llegado para todos vosotros, mis pobres hijos, tan amenazados por Satanás y maltratados por los Espíritus del mal.

El peligro que corréis es el de perder la Gracia y la comunión de vida con Dios, que mi Hijo Jesús os ha obtenido en el momento de la Redención, cuando os ha sustraído a la esclavitud del Maligno y os ha liberado del pecado.

Ahora el pecado ya no se considera un mal; antes bien, a menudo se exalta como un valor y un bien. Bajo el pérfido influjo de los medios de comunicación, se llega gradualmente a perder la conciencia del pecado como un mal. Así cada vez se comete más, se justifica y no se confiesa ya.

Si vosotros vivís en pecado, habéis retornado a la esclavitud de Satanás, sometidos a su poder maléfico y así se vuelve vano el don de la Redención que Jesús ha llevado a cabo por vosotros. Así la paz desaparece de vuestros corazones, de vuestras almas y de vuestra vida.

Hijos míos tan amenazados y tan enfermos, acoged mi invitación materna a retornar al Señor por la senda de la conversión y de la penitencia.

Reconoced el pecado como el mal más grande, como la fuente de todos los males individuales y sociales. No viváis jamás en pecado. Si os sucediese cometerlo por vuestra humana fragilidad o por las solapadas tentaciones del Maligno, recurrid al punto a la confesión.

Sea la confesión frecuente el remedio que uséis contra la difusión del pecado y del mal.

Entonces vivid en gran comunión de amor y de vida con la Santísima Trinidad, que pone en vosotros su morada y que cada vez es más glorificada por vosotros.

–La gran prueba ha llegado para la Iglesia, tan violada por los Espíritus del mal, tan dividida en su unidad y oscurecida en su santidad.

Ved cómo en ella se propaga el error que la conduce a la pérdida de la verdadera fe. La apostasía se difunde por todas partes.

Un don especial de mi Corazón Inmaculado para estos vuestros tiempos es el Catecismo de la Iglesia Católica, que mi Papa ha querido promulgar, como su luminoso y supremo testamento.

Pero ¡Cuán numerosos son los Pastores que andan a tientas en la oscuridad, vueltos mudos por el miedo o el compromiso y que no defienden ya su grey de los lobos rapaces!

Muchas vidas sacerdotales y consagradas se han marchitado por la impureza, seducidas por el placer y la búsqueda de la comodidad y del bienestar.

Los fieles son atraídos por las insidias del mundo vuelto pagano, o por las innumerables sectas que cada vez se difunden más.

Sobre todo para la Iglesia ha llegado la hora de su gran prueba, porque será sacudida por la falta de fe, oscurecida por la apostasía, herida por las traiciones, abandonada de sus hijos, dividida por los cismas, poseída y dominada por la masonería, convertida en tierra fértil de la que brotará el mal árbol del hombre malvado, del anticristo, que llevará hasta su interior el reino suyo.

–La gran prueba ha llegado para toda la humanidad, ya desgarrada por la violencia que se propaga, por el odio que destruye, por las guerras que se extienden amenazadoras, de los grandes males que no se consiguen remediar.

A la aurora de este nuevo año se hace más fuerte y preocupante la amenaza de una terrible tercera guerra mundial.

Cuántos deberán sufrir el flagelo del hambre, de la carestía, de la discordia, de las luchas fratricidas que derramarán tanta sangre en vuestras calles.

–Si el tiempo de la gran prueba ha llegado, también ha llegado el momento de acudir todos al seguro refugio de mi Corazón Inmaculado.

No perdáis el valor.

Sed fuertes en la esperanza y la confianza.

Yo os he predicho los tiempos que os esperan, tiempos dolorosos y difíciles, precisamente para ayudaros a vivir en la esperanza y en una gran confianza en vuestra Madre Celestial.

Cuanto más entréis en el tiempo de la gran prueba, tanto más experimentaré es, de manera extraordinaria, mi presencia de Madre junto a vosotros para ayudaros, para defenderos, para protegeros, para consolaros, para prepararos nuevos días de serenidad y de paz.

Al final, después del tiempo de la gran prueba, os espera el tiempo de la gran paz, de la gran alegría, de la gran santidad, del más grande triunfo de Dios en medio de vosotros.

Orad Conmigo en este mi día y vivid en esta espera, que endulza la amargura de vuestro diario sufrir.

Hoy extiendo sobre vosotros mi manto para ampararos como hace la gallina con sus polluelos, y a todos os bendigo en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.”

JAURU (MATO GROSSO), 2 DE FEBRERO DE 1993

Presentación del Niño Jesús en el Templo

En el Templo de Mi Corazón Inmaculado

“Dejaos llevar entre mis brazos maternos, hijos predilectos, como niños apenas nacidos, en el Templo espiritual de mi Corazón Inmaculado.

–En el Templo de Mi Corazón Inmaculado, os ofrezco a la gloria perfecta de la santísima y divi
na Trinidad.

Os ofrezco a la gloria del Padre, que pone en vosotros su complacencia, y os conduzco, en todo momento de vuestra existencia, a hacer con amor, con docilidad, con filial abandono, su divina Voluntad.

Así, como en el cielo, también sobre esta tierra es glorificado el Padre Celestial y su Nombre es adorado y santificado.

Os ofrezco a la gloria del Hijo, que vierte sobre vosotros el río de su divina Misericordia, para borrar de vuestras almas toda sombra de mal y de pecado, imprime en vosotros su imagen de Hijo Unigénito del Padre, y os asocia a su divino esplendor, para volveros a vosotros mismos Luz, para revelación de todas las gentes.

Por esto os conduzco, con dulce firmeza, por la senda de la fe y de la pureza, de la esperanza y de la mortificación, del amor y de una santidad cada vez mayor.

Os ofrezco a la gloria del Espíritu Santo que se entrega a vosotros con una inagotable abundancia, para introduciros al corazón de su mismo designio de amor al Padre y al Hijo, para volveros testigos ardientes de la divina caridad.

Para esto os obtengo sus siete santos dones, que os dan vigor y constancia, valor y fuerza, celo y perseverancia en el cumplimiento de la misión que os está confiada.

Así, mientras en el templo del universo creado se niega a Dios, se le desprecia y blasfema, en el Templo de mi Corazón Inmaculado, la santísima y divina Trinidad recibe todavía hoy, de la boca de mis niñitos, la alabanza y su perfecta gloria.

–En el Templo de Mi Corazón Inmaculado, os formo para el mayor esplendor de la Iglesia, nuevo Israel de Dios.

En el tiempo de la gran prueba para la Iglesia, vosotros llegáis a ser la ayuda, ardientemente esperada por ella que mi Corazón Inmaculado le regala, para estos momentos sangrientos de la gran tribulación.

Así os conduzco al testimonio heroico de Cristo y su Evangelio, haciéndoos anunciadores valerosos de toda la verdad de la fe católica, de modo que iluminéis con vuestra luz la profunda tiniebla de estos tiempos de gran apostasía.

Por medio de vosotros la Iglesia será cada vez más iluminada y volverá a encontrar confianza y fuerza para que pueda cumplir el encargo de la segunda evangelización, a la que es impulsada fuertemente por el Espíritu Santo.

–En el Templo de Mi Corazón Inmaculado, doy a toda la humanidad el refugio invocado y esperado para estos tiempos de la gran prueba que ya ha llegado.

En estos años, cuántos de mis hijos veréis acudir hambrientos y desesperados, pisoteados y heridos, a buscar protección y salvación en el Templo de mi Corazón Inmaculado.

Deseo que el encargo confiado a mi Movimiento Sacerdotal Mariano, se lleve a término y que todos hagan cuanto antes la Consagración a Mi Corazón Inmaculado, que Yo os solicito para estos días de la gran prueba.

Por esto es por lo que hoy, mi pequeño niño, te encuentras todavía en un lugar tan alejado, donde Yo soy glorificada y Jesús es adorado por un gran número de mis hijitos, pobres, humildes, sencillos, pero fieles y dóciles a las peticiones de vuestra Madre Celestial.

En el corazón de todos mis niñitos Yo pongo mi morada donde Yo misma me refugio para ser consolada por vuestro tierno y filial amor y obtener aquella gran reparación, que Yo os he solicitado y de la que tengo necesidad para abreviar los grandes sufrimientos de estos vuestros días.”

SÂO PAULO (BRASIL), 11 DE FEBRERO DE 1993

Aniversario de la Aparición de Lourdes

Los peligros que os amenazan

“Mirad hoy al esplendor de vuestra Madre Celestial, que ha aparecido en Lourdes como la Inmaculada Concepción.

He aparecido para anunciaros que habéis entrado en el tiempo de mi plena manifestación.

He aparecido para indicaros el camino que debéis recorrer en estos vuestros últimos tiempos.

He aparecido para llevar a cabo mi misión de Madre hacia vosotros mis hijos, tan insidiados por mi Adversario y vuestro.

En el tiempo de la gran prueba, Yo os indico los peligros que os amenazan.

–El peligro más grave es el de sucumbir a la seducción del mundo en que vivís, de volveros víctimas del pecado y del mal, de retornar a la esclavitud de Satanás y de su diabólico poder.

Entonces me he manifestado a vosotros como la Inmaculada Concepción, esto es, como la única criatura que jamás ha conocido la sombra del pecado, ni siquiera del pecado original que toda persona contrae en el momento de su humana concepción.

Y os he dirigido mi invitación materna a caminar por la senda del bien y de la gracia, de la pureza y de la humildad, del amor y de una cada vez mayor santidad.

Os he pedido también usar los medios que son indispensables para recorrer este difícil camino: la penitencia y el sacramento de la reconciliación.

–Otro peligro que os amenaza es el de dejaros absorber por una acción desordenada, olvidando así la fuerza poderosa que tiene la oración, para obtener la gracia de la conversión para tantos de mis pobres hijos pecadores.

Entonces Yo os he invitado a orar mucho por la conversión de los pecadores, mostrándoos, a través de mi hijita Bernardette, cómo la oración más eficaz y preferida por Mí, es la del Santo Rosario.

–Por fin está el continuo peligro de enfermaros y dejaros atrapar por el desánimo y la desconfianza, de forma que os reduzca a una verdadera impotencia espiritual.

Entonces he querido manifestarme también como medicina de vuestros males, ayuda en vuestras necesidades, sostén para vuestra debilidad humana.

Os he invitado a ir a lavaros en la fuente, con aquella agua que Yo he hecho brotar milagrosamente de la roca sobre la que he aparecido.

Hoy, cuando el tiempo de la gran prueba ha llegado, Yo os repito mi invitación materna a seguirme por la senda de la gracia y de la pureza, de la penitencia y de la oración, para obtener el don de la curación y de la salvación.”

FÁTIMA (PORTUGAL), 15 DE MARZO DE 1993

Te he querido aquí

“Hoy os invito a venir espiritualmente aquí, mis hijitos predilectos, a la pobre Cova de Iria en Fátima, donde Yo he aparecido para ser Luz en vuestro camino, en este período de tiempo que estáis viviendo.

Por esto todavía te he querido aquí, mi pequeño niño, a mis pies, en el mismo lugar donde Yo he hecho surgir esta gran obra de mi Movimiento Sacerdotal Mariano.

Te he querido aquí, para acoger en tus manos, esta mi Obra, que ya se ha difundido en todo el mundo, y por medio de la que me llega de todas partes el homenaje de Sacerdotes predilectos y de mis hijos que se consagran a mi Corazón Inmaculado.

Esta respuesta generosa, que Yo recibo, especialmente de los pequeños, de los pobres, de los sencillos, de los humildes, da mucha alegría a mi Corazón Materno y consuela mi gran dolor.

Te he querido aquí, para decirte que ahora debéis entrar todos lo más pronto en el seguro refugio de mi Corazón Inmaculado.

Como Noé, en nombre del Señor, invitaba a subir en el arca a los que debían salvarse del diluvio, así ahora tú, mi pequeño, en nombre de tu Madre Celestial debes invitar a entrar en el refugio de mi Corazón Inmaculado a aquellos que deben ser protegidos, defendidos y salvados de la gran prueba que ya ha llegado para la Iglesia y para toda la humanidad.

Te he querido aquí, porque debes comunicar a todos, que ya, desde este año, habéis entrado en los acontecimientos que os han sido predichos por Mí y que están contenidos en la tercera parte del secreto, que todavía no os ha sido revelado.

Ahora será hecho patente por los mismos ac
ontecimientos que están para suceder en la Iglesia y en el mundo.

Mi Iglesia será sacudida por el viento impetuoso de la apostasía y de la incredulidad, mientras aquel que se opone a Cristo entrará en su interior, llevando así a cumplimiento la abominación de la desolación que os ha sido predicha por la Divina escritura.

La humanidad conocerá la hora sangrienta de su castigo: será herida por el flagelo de las epidemias, del hambre y del fuego; mucha sangre será esparcida en vuestras calles; la guerra se extenderá por doquier, llevando al mundo una devastación inconmensurable.

Todos vosotros mis pobres hijos, deberéis llevar el peso de grandes sufrimientos y de indecibles dolores, porque se hará manifiesto a todos el gran milagro de la Divina Justicia y de la Misericordia.

Por esto hoy, desde mi Santuario de Fátima, renuevo la urgente invitación a refugiaros en Mí, con vuestra consagración a mi Corazón Inmaculado, y a multiplicar por doquier los Cenáculos de oración que Yo os he solicitado, entre los sacerdotes, los pequeños, los jóvenes y en las familias.

No tengáis miedo.

No os dejéis atrapar del desánimo.

Yo estoy siempre con vosotros.

Te he querido aquí, porque debes anunciar a todos que ha llegado el tiempo en que me haré manifiesta, de manera extraordinaria, a todos aquellos que se han consagrado a Mí y que forman parte de mi ejército victorioso.

Desde este lugar, donde Yo he aparecido como la Mujer vestida del Sol, para ser vuestra Luz en estos años tenebrosos de la gran tribulación, os bendigo a todos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.”

RUBBIO (VICENZA), 8 DE ABRIL DE 1993

Jueves Santo

Un servicio de amor

“Hijos predilectos, es vuestra fiesta; es vuestra Pascua.

Hoy recordáis la institución del nuevo Sacrificio y del nuevo Sacerdocio, sucedida en la última Cena.

Reunidos en torno a los Obispos en la concelebración, renováis vuestras promesas de fidelidad a Jesús y a la Iglesia.

Vosotros sois sus ministros; vosotros sois sus servidores.

Sea vuestro ministerio sacerdotal un servicio de amor.

–Amada a Jesús que os ha elegido, llamado y consagrado para perpetuar en el tiempo su sacrificio, cumplido sobre la Cruz para la salvación del mundo.

Jesús pide a sus Sacerdotes, sólo el ser amado.

Os lo pide con el ansia de un sediento, que espera gimiendo una gota de agua, con el deseo de un hambriento, que extiende la mano para recibir un trozo de pan; con el ardor de un enamorado que ansía recibir amor de la persona que ama.

Mis hijos predilectos, abrid vuestro corazón sacerdotal al perfecto amor hacia mi Hijo Jesús.

Vuestro amor sobre su Corazón, es un bálsamo que endulza la amargura de sentirse tan poco amado, en estos tiempos en que el corazón de los hombres se ha vuelto gélido, frío, cerrado por el egoísmo y por una gran aridez.

Nunca como hoy, el Amor no es amado.

Vosotros sus Sacerdotes, amad a Jesús que está rodeado de gran frialdad y de una general indiferencia.

Sea vuestro ministerio sacerdotal, un servicio de amor para Él.

Dejad una caricia sobre su rostro tantas veces desfigurado; vendad su cabeza traspasada por espinas profundas, besad sus labios para sentir la amargura de su cáliz; derramad bálsamo sobre su cuerpo cubierto de sudor y de sangre; reparad con vuestra presencia el repetirse de innumerables abandonos; dadle a Él la vida como amorosa compensación por las traiciones que continúan.

Entrad con Jesús en Getsemaní y vivid con Él las horas dolorosas de su interior agonía.

–Amad a los suyos y vuestros hermanos, con la delicadeza infinita de su amor divino.

Aprended de Jesús que es manso y humilde de Corazón.

Aprended de Jesús a amar.

Ceñíos también vosotros el delantal para poneros al servicio del prójimo.

Sea vuestro ministerio sacerdotal un servicio de amor para todos.

Dejad que en vosotros sea Jesús mismo el que ama.

A los pobres dad su riqueza; a los ricos su pobreza; a los sanos su debilidad; a los enfermos su vigor; a los pecadores su salvación; a los moribundos su Paraíso; a los hambrientos su Cuerpo; a los sedientos su Sangre; a los débiles su sostén; a los pequeños su defensa; a todos su divina caricia.

En este día del jueves santo, hijos predilectos, aprended de Jesús a amar.

Por esto hoy os invito a entrar a todos en el Getsemaní de su divino amor para no salir de allí ya más.”

RUBBIO (VICENZA), 9 DE ABRIL DE 1993

Viernes Santo

Se renueva su dolorosa pasión

“Hijos predilectos, venid Conmigo al Calvario, para vivir la hora dolorosa de la pasión y de la muerte de mi Hijo Jesús.

Con cuánta fatiga recorre el camino hacia el Gólgota, llevando sobre sus espaldas llagadas el peso de su patíbulo.

Qué lejanas están las voces de su triunfo: “Hosanna al Hijo de David, Bendito Aquel que viene en el nombre del Señor”.

En lugar de los ramos de palma y de olivo, están las lanzas de los soldados de Roma; al clamor del Hosanna de la multitud, los gritos y ultrajes de los verdugos; al canto alegre de los niños, el llanto de las mujeres fieles; al solemne caminar majestuoso y real, el lento avanzar llevando a espaldas la Cruz.

No están las multitudes alimentadas por Jesús con su pan; los enfermos curados; los pecadores conducidos a la senda del bien; los Apóstoles elegidos para ser sus testigos.

Pero está su Madre, con el amado Juan a su lado que os representa a todos, mis hijos predilectos.

Besemos juntos sus llagas; recojamos su sangre; cerremos sus heridas profundas; arreglemos sus cabellos embebidos de sangre; enjuguemos su rostro de los salivazos y golpes; limpiemos su cuerpo martirizado, recubierto de injurias; bebamos la sangre y el agua que salen de su Corazón traspasado.

Y vivamos por siempre en el alma de su pasión dolorosa.

Esta su dolorosa pasión se renueva en estos últimos tiempos en los que la gran prueba ha llegado para todos.

Se renueva su dolorosa pasión para la Iglesia su Cuerpo Místico. También ella es llamada a entrar en el Getsemaní de su agonía; también ella conoce el beso de la traición, la negación y el abandono por parte de los suyos; también ella debe saborear toda la amargura de su cáliz; ella misma es despreciada, azotada y coronada de espinas; también ella conoce la condena y el vituperio de muchos; ella también es crucificada e inmolada, para que el designio del Padre se cumpla.

Se renueva su dolorosa pasión para vosotros, mis hijos predilectos.

Por esto hace tanto que os he llamado a entrar, con vuestra consagración, en el Getsemaní de mi Corazón Inmaculado.

Para formaros en vuestra inmolación sacerdotal y daros la fuerza de avanzar sin temor hacia el Calvario de vuestro martirio, junto a Mí, Madre dolorosa, que os he engendrado bajo la Cruz sobre la que ha sido muerto mi Hijo Jesús.

El tiempo de vuestra dolorosa pasión ha llegado ya.

También vosotros seréis perseguidos y golpeados, rechazados y condenados, apresados y muertos.

Pero no os dejéis atrapar del temor ni del miedo.

Yo estoy cerca de vosotros como he estado bajo la Cruz.

Yo estoy al lado en la hora de la dolorosa pasión que se renueva para vosotros, mis predilectos, porque también hoy bajo vuestra Cruz, cumplo Yo mi función de Madre de los tiempos nuevos, que nacen de vuestro doloroso padecer.”

RUBBIO (VICENZA), 10 DE ABRIL 1993

Sábado Santo

Junto a cada sepulcro

“Vivid Conmigo en oración, en el silencio y en la espera, junto al sepulcro, donde reposa el Cuerpo exánime de mi Hijo Jesús.

Hijos predilectos, vivid junto a Mí en este día de mi dolor inmaculado.

Es el día de mi nueva y espiritual maternidad.

Es el único día que he permanecido sin mi Hijo.

Es el primer día en que me siento llamada a hacer de Madre para vosotros, para la Iglesia y para toda la humanidad.

Desde hoy, como Madre, estoy junto a cada sepulcro, en el que se deposita cada nuevo hijo mío.

Estoy junto al sepulcro, donde reposan millones de niños inocentes, que jamás han nacido a la vida, porque fueron muertos en el seno de sus madres.

Dentro del nuevo sepulcro, donde se ha sepultado el Cuerpo de mi Hijo, Yo veo reunidos a todos estos innumerables sepulcros, y copiosas lágrimas descienden del rostro de una Madre que llora a todos sus niños, muertos de manera tan inhumana y cruel.

Estoy junto al sepulcro, donde yacen todas las víctimas del odio, de la violencia, de las guerras y que son sepultados en fosas comunes, sin siquiera un gesto de humana piedad.

Estoy junto al sepulcro, donde reposan en el sueño de la muerte todos mis hijos pecadores, pobres, enfermos, marginados, perseguidos, oprimidos y pisoteados.

Estoy junto al sepulcro, que recoge los despojos mortales de mis hijos sacerdotes, de los religiosos, de aquellos que han consagrado la vida al servicio de mi Hijo Jesús.

Junto a todo sepulcro hoy quiero velar junto a vosotros, mis predilectos, en el dolor y en la oración.

Desde este sábado santo, todos los días descienden lágrimas copiosas de mis ojos maternos y misericordiosos, para llorar sobre cada nuevo hijo mío que es conducido al sepulcro.

Pero junto a todo sepulcro, velo sobre todo en la esperanza y en la espera.

Desde cuando mi Hijo Jesús salió vivo y victorioso de la muerte y del infierno, Yo espero con confianza el momento en que también todos mis hijos saldrán de sus sepulcros para participar para siempre en la vida inmortal, que Jesús ha obtenido con su muerte y su resurrección.”

RUBBIO (VICENZA), 11 DE ABRIL DE 1993

Pascua de Resurrección

La Pascua de los tiempos nuevos

“Hijos predilectos, alegraos Conmigo, Madre gozosa de la Resurrección.

Vuestros corazones de niños, apenas recién nacidos, como pequeñas flores blancas abiertas en la tormenta sangrienta del Calvario, se alegran de purísima gloria pascual.

Jesús despreciado, azotado, coronado de espinas, condenado al patíbulo, crucificado, muerto y sepultado, hoy sale victorioso del sepulcro en el esplendor de su gloria divina.

Jesús está vivo; Jesús es santo; Jesús es inmortal; ¡Jesús es Dios!

En la luz de su cuerpo resucitado Jesucristo difunde sobre el mundo y sobre todo el universo el esplendor del Padre, el reflejo de su gloria, la impronta de su divina sustancia.

Y la paz desciende sobre vuestras almas liberadas de la esclavitud de Satanás y del pecado; en vuestros corazones, purificados por la fuerza de su amor; en vuestras mentes abiertas al don de su Palabra de vida; en vuestros espíritus, sobre los que se posa suavemente su mismo Espíritu; en vuestros ojos, solicitados a reflejar su vivísima luz; sobre vuestros cuerpos, llamados a conocer la experiencia nueva de la divina inmortalidad.

Sí, Jesucristo ha vencido a la muerte, ha hecho esclavo a Satanás, al antiguo adversario; os toma de la mano y os conduce al reino estupendo de su libertad.

No os contriste la hora que la humanidad está viviendo, de un nuevo Getsemaní, no os descorazone la ventaja que el mal tiene hoy en el mundo; no os asuste Satanás que ha llegado a la cumbre de su dominio diabólico.

Ahora la humanidad yace en su sepulcro de la muerte, del pecado, de la impureza, desgarrada por el viento impetuoso de la violencia y del odio.

Pronto también saldrá de su inmenso sepulcro esta humanidad para vivir la Pascua de los tiempos nuevos, cuando Jesucristo volverá en gloria a instaurar su reino de amor y de vida.

Disponeos a vivir la Pascua de los tiempos nuevos.

Es la Pascua preparada para vosotros.

Es la Pascua que os espera al fin del tenebroso período de la purificación y de la gran tribulación que ahora estáis viviendo.

Es en una gran esperanza y en esta espera segura, como debéis vivir el tiempo de la gran prueba que ahora ha llegado para vosotros todos.

En esta Pascua de 1993, yo os invito a mirar todos a “Jesucristo, el testigo fiel, el primer resucitado de entre los muertos, el jefe de todos los reyes de la tierra.

Jesucristo nos ama, nos ha liberado con el sacrificio de su vida, para hacernos reinar con Él como sacerdotes al servicio de Dios su Padre. A Él sea la gloria y el poder para siempre.

¡Atención! Jesucristo viene sobre las nubes y todos lo verán, también aquellos que lo mataron. Los pueblos de la tierra estarán desconcertados. Sí, Amén.” (Ap 1, 5-6)

Hijos predilectos en la gloria Pascual de este anuncio que os lleva a la paz, con mi Hijo resucitado, hoy os bendigo a todos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.”

SANT’T OMERO (TERAMO), 1 DE MAYO DE 1993

Primer Sábado

Mi presencia materna

“Hijos predilectos, hoy os invito a vivir con particular empeño, vuestra consagración a mi Corazón Inmaculado.

Es el modo mejor de ofrecerme este mes de mayo que ha estado dedicado por la Iglesia a una particular veneración Mía.

En este mes estoy especialmente cercana a vosotros y deseo haceros sentir a cada uno de vosotros mi presencia materna.

Conseguís sentir mi presencia de Madre junto a vosotros y, como pequeños niños, os habituáis a hacer todas las cosas junto Conmigo.

Orad Conmigo, trabajad Conmigo, amad Conmigo, sufrid Conmigo, guardad silencio Conmigo.

El silencio debe llegar a ser para vosotros el signo de mi presencia materna.

Sea el vuestro un silencio exterior, que os protege del ruido ensordecedor de voces y de imágenes, que llenan continuamente el transcurrir de vuestra jornada.

Sustraeros a las fáciles seducciones de la prensa y de la televisión, este medio terrible usado por mi adversario, para alejaros de Mí y de mi Hijo Jesús.

Sea el vuestro un silencio interior, que os conduzca a escuchar con amor y con fe, la sola Palabra de Dios.

Penetrad en el misterio profundo de verdad y de belleza que os he revelado en el Evangelio.

El Evangelio de Jesús es la única palabra de vida que busquéis, que recibáis, que améis y viváis.

Sea el vuestro, aquel silencio interior que os conduzca a la contemplación y a la oración.

Que sea más intensa vuestra oración, sea una verdadera plegaria del corazón, que vosotros hacéis Conmigo y por medio de Mí.

Por esto que florezcan por doquier los Cenáculos de oración, que Yo os he pedido, como flores perfumadas que se abren en el desierto de una gran sequedad y de una general disipación.

Mortificad los sentidos.

La lengua se suelte solo para decir palabras de sabiduría y de bondad. Esté siempre cerrada vuestra boca a los juicios, a las críticas, a las ofensas, a las murmuraciones, a las calumnias, a la doblez y a la insinceridad.

Los ojos se abran para ver las llagas profundas de los enfermos, de los pobres, de los pequeños, de los abandonados, de los
golpeados, de los perseguidos, de los oprimidos, de los moribundos.

Cerrad vuestra mirada a la impureza y a la malicia, al mal y a la maldad, a la seducción y a la impiedad.

Abrid vuestras manos para ayudar a todos, caminad por las sendas ásperas y sangrantes en busca de mis pobres hijos descarriados; ofrecedme vuestro corazón para que Yo pueda amar en vosotros y a través de vosotros, de modo que todos puedan recibir el consuelo de mi presencia materna.

Hijos predilectos estas son las flores que Yo os pido que me entreguéis, para hacerme más agradable este mes de Mayo que todos hoy comenzáis.

Sólo así me sentís siempre cercana a vosotros.

Sólo así difundís en torno a vosotros el carisma de mi presencia materna.

Sólo así reflejáis mi luz de amor y de esperanza.

Sólo así vivís la consagración que me habéis hecho.

Entonces, por medio de vosotros, la Madre Celestial es cada vez más invocada, acogida, seguida y vivida y mi Corazón Inmaculado obtiene su mayor triunfo.”

SANTUARIO DE CARAVAGGIO, 13 DE MAYO DE 1993

Aniversario de la primera aparición en Fátima

Los años sangrientos de la batalla

“En este venerado Santuario, con una jornada completa de Cenáculos, vosotros Sacerdotes y fieles de mi movimiento de la región de Lombardía, hoy recordáis el aniversario de mi primera aparición, sucedida en Fátima, en la pobre Cova de Iria.

Estáis todavía en el tiempo de esta mi última aparición.

Estáis sobre todo en el corazón de este mi mensaje.

La lucha entre la Mujer vestida del Sol y el Dragón rojo, en estos años, ha alcanzado su vértice más alto.

Satanás ha instaurado su reino en el mundo. Ahora os domina como vencedor seguro.

Las potencias que ordenan y disponen los sucesos humanos según sus perversos designios, son aquellas tenebrosas y diabólicas del mal.

Han conseguido llevar a la humanidad entera a vivir sin dios; por todas partes han difundido el error del ateísmo teórico y práctico, han construido nuevos ídolos, frente a los cuales la humanidad se postra en adoración: el placer, el dinero, el orgullo, la impureza, la prepotencia y la impiedad.

Así, en estos vuestros años, la violencia se ha difundido cada vez más; el egoísmo ha vuelto duros e insensibles los corazones de los hombres; el odio se ha propagado como un fuego abrasador; las guerras se han multiplicado en todas partes del mundo y vivís ya, dentro del peligro de una nueva, terrible guerra mundial que llevará a la destrucción de pueblos y naciones y de la cual nadie saldrá vencedor.

Satanás ha conseguido entrar en la Iglesia, nuevo Israel de Dios.

Ha penetrado en ella con el humo del error y del pecado, de la pérdida de la fe y de la apostasía, del compromiso con el mundo y de la búsqueda de los placeres.

En estos años ha conseguido seducir a Obispos y Sacerdotes, Religiosos y fieles.

Las fuerzas masónicas han entrado en la Iglesia de manera disimulada y oculta, y han establecido su cuartel general en el mismo lugar donde vive y trabaja el Vicario de mi Hijo Jesús.

Vivís los años sangrientos de la batalla porque la gran prueba ya ha llegado para todos.

Se está realizando cuanto está contenido en la tercera parte de mi mensaje, que aún no os ha sido revelado, pero que ya se ha vuelto patente por los mismos sucesos que estáis viviendo.

Para prepararos a ellos, Yo he hecho surgir, en todas partes del mundo, mi obra del Movimiento Sacerdotal Mariano.

Y así he elegido a este mi más pequeño y pobre niño y lo he llevado por doquier, como instrumento de mi materno designio de salvación y de misericordia.

Por medio de él Yo os he llamado de todas partes del mundo a consagraros a mi Corazón Inmaculado; y a entrar todos en el seguro refugio que la Madre Celestial ha preparado para vosotros; para multiplicar los Cenáculos de oración como pararrayos que os protejan del fuego del castigo.

Cuántos de vosotros me han respondido con amor filial y gran generosidad.

Mi designio ya está para realizarse y el encargo que Yo he confiado a este mi pequeño hijo, está para cumplirse.

Por esto hoy, os contemplo con la particular complacencia de una Madre que es consolada por vosotros y glorificada.

Os invito a vivir sin temor, sino con una gran confianza y esperanza estos años sangrientos de la batalla.

Del cáliz de sufrimientos, jamás experimentados hasta ahora, saldrá el sol divino de una nueva era, jamás conocida por la humanidad, de gracia y de santidad, de amor y de justicia, de alegría y de paz.”

Nª SEÑORA DE LAUS (GAP-FRANCIA), 30 DE MAYO DE 1993

Solemnidad de Pentecostés

En el llanto el consuelo

“Es este venerable Santuario terminas hoy el viaje que has realizado por toda Francia. En quince días has hecho más de veinte Cenáculos en los que han participado Obispos, Sacerdotes y un número tan grande de fieles de mi movimiento.

Por doquier os habéis reunido en oración Conmigo, ante Jesús Eucarístico solemnemente expuesto sobre el altar, y habéis renovado vuestra consagración a mi Corazón Inmaculado.

Por todas partes has contemplado las maravillas de amor, de gracia y de misericordia de tu Madre Celestial.

Terminas este tu extraordinario viaje hoy, en la solemnidad de Pentecostés.

Es este un signo que te doy, para hacerte comprender que, en el jardín de mi Corazón Inmaculado, está ya pronta a su nacimiento la nueva Iglesia y la nueva Humanidad, purificada, santificada y completamente renovada por el Espíritu Santo.

Este tiempo final de la purificación y de la gran tribulación es el tiempo del Espíritu Santo.

Por esto hoy renuevo mi invitación a multiplicar los Cenáculos de oración, pedidos por Mí con tan materna insistencia.

Que se difundan estos Cenáculos entre los Sacerdotes, mis hijos predilectos.

Abandonad en Mí vuestras preocupaciones y las numerosas ocupaciones; no cedáis a las fáciles seducciones del mundo; volved al espíritu de simplicidad, de humildad, de pequeñez; recogeos en oración en el Cenáculo de mi Corazón Inmaculado y entonces podréis ver, con vuestros ojos, el prodigio del segundo Pentecostés.

Que se reúnan en los Cenáculos los niños, porque su oración inocente, unida a la mía, tiene hoy una gran fuerza de intercesión y de reparación. Cuántos males os han sido ahorrados, a causa de la oración de estos pequeños niños.

En los Cenáculos quiero que estén reunidos los jóvenes para que experimenten mi presencia de Madre que los ama, los protege de los grandes peligros a los que están expuestos y los conduce, con dulce firmeza por la senda del bien, del amor, de la pureza y de la santidad.

Don precioso para las familias son los Cenáculos que Yo les pido a ellas: para que experimenten la alegría de mi presencia, el consuelo de mi asistencia, la ayuda ofrecida contra los graves males que amenazan su misma existencia.

En estos Cenáculos, el Espíritu Santo descenderá para conduciros al segundo Pentecostés.

Sobre todo en estos últimos tiempos es necesario que la Iglesia y toda la humanidad se transformen en un perenne Cenáculo hecho Conmigo y por medio de Mí.

Entonces el Espíritu Santo descenderá como consuelo sobre el llanto de vuestros días, en los cuales la gran prueba ha llegado ya.

En el llanto de una humanidad sin Dios, descenderá el consuelo del Espíritu Santo que conducirá a todo el mundo a la perfecta glorificación del Padre Celestial, obrando un nue
vo esponsalicio de amor entre la humanidad renovada y su Señor que la ha creado, redimido y salvado.

En el llanto de una Iglesia dividida, oscurecida y herida se sentirá el consuelo del Espíritu Santo que la recubrirá de fortaleza y de sabiduría, de gracia y de santidad, de amor y de luz, de forma que pueda dar su pleno testimonio a Jesús, que vive en ella hasta el final de los tiempos.

En el llanto de las almas esclavizadas por Satanás, sumergidas en las sombras del pecado y de la muerte se posará el consuelo del Espíritu Santo que dará la luz de la presencia de Dios, la vida de la gracia divina, el fuego del amor, de forma que en ellas la Santísima y Divina Trinidad podrá establecer su habitual morada.

En el llanto de la gran prueba, descenderá el consuelo de la divina presencia del Espíritu del Señor, que os conducirá a vivir los acontecimientos que os esperan con confianza, con valor, con esperanza, con serenidad, con amor.

Entonces en el fuego sentiréis su refrigerio; en el frío su calor; en las tinieblas su luz; en el llanto su consuelo; en el temor su valor; en la debilidad su fuerza; en el gran sufrimiento su alivio.

Por esto hoy os invito a unir vuestra oración a la mía, para que pueda descender sobre vosotros el Espíritu del Señor con todos sus dones.

Ven, oh Espíritu Santo.

Ven a cambiar la faz de la tierra.

Ven pronto. Ven en estos últimos tiempos.

Ven ahora que la gran prueba ha llegado.

Ven y tráenos tu segundo Pentecostés, a fin de que nuestros ojos puedan contemplar tu mayor prodigio de los nuevos cielos y de la nueva tierra.”

MONASTERIO DE BOUVERET (VALLESSE), 19 DE JUNIO DE 1993

Fiesta del Corazón Inmaculado de María

Mi Obra

“Con un gran Cenáculo de Sacerdotes y de fieles de mi Movimiento de la Suiza francesa celebráis hoy la memoria litúrgica de mi Corazón Inmaculado.

Terminas el viaje que has hecho en toda Suiza, tan insidiada y golpeada por mi Adversario, pero que es tan amada y defendida por vuestra Madre Celestial.

Aquí, donde mi Adversario ejercita su gran poder, con el hedonismo, con el permisivismo moral, con la impureza, y oscurece el esplendor de mi Iglesia con la división, con la difusión de los errores que alejan a muchos de la verdadera fe, con la desobediencia y la contestación al Papa, Yo obro de manera fuerte, para difundir por doquier mi gran obra de amor y de salvación.

Es mi Obra, que estoy llevando a cabo en todas partes del mundo en estos últimos tiempos.

Es mi Obra, que Yo suscito por doquier para el triunfo de mi Corazón Inmaculado.

Es mi Obra, que Yo misma estoy haciendo, para recoger de todas partes del mundo, el pequeño resto que permanecerá fiel a Jesús y a su Evangelio, al Papa y a la Iglesia a Él unida.

Es mi Obra, porque Yo misma la llevo a cabo y la difundo de manera oculta y silenciosa.

Contra ella Satanás y todos los espíritus diabólicos no pueden hacer nada. A ellos les está prohibido por el Señor el dañarla.

Las potencias del mal, las fuerzas tenebrosas y satánicas, los poderes ocultos de la masonería, nada pueden hacer contra ella, porque es protegida, preservada y defendida por Mí.

Es mi Obra, que estoy haciendo, en todas partes del mundo, para vencer a Satanás, en la gran batalla contra todos los espíritus malignos, porque l fin mi Corazón Inmaculado triunfará

Es mi Obra, que Yo llevo a cabo para difundir la verdad, en estos tiempos de gran apostasía; para llevaros a la mayor unidad con el Papa, en estos tiempos de división y de una vasta rebelión; para conduciros por el camino de la Gracia y de la santidad en la difusión general del pecado y de la impureza.

Es mi Obra, que Yo hago por medio de mi Movimiento Sacerdotal Mariano. Por esto he elegido a este mi pequeño niño y lo he hecho instrumento de mis mayores maravillas en todas partes del mundo.

Satanás ha buscado de muchas maneras destruirla, al suscitar contra ella oposiciones y críticas, persecuciones y obstáculos, insidias disimuladas por parte de falsos videntes y falsos mensajes, que han conseguido seducir a un gran número de mis pobres hijos.

Pero Yo he intervenido personalmente, de manera extraordinaria, para impedir que sea dañada, porque Yo estoy celosa de esta mi Obra, con el mismo celo de Dios.

Porque es con ella como Yo realizo el triunfo de mi Corazón Inmaculado en el mundo.

Por esto, ahora que la gran prueba ha llegado, debe resplandecer con una luz cada vez más fuerte, porque han llegado los tiempos en los cuales mi Corazón Inmaculado debe ser glorificado por toda la Iglesia y por toda la humanidad.”

VALDRAGONE (REPÚBLICA DE SAN MARINO), 1 DE JULIO DE 1993

Ejercicios Espirituales en forma de Cenáculo con Obispos y Sacerdotes del M.S.M. de América y de Europa

La misión que os confío

“En estos días, hijos predilectos, ¡Cuánta alegría dais a mi Corazón Inmaculado y cómo consoláis mi dolor!

Habéis venido de países lejanos de América y de toda Europa, y ahora, Obispos y Sacerdotes de mi Movimiento, os encontráis reunidos en un continuo Cenáculo.

Vuestra Madre Celeste está presente de una manera extraordinaria, para orar con vosotros, para haceros crecer en el amor y en la unidad, para obteneros el don del Espíritu Santo que os confirme en vuestra vocación, que os de valor en vuestro apostolado, que lleve alegría y paz a vuestro corazón.

En vosotros vuestra Madre Celestial es glorificada. Por medio de vosotros se realiza el triunfo de mi Corazón Inmaculado.

Por esto todavía una vez más os he llamado aquí arriba, sobre este monte, y vosotros habéis respondido con gran generosidad. Por esto he ejercitado, fuertemente, mi acción materna en vuestros corazones y en vuestras almas, porque en adelante debéis estar prontos a la misión que os confío.

–La misión que os confío es la de ir por todas partes llevando la luz de la Verdad, en estos tiempos en los que las tinieblas del error se han difundido por doquier.

Ved cómo la falta de fe se propaga, ¡Cómo la apostasía crece cada día!

Sed vosotros la luz encendida en la noche, sed los apóstoles fieles al Evangelio, que debe ser vivido por vosotros y anunciado a la letra.

No os dejéis seducir por falsos maestros, que hoy se han hecho tan numerosos; no os dejéis engañar por las nuevas doctrinas aunque sean generalmente seguidas; porque, como Cristo, también su Verdad es la misma: ayer, hoy y siempre.

Entonces, en estos días, vuestra luz resplandecerá ante los hombres, que glorificarán a vuestro Padre Celestial; indicaréis el camino a seguir en esta nueva evangelización, y llegaréis a ser los apóstoles de estos últimos tiempos.

–La misión que os confío es la de ir por doquier a llevar la salvación de Cristo, a una humanidad que se ha vuelto pagana, después de caso dos mil años desde el primer anuncio del Evangelio.

Dad al mundo de hoy a Jesús, el único Redentor, el único Salvador.

Dadlo con el ejercicio fiel de vuestro sacerdocio, que os pone al servicio de las almas, con el ministerio de los Sacramentos que os ha sido confiado.

Sobre todo sed solícitos en la oración, diligentes en el apostolado, ardientes de amor en la celebración de la Eucaristía, asiduos y disponibles en el Sacramento de la Reconciliación, que hoy es tan olvidado por gran parte de mis hijos Sacerdotes.

Entonces ayudad a los fieles, confiados a vuestro cuidado, a caminar por la senda de la santidad, de la Gracia de Dios, del amor, de la pureza, en el eje
rcicio de todas las virtudes.

La misión que os confío es la de ir por doquier a llevar el fuego del amor, a una humanidad desecada por el egoísmo, oscurecida por el odio, herida por la violencia, amenazada por la guerra.

Ved cuántos son mis pobres hijos que cada día sucumben, bajo el peso de esta general incapacidad de amar.

Ahora que la gran prueba ya ha llegado, andad por todas partes del mundo a buscar a mis hijos que se han descarriado. Tomadles en vuestros brazos sacerdotales y llevadles a todos al refugio seguro de mi Corazón Inmaculado.

Sostened a los débiles; reforzad a los tímidos; convertid a los pecadores; conducid a la casa del Padre a los alejados; sanad a los enfermos; confortad a los moribundos; a todos dadles el rocío celeste de mi amor materno y misericordioso.

Ya desde este año, los acontecimientos se agravarán en la Iglesia y en el mundo, porque entráis en los tiempos, que os han sido predichos por Mí, en el mensaje que os he dado en Fátima y que hasta ahora no se os ha revelado todavía.

Pero ahora se volverá patente por los mismos acontecimientos que estáis viviendo.

Por esto La misión que os confío es la de ir por todas partes llevando la luz de la Verdad, la salvación de Jesús, la ternura de mi amor materno. Así vosotros llegáis a ser los instrumentos del triunfo de mi Corazón Inmaculado en el mundo.

Salid de este Cenáculo en la alegría; la paz en el corazón sea el signo de mi cotidiana presencia junto a vosotros.

Vivid en la confianza y en una gran esperanza, y llegad a ser el signo de consolación de todos cuantos encontréis en vuestro camino.

Con vuestros seres queridos, con todos aquellos que os han sido confiados, os bendigo en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.”

RUBBIO (VICENZA), 15 DE AGOSTO DE 1993

La Asunción de María Santísima al cielo

Junto a todos vosotros

“Hijos predilectos, contemplad hoy con alegría el esplendor de mi Cuerpo glorioso, elevado a la gloria del Paraíso.

La Santísima y Divina Trinidad es hoy glorificada por vuestra Madre Celestial.

El Padre contempla en Mí la obra maestra de su creación y se complace al verme circundada del esplendor de su gloria y de su divina potencia.

El Hijo me ve con alegría junto a Sí y me asocia a su poder real sobre todo el universo.

El Espíritu Santo es glorificado por su Esposa, que es exaltada sobre todas las criaturas terrenas y celestiales.

En este día reflejo sobre vosotros los rayos de mi esplendor y os pido que caminéis en la luz de mi presencia materna junto a todos vosotros.

Precisamente por el privilegio de mi Asunción corporal al cielo, Yo puedo estar siempre junto a todos vosotros, mis pobres hijos, todavía peregrinos sobre esta tierra.

Estoy junto a mi Iglesia, que sufre y está dividida, crucificada e inmolada, que vive las horas dolorosas de su martirio y de su calvario.

Estoy junto a toda la humanidad, redimida por Jesús, pero que ahora está tan lejana de su Señor, y que camina por las perversas sendas del mal y del pecado, del odio y la iniquidad.

Estoy junto a mis hijos descarriados, para conducirlos por la vía de la conversión y del retorno al Señor; a los enfermos para darles consuelo y sanación; a todos los alejados, para conducirlos a la casa del Padre Celestial que con tanto amor les espera; a los desesperados, para darles esperanza y confianza; a los moribundos, para abrirles la puerta de la felicidad eterna.

Estoy particularmente junto a mi Papa, que por Mí misma es guiado, conducido e inmolado; a los Obispos y Sacerdotes, para darles valor y fuerza para caminar por la senda del testimonio heroico a Jesús y a su Evangelio; a los Religiosos, para ayudarles a seguir a Jesús obediente, pobre y casto, hasta el Calvario; a todos los fieles, para darles la gracia de mantener en toda circunstancia sus promesas bautismales.

Ahora que la gran prueba ha llegado, me sentiréis de manera extraordinaria junto a todos vosotros, para ser el gran signo de consolación y de segura esperanza, en estos últimos tiempos de la purificación y de la gran tribulación.”

BEPPU-OITA (JAPÓN), 8 DE SEPTIEMBRE DE 1993

Natividad de la Santísima Virgen María

Por la vía de la humildad

“Hijos predilectos, mirad hoy a vuestra Madre niña y depositad una corona perfumada de amor y humildad en torno a la cuna, en que me veneráis en el momento de mi nacimiento terreno.

Soy vuestra Madre que os conduce por la vía de la humildad y de la pequeñez, de la docilidad y de la obediencia, de la mortificación y de la pureza.

Por la vía de la humildad seguidme cada día, porque sois llamados a contemplar, en estos últimos tiempos, las mayores maravillas del Señor.

Como el Señor ha mirado la humildad de su Sierva, así hoy el Señor mira a la humildad de todos vosotros mis pequeños hijos.

Por la vía de la humildad aprended a ser pequeños.

Hoy, cuando mi Adversario consigue engañar a todos con el espíritu del orgullo y de la soberbia, vosotros permaneced siempre en la Verdad y proclamadla con valor en toda su integridad.

Así, en estos tiempos de gran tiniebla, vosotros dais a todos la luz del Evangelio.

Entonces llegaréis a se la misma voz de Dios, que habla todavía por medio de vosotros y obtiene su mayor victoria sobre los potentes y sobre sus fuertes adversarios, por medio del silencio de mis pequeños hijos.

Por la vía de la humildad aprended a ser dóciles.

En estos tiempos en los que mi Adversario consigue seducir a muchos con el espíritu maligno de la propia afirmación y de la rebelión, vosotros dad el buen ejemplo de la obediencia humilde y valerosa.

Sed obedientes al Papa y a los Obispos unidos con Él; sed obedientes a todas las normas que regulan vuestra vida sacerdotal; sed obedientes a la Voluntad de Dios, que se ha manifestado cada vez más a vosotros, para que vuestro Padre que está en los cielos sea glorificado en vosotros, cada día, en el perfecto cumplimiento de su divina Voluntad.

Por la vía de la humildad aprended a ser puros.

En estos vuestros días en los que mi Adversario consigue seducir a todos con la tiniebla del pecado y de la impureza, vosotros permaneced en la pureza y dad el buen ejemplo de una vida sacerdotal santa y sin mancha.

Sobre todo por el testimonio de una gozosa fidelidad a vuestro compromiso del celibato, porque vuestro cuerpo sacerdotal debe ser un cuerpo crucificado al mundo y a todas sus seducciones.

Por esto, mi pequeño niño, te he traído todavía a este gran País tan lejano, en el día de mi Natividad.

Mira las decenas de millones de tus hermanos que viven todavía inmersos en la tiniebla del paganismo y esperan el momento de entrar en el único redil, para conocer finalmente la voz consoladora del único Buen Pastor.

Hoy os anuncio que este gran milagro sobrevendrá pronto.

Por el triunfo de mi Corazón Inmaculado en el mundo, todo este gran pueblo todavía pagano, entrará a formar parte de la grey, de la cual Jesucristo es el Buen Pastor.

Preparaos para este gran momento en la humildad y en la confianza, escuchando con docilidad la voz de vuestra Madre Celestial.

Hoy os bendigo y os tomo de la mano para conduciros a vivir las horas dolorosas de la gran prueba, que ya ha llegado, para disponer al mundo al encuentro con su Señor, que está para retornar a vosotros en el esplendor de su reino de gloria.”

TOKIO (JAPÓN), 15 DE SEPTIEMBRE DE
1993

Fiesta de Nª Sra. de los Dolores. Ejercicios Espirituales en forma de Cenáculo con Sacerdotes japoneses del M.S.M.

Causa de mi gran dolor

“Hoy os veo aquí reunidos, hijos predilectos de mi Movimiento Sacerdotal Mariano del Japón, en este Cenáculo de oración y de fraternidad, y vosotros consoláis mi gran dolor.

Causa de mi gran dolor son todos estos mis pobres hijos, que viven todavía inmersos en la tiniebla del paganismo y no conocen la verdad del Evangelio.

En esta gran Nación, casi todos se encuentran todavía alejados de la fe de Jesucristo, que ha venido al mundo para ser vuestro único Salvador y vuestro único Redentor.

También de todos estos paganos yo soy la Madre preocupada y ansiosa de su salvación.

Cultivo en sus corazones semillas de vida y de bondad; les ayudo a observar la Ley que el Señor ha esculpido en lo íntimo de cada hombre; solicito sus mentes al deseo de La Verdad y así los conduzco dulcemente al encuentro con mi Hijo Jesús.

Y será obra extraordinaria de mi Corazón Inmaculado su plena y total adhesión al Evangelio.

Causa de mi gran dolor es mi Iglesia que, en todas partes del mundo, pasa a través del Getsemaní doloroso y sangriento de su gran tribulación.

Has visto, mi pequeño hijo, como también aquí en Japón, la Iglesia es amenazada por la pérdida de la fe, por la cada vez más extendida y solapada difusión de los errores; y desgarrada en su unidad por la contestación y oposición al Papa y a su magisterio universal; es obscurecida en su santidad con la propagación de los pecados y de los sacrilegios.

Así es paralizada y muy fuertemente debilitada en su impulso de evangelización.

Causa de mi gran dolor es la dureza de vuestros corazones y la incapacidad de acoger cuanto vuestra Madre Celestial os pide. Cuántas veces he hablado y no he sido escuchada. He dado signos extraordinarios de mi materna intervención y no he sido creída.

¡Cuántos me han cerrado la puerta del propio corazón y no me han querido acoger como Madre de su vida!

Precisamente en esta Nación os he dado un signo extraordinario, haciendo descender por más de cien veces, copiosas lágrimas de los ojos de una estatua mía, en la que estoy representada como Madre Dolorosa bajo la Cruz de mi Hijo Jesús.

Y os he dado también tres mensajes para advertiros de los grandes peligros que corréis.

Ahora os anuncio que ha llegado el tiempo de la gran prueba, porque en estos años se realizará todo cuanto os he predicho.

La apostasía y el gran cisma en la Iglesia está para cumplirse y el gran castigo que os he anunciado en este lugar está ya a las puertas.

Descenderá fuego del cielo y gran parte de la humanidad será destruida. Aquellos que sobrevivan envidiarán a los muertos, porque por todas partes habrá desolación, muerte y ruina.

Por esto todavía una vez más te he querido aquí, mi pequeño niño: porque debes decir a todos que la hora del castigo ha llegado y que, para ser protegidos y salvados debéis entrar todos lo más pronto posible en el refugio seguro de mi Corazón Inmaculado.

Volved a vuestras casas, mis hijos predilectos, y llevad a todos este mi mensaje, como una suprema llamada de vuestra Madre Celestial que os llama a todos y os recoge bajo su manto, para ser consolados y defendidos por Ella durante las pruebas dolorosas en estos vuestros últimos tiempos.”

MILÁN, 2 DE OCTUBRE DE 1993

Primer Sábado de mes y fiesta de los Ángeles Custodios

La misión de los Ángeles Custodios

“Hijos predilectos, en este primer sábado de mes, os reunís en Cenáculo para renovar la consagración a mi Corazón Inmaculado y para venerar la memoria litúrgica de vuestros Ángeles Custodios. En los tiempos de la gran prueba, os invito a volver cada vez más fuerte el lazo que os une a vuestros Ángeles Custodios.

Ellos tienen, para vosotros, una misión importante y especial que desarrollar, sobre todo en estos últimos tiempos.

Los Ángeles Custodios tienen sobre todo el encargo de ser Luz en vuestro camino.

Los días que vivís están señalados por una gran oscuridad que se hace cada vez más profunda y extendida.

Es la tiniebla de los errores que cubre las mentes de los hombres y les vuelve así víctimas de la gran apostasía; es la tiniebla de los pecados que obscurece la belleza y santidad de las almas; es la tiniebla de la impureza que afea el esplendor de vuestro cuerpo, llamado a reflejar la gloria del Dios viviente.

Así, cuántos son hoy mis pobres hijos que viven como sombras, sumergidos por las tinieblas del error, del pecado y de la impureza.

A vuestros Ángeles Custodios se ha confiado el encargo de protegeros de la gran tiniebla que os circunda para haceros caminar siempre en la luz de la verdad, de la santidad, de la pureza, de la humildad, de la confianza y del amor.

–Los Ángeles Custodios tienen el encargo de ser la defensa de vuestra vida.

Qué numerosas y disimuladas son las insidias que cada día os tienden los espíritus malignos, los demonios que ahora han afluido al mundo y obran por doquier para conducir a las almas a la eterna condenación.

Su acción ahora se ha vuelto potente porque se ha asociado a la fuerza que tienen los medios de comunicación como la prensa y la televisión.

Con un refinamiento disimulado se difunde el mal en forma de bien, el pecado como ejercicio de la propia libertad, la trasgresión de la Ley de Dios como una conquista de esta pobre y pervertida humanidad.

Qué fuertes y continuos son los ataques de los espíritus malignos, para golpearos aún en vuestra vida física con accidentes, desgracias, atentados, enfermedades, calamidades, explosiones de violencia, de guerra y revoluciones.

A los Ángeles Custodios se les ha confiado el encargo de protegeros de todos estos males, de defenderos contra estas insidias para haceros caminar en la vida bajo su segura y potente protección.

–Los Ángeles Custodios tienen en fin el encargo de combatir con vosotros la misma batalla para obtener la misma victoria.

En la gran prueba, que ya ha llegado, se vuelve cada vez más fuerte y sangrienta la lucha entre la Mujer vestida del Sol y el Dragón rojo, entre las fuerzas del bien y las fuerzas del mal, entre Cristo y el anticristo.

Es una batalla que se desarrolla sobre todo a nivel de espíritus: los espíritus buenos contra los espíritus malignos; los Ángeles contra los demonios; San Miguel Arcángel contra Lucifer.

Vosotros estáis implicados en esta gran lucha, que os supera inmensamente.

Por tanto debéis permanecer especialmente unidos a Aquellos que están cercanos a vosotros en el gran combate, que tienen gran potencia en esta lucha, que os ayudan a combatir y os conducen hacia la segura victoria.

Mi más pequeño niño, confía a la especial protección de tus Ángeles Custodios el largo y fatigoso viaje que, dentro de algunos días, debes llevar a cabo en Malasia, Indonesia, Australia, Islas Fiji y Nueva Zelanda para hacer por doquier los Cenáculos con sacerdotes y fieles de mi movimiento.

Hoy os invito a todos a volver más asidua la oración, más fuerte el vínculo de unión, más profundo el afecto hacia estos Ángeles de Luz, que os han sido dados por el Señor para vuestra custodia y protección.

En unión con todos ellos os bendigo en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.”

YAKARTA-CISARUA (INDONESIA), 21 DE OCTUBRE DE 1993

Ejercicios Espirituales en forma de Cenáculo con sacerdotes del M.S.M. de I
ndonesia

Tened confianza y gran esperanza

“Qué contenta estoy de veros aquí, reunidos en un Cenáculo continuo de oración y de fraternidad, Sacerdotes de mi Movimiento, que habéis venido de todas las partes de Indonesia.

Me uno a vuestra oración; os ayudo a crecer en la fraternidad; os obtengo del Señor aquellas gracias que vuelven fecundo y santo vuestro ministerio.

Y quiero daros hoy un mensaje de confianza y de esperanza, que os acompañe en vuestro difícil camino.

–Tened confianza, en vuestra Madre Celestial que siempre está cercana a vosotros, para serviros de ayuda y de consuelo en vuestro sacerdocio.

Yo veo vuestras innumerables dificultades; acojo todas vuestras invocaciones; estoy cercana a vosotros para confortaros en vuestra soledad; os doy alegría y consolación en medio de tantas amarguras.

No os sintáis solos.

Aunque el campo del apostolado tal vez sea árido y difícil; aunque el ambiente que os circunda ponga obstáculos a la acción sacerdotal; aunque el peso de la humana fragilidad parezca aplastaros. ¡No os desaniméis jamás!

Yo siempre estoy junto a vosotros, como Madre buena y comprensiva, y os sostengo, os conduzco, os consuelo, os animo, recojo como piedras preciosas vuestras lágrimas y custodio toda vuestra fatiga en el secreto de mi Corazón Inmaculado.

–Tened gran esperanza en el pleno triunfo de Dios sobre esta pobre humanidad, tan enferma y tan alejada de Él.

Estáis viviendo los años dolorosos de la gran tribulación y los sufrimientos se hacen cada día más fuertes para todos.

Pasad la hora presente en el Getsemaní de mi Corazón Inmaculado y disponeos a hacer con amor la Voluntad de vuestro Padre Celestial.

Sed testigos de fe en estos tiempos de gran apostasía; sed testigos de santidad en estos días de gran perversión; sed testigos de amor en un mundo que se ha vuelto duro e insensible consumido y aridecido por el egoísmo, por el odio, por la violencia y por las guerras.

Llevad por doquier el bálsamo de mi amor materno y misericordioso.

Tomad entre vuestros brazos sacerdotales a mis hijos que se han descarriado, a los alejados, a los pobres, a los débiles, a los enfermos, a los pecadores y llevadlos a todos al seguro redil de mi Corazón Inmaculado.

Salid de este Cenáculo en el gozo.

Volved a vuestras casas en la paz y haceos los apóstoles de este mi Movimiento en todas partes de esta gran Nación.

Con vosotros, con vuestros seres queridos, con los fieles que os han sido confiados, bendigo hoy a toda Indonesia y la Iglesia que aquí vive, sufre y actúa para que mi Hijo Jesús pueda llevar a todos el don de su Amor, de su Vida y de su Paz.”

SUVA (ISLAS FIDJI), 12 DE NOVIEMBRE DE 1993

En el corazón de los pequeños

“Te encuentras aquí hoy, mi niñito, en esta gran isla del Pacífico, para hacer Cenáculos con mis predilectos y con fieles, venidos también de las islas más lejanas.

También aquí ha llegado mi voz; también aquí Yo he recibido una respuesta generosa.

Ves cómo los que me responden, son sobre todo los más pequeños, los más sencillos, los más pobres.

Ves como saben ellos comprender mi voz, escuchar mi Palabra, obedecer mis peticiones, orar con perseverancia, consagrarse a mi Corazón Inmaculado con alegría.

–En el corazón de los pequeños, Yo experimento mi gran consolación.

Cuántos entre los grandes, también entre mis hijos predilectos, rechazan mi invitación y cierran las puertas de su corazón a mi presencia materna.

Este persistente rechazo es causa para mí de profundo dolor.

Pero me consuela recibir una respuesta tan generosa de los pequeños, porque son ellos el bálsamo que el Padre Celestial me regala y que se vierte sobre toda nueva herida que se abre en mi corazón de Madre.

–En el corazón de los pequeños Yo encuentro mi alegría más grande.

En ellos reflejo mi Luz y veo reproducido mi designio.

Porque soy pequeña, Yo he complacido al Altísimo.

Sólo en el corazón de los pequeños, el Padre se complace, el Hijo es glorificado y el Espíritu Santo encuentra su morada habitual.

Así, por medio de ellos, el Corazón Inmaculado de vuestra Madre Celestial puede repetir su eterno Magnificat; su cántico de adoración y de alabanza a la divina y santísima Trinidad.

–En el corazón de los pequeños Yo coloco mis delicias porque puedo cumplir plenamente mi función de Madre.

Así puedo alimentarles, vestirles, formarles, conducirles dulcemente por la senda de la pureza, del amor y de la santidad.

–En el corazón de los pequeños mi Corazón Inmaculado obtiene ya su triunfo.

Por medio de ellos puedo Yo realizar mi gran Obra de amor y de misericordia, para la salvación del mundo y la mayor renovación de toda la Iglesia.

–En el corazón de los pequeños encuentra tú también tu descanso.

En un viaje tan pesado, entre fatigas tan grandes que parecen humanamente imposibles, reposa en el Corazón de tu Madre Celestial y alégrate de la respuesta que por doquier recibes de mis más pequeños niños.”

SIDNEY (AUSTRALIA), 21 DE NOVIEMBRE DE 1993

Solemnidad de Jesucristo Rey del universo

El Reino Glorioso de Cristo

“Hijos predilectos, hoy celebráis la solemnidad de Jesucristo Rey del universo, con un gran Cenáculo en el que participan sacerdotes y fieles de mi Movimiento, venidos también de otras ciudades de esta gran Nación.

Vuestra Madre Celestial quiere encerraros a todos en el seguro refugio de su Corazón Inmaculado, para protegeros en el tiempo de la gran prueba y prepararos a recibir a Jesús, que está a punto de retornar para instaurar entre vosotros su Reino glorioso.

–El Reino Glorioso de Cristo se establecerá sobre todo en los corazones y en las almas.

Ésta es la parte más preciosa de la divina Realeza de Jesús.

En efecto, por esto se ha hecho hombre el Verbo, y ha venido a habitar entre nosotros. Por esto se hizo el Hijo obediente al Padre hasta la muerte y muerte de Cruz.

Con la Redención, obrada por Jesús sobre el Calvario, habéis sido sustraídos al dominio de Satanás, liberados del pecado, que es el yugo de su esclavitud, habéis llegado a ser hijos de Dios, porque os ha comunicado su Amor y su misma Vida.

Los corazones renovados por el Amor, las almas santificadas por la Gracia, forman por esto la parte más preciosa de la divina Realeza de Jesús.

–El Reino Glorioso de Cristo coincidirá con un general florecimiento de santidad y de pureza, de amor y de justicia, de alegría y de paz.

Porque los corazones de los hombres serán transformados por la fuerza potente del Espíritu Santo que se derramará sobre ellos con el prodigio de su segundo Pentecostés.

Y las almas serán iluminadas por la presencia de la Santísima Trinidad, que producirá en ellas un extraordinario desarrollo de todas las virtudes.

–El Reino Glorioso de Cristo se reflejará también en una nueva forma de vida de todos. Porque seréis llevados a vivir sólo para la gloria de Dios. Y el Señor será glorificado cuando sea perfectamente cumplida, por cada uno de vosotros, su divina Voluntad.

El Reino Glorioso de Cristo coincidirá por tanto, con el perfecto cumplimiento de la Voluntad de Dios por parte de todas sus criaturas, de modo que también sobre esta tierra suceda como en el cielo.

Pero esto no es posible, si antes no es derrotado Satanás, el seductor, el espíritu de mentira
que siempre ha intervenido en la historia de los hombres, para conducirlos a la rebelión hacia el Señor y a la desobediencia de su Ley.

–El Reino Glorioso de Cristo se establecerá después de la completa derrota de Satanás y de todos los Espíritus del mal y con la destrucción de su diabólico poder.

Así será atado y arrojado en el infierno y será cerrada la puerta del abismo para que no pueda ya salir a dañar en el mundo.

En el mundo reinará Cristo.

–El Reino Glorioso de Cristo coincidirá con el triunfo del Reino Eucarístico de Jesús.

Porque en un mundo purificado y santificado, completamente renovado por el Amor, Jesús se manifestará sobre todo en el misterio de su presencia eucarística.

La Eucaristía liberará toda su divina potencia y será el nuevo sol, que reflejará sus rayos luminosos en los corazones y en las almas y después en la vida de cada uno, en las familias y en los pueblos, formando de todos un único redil, dócil y manso, del que Jesús será el único Pastor.

Hacia estos nuevos cielos y esta nueva tierra os conduce vuestra Madre Celestial que hoy os reúne de todas partes del mundo para prepararos a recibir al Señor que viene.”

SIDNEY (AUSTRALIA), 23 DE NOVIEMBRE DE 1993

Ejercicios Espirituales en forma de Cenáculo con Sacerdotes del M.S.M. de Oceanía

Vuestra luz resplandecerá

“Qué contenta estoy, Sacerdotes de mi Movimiento de Australia, de veros aquí reunidos en un continuo Cenáculo de oración y de fraternidad.

Creced en el amor entre vosotros. Vivid estos días con la alegría de hermanos que se encuentran, se conocen, se aman, se ayudan a caminar juntos por la senda dolorosa de estos tiempos de la gran tribulación.

Orad con perseverancia y con confianza.

Yo me uno a vuestra oración. Estoy junto a vosotros para dar fuerza y poder a vuestra oración, de forma que el Espíritu Santo pueda descender con sus dones, en este vuestro Cenáculo y volveros capaces para la misión que os espera.

Iluminad la tierra en estos días de gran oscuridad y sed consuelo y alegría para toda la Iglesia, en este tiempo de su gran desolación.

Vuestra luz resplandecerá cada vez más y se difundirá en todo este tan vasto Continente de Oceanía, tan insidiado y poseído por mi Adversario que es también el vuestro.

–Vuestra luz resplandecerá a través de vuestro testimonio sacerdotal de fe.

Ved cómo la apostasía se ha difundido por doquier; cómo se enseñan y propagan los errores; cómo aumenta la indisciplina y la confusión.

Cuántos Pastores ya no vigilan sobre su grey confiada a ellos y así muchos lobos rapaces, con vestidura de corderos, entran para hacer estragos en el redil de mi Hijo Jesús.

Sed vosotros la luz encendida sobre el candelero, para atraer hacia el camino de la Verdad a tantos pobres hijos míos que caminan en la tiniebla del error y de la pérdida de la verdadera fe.

Entonces seréis ministros fieles del Evangelio y, por medio de vosotros, la Iglesia, después de la dolorosa prueba que ahora está viviendo, volverá a difundir en todo su esplendor la Luz de Cristo y de su Verdad.

–Vuestra luz resplandecerá a través de vuestro testimonio sacerdotal de santidad.

Ved cómo el materialismo y el hedonismo amenazan esta gran Nación.

La búsqueda del placer, del dinero, del bienestar, de la diversión, de la impureza se ha vuelto para muchos el único ideal en la vida.

Y así los pequeños son encauzados por la senda del mal; los jóvenes son atraídos por el vicio y la droga; las familias son destruidas por el divorcio y por la cerrazón egoísta del don de la vida.

Traed de nuevo a la casa del Padre a estos mis pobres hijos que se han descarriado. Para esto sed ministros fieles de la Gracia y de la santidad, a través del ministerio de los sacramentos, que Jesús os ha confiado, sobre todo el de la Reconciliación.

Poneos a disposición de los fieles para conducirlos por la senda del bien y del amor, de la pureza y de la Gracia, de la paz y de la salvación.

–Vuestra luz resplandecerá a través de vuestro testimonio sacerdotal de amor.

Amad a todos con el Corazón divino de Jesús y con la ternura de mi Amor materno. ¡Ved cómo el mundo hoy se ha vuelto un desierto de amor!

El egoísmo desenfrenado domina; la violencia y el odio se difunden; la indiferencia toma ventaja en tantos corazones, vueltos fríos e insensibles hacia los más necesitados.

Sed vosotros, Sacerdotes consagrados a mi Corazón Inmaculado, el bálsamo suave que se vierte sobre todas las heridas abiertas y sangrantes.

Tomad de la mano a los pequeños; sostened a los débiles; conducid a los vacilantes; confortad a los enfermos; salvad a los perdidos; convertid a los pecadores; dad confianza a los desesperados; id al encuentro de los alejados y llevadlos, en vuestros brazos sacerdotales, al seguro refugio de mi Corazón Inmaculado.

Entonces os hacéis los instrumentos del triunfo de mi Corazón Inmaculado en el mundo.

Salid de este Cenáculo e id a todas las partes de este vasto Continente para iluminar la tierra con la luz de vuestra fe, de vuestra santidad y de vuestro amor.

Yo estoy siempre con vosotros. Como Madre os sigo en vuestro camino y estoy junto a vosotros para daros ayuda y consuelo.

Con vuestros seres queridos, con las personas que os han sido confiadas, os bendigo a todos en el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.”

PERTH (AUSTRALIA), 8 DE DICIEMBRE DE 1993

Fiesta de la Inmaculada Concepción

Los años de mi triunfo

“Hoy concluyes aquí un largo viaje que, en dos meses, has hecho a muchas Naciones de Asia y de Oceanía.

Has podido hacer setenta y tres Cenáculos en los que han participado Obispos, Sacerdotes y fieles de mi Movimiento.

Has visto, pequeño hijo mío tan amado y protegido por Mí, las grandes maravillas de mi Corazón Inmaculado en todas partes de este vasto Continente.

Éstos son los años en los que me estoy formando la nueva Iglesia y la nueva humanidad en el jardín celeste de mi Corazón Inmaculado.

Éstos son los años de mi triunfo.

–Satanás ha engañado a toda esta pobre humanidad, llevándola tan lejos de Dios y construyendo para ella los ídolos de su perversión: el placer, el dinero, el orgullo, el egoísmo, la diversión y la impureza.

Por esto la humanidad está hoy tan amenazada por la violencia, por el odio, por la rebelión y por la guerra.

En estos años veréis el gran castigo, con que la Justicia de Dios purificará este mundo, que se ha vuelto mil veces peor que en el tiempo del Diluvio y tan poseído por los Espíritus del mal.

Por esto Yo recojo de todas partes de la tierra a mis niñitos y los encierro en el refugio seguro de mi Corazón Inmaculado para que estén defendidos por Mí y salvados en el momento de la gran prueba que ya ha llegado para todos.

Así, en los mismos años en los que triunfa Satanás, conduciendo a la humanidad por la senda de su propia destrucción, triunfa también mi Corazón de Madre que lleva a sus pequeños hijos por la senda de la salvación y de la paz.

–Satanás ha entrado también en el interior de la Iglesia y ha conseguido oscurecer su esplendor. Con la tiniebla del pecado ha oscurecido el esplendor de su santidad; con la plaga de la división ha atentado contra la fuerza de su unidad; con la difusión de los errores la ha herido en el anuncio de la Verdad.

¡Pobre hija mía tan enferma!

Entonces Yo llamo ahora de tod
as partes a mis hijitos a consagrarse a mi Corazón Inmaculado, a confiarse a Mí como niños.

Y así, en el jardín de mi Corazón Inmaculado, todos los días me formo la nueva Iglesia, santa, unida, fiel anunciadora del Evangelio, que ofrece su perfecto testimonio a Jesús.

Éstos son los años en los que Satanás domina como vencedor seguro; éstos son por tanto también los años de mi triunfo.

Mi luz se hará tanto más fuerte, cuanto más entréis en los momentos decisivos de la batalla.

Al final la victoria será de vuestra Madre Inmaculada que, con su pie virginal aplastará la cabeza de la serpiente y, con sus manos, atará al gran dragón para que se vuelva así impotente y no pueda ya dañar en el mundo.

La humanidad y la Iglesia conocerán aquella nueva era, que ahora esperáis en la confianza y en la oración, en el sufrimiento y en la esperanza.

Por esto, como aurora que surge, veréis desde hoy mi luz hacerse cada vez más fuerte, hasta envolver toda la tierra, preparada ya para abrirse a su nuevo día, que comenzará con el triunfo de mi Corazón Inmaculado en el mundo.”

DONGO (COMO), 24 DE DICIEMBRE DE 1993

Noche Buena

Esta Noche Santa

“Recogeos Conmigo en el silencio y la espera.

Olvidad toda otra preocupación y entrad en la quietud de la oración.

Vivid Conmigo estos momentos preciosos que preceden al nacimiento de mi divino Niño.

Es la noche del Amor y de la Luz.

Es la noche de la Reconciliación y de la Paz.

Es la Noche Santa.

Participad en el gozo de vuestra Madre Celestial; que siente ya llegado el momento de su virginal maternidad.

Para Mí es como lejano todo lo que me rodea: la fatiga del viaje para llegar hasta Belén; el rumor de la numerosa caravana; la afanosa búsqueda de un lugar donde pasar la noche; el doloroso estupor ante cada puerta que se cierra; la secreta confianza frente a una pobre Gruta que se abre.

Como caricia me envuelve la delicada y afectuosa asistencia de mi castísimo esposo José.

Es él quien busca volver más acogedor el sitio; es él quien prepara la cuna dentro de un pesebre más caliente; es él quien busca un amparo al rigor del frío; es él quien está a mi lado y se une a mi gran oración; es él quien ve abrirse el cielo; es él quien contempla admirado el prodigio y escucha el canto de los Ángeles y la Paz que desciende del cielo; es él quien abre la puerta a los pobres y a los pequeños y acoge los sencillos dones de los Pastores.

Yo estoy absorta en profundo éxtasis: se me abre el rostro del Padre y contemplo el divino misterio de su Amor Misericordioso: el Verbo, que ha tomado forma de hombre en mi seno virginal, como Niño recién nacido, se hace presente entre mis brazos maternos y lo cubro de besos y lágrimas; el Espíritu Santo contempla complacido su fruto.

Hijos predilectos, vivid Conmigo en este éxtasis profundo durante esta noche santa.

Es el Amor que nace en un mundo consumido por el odio.

Es la Luz que surge sobre el largo tiempo de profunda tiniebla.

Es la esperada Reconciliación entre la humanidad perdida y su Señor que la ama y la redime.

Es la Paz que desciende del cielo sobre todos los hombres de buena voluntad.

Entrad Conmigo en el misterio de esta noche santa.

Porque la gran prueba ya ha llegado para todos.

La violencia y el fuego del odio llevan la muerte sobre el mundo.

Una profunda tiniebla envuelve esta humanidad que ya no ve la luz.

El pacto de la alianza es roto otra vez por los hombres, que se han vuelto abiertamente rebeldes a su Dios.

Y las guerras, las rebeliones, las destrucciones llenan de lágrimas y sangre vuestro camino.

Ha llegado para vosotros el tiempo de la gran prueba.

Por esto, una vez más, os invito a dejaros llevar por Mí dentro del misterio de esta noche santa.

 

Entonces, como José, daos prisa en abrir las almas y los corazones de los hombres para acoger a Jesús en su segunda venida y no os dejéis atrapar de vanas e inútiles preocupaciones, sino vivid Conmigo en la oración y en la espera de su ya cercano retorno en gloria.”

MILÁN, 31 DE DICIEMBRE DE 1993

Última noche del año

Grande es mi preocupación

“Hijos predilectos, pasad Conmigo las últimas horas de este año que está para acabar, en la oración y en el recogimiento.

No os dejéis apoderar por la disipación, el ruido y las diversiones, con las que pasan estas horas la mayor parte de mis pobres hijos.

Leed en el silencio los signos de vuestro tiempo y asociaos a mi gran preocupación por lo que os espera.

–Grande es mi preocupación, porque esta humanidad, tan enferma, continúa en su obstinado rechazo de Dios y de su Ley de amor.

De tantas maneras y con muchos signos e intervenciones extraordinarias, he intervenido durante este año para invitarla a la conversión y a su retorno al Señor.

Pero no he sido escuchada.

El Nombre del Señor es vilipendiado y su día es cada vez más profanado.

El egoísmo sofoca el corazón de los hombres, que se han vuelto fríos y cerrados por una gran incapacidad de amar.

El valor de la vida es despreciado; aumentan las violencias y homicidios; se recurre a cualquier medio para impedir el nacimiento de nuevas criaturas; se multiplican por doquier los abortos voluntarios, estos terribles delitos que gritan noche y día venganza ante la presencia de vuestro Dios; la impureza se propaga como una marea de fango que todo lo arrolla.

La copa de la divina Justicia está colmada y rebosante.
Yo veo el castigo con el que la misericordia de Dios quiere purificar y salvar esta pobre humanidad pecadora.

¡Qué grandes y numerosos son los sufrimientos que os esperan, mis pobres hijos tan insidiados y engañados por Satanás, el Espíritu de la mentira que os seduce y os arrastra a la muerte!

–Grande es mi preocupación, porque mi Iglesia está a merced de las fuerzas del mal que la amenazan e intentan destruirla desde dentro.

La masonería, con su poder diabólico, ha puesto su centro en el corazón mismo de la Iglesia, donde reside el Vicario de mi Hijo Jesús y desde allí difunde su maléfico influjo en todas partes del mundo.

Ahora ella va a ser nuevamente traicionada por los suyos, cruelmente perseguida, y conducida al patíbulo.

Yo veo que la persecución sangrienta está ya a las puertas y cuántos de vosotros seréis dispersados por el impetuoso viento de este huracán espantoso.

Participad en estas horas en esta mi gran preocupación y uníos todos a mi oración de intercesión y de reparación.

Multiplicad por todas partes los Cenáculos de oración, que Yo os he pedido, como lugares seguros, como refugios donde protegeros de la tremenda tormenta que os espera.

En los Cenáculos sentiréis mi extraordinaria presencia.

En los Cenáculos experimentaré is la seguridad y la paz que os da vuestra Madre Celestial.

En los Cenáculos seréis preservados del mal y defendidos de los grandes peligros que os amenazan.

En los Cenáculos seréis formados por Mí en la confianza y en una gran esperanza.

Porque el Cenáculo es el lugar de vuestra salvación que la Madre Celestial ha preparado para vosotros en estos últimos tiempos en los que la gran prueba ya ha llegado para todos.”

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