Mensajes de María al Padre Gobbi y la Segunda Venida de Cristo (2 de 3): Lo que ocurrirá en la Iglesia y el mundo

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  • Julio 29, 2014

La santísima Virgen revelará en sus mensajes los sucesos que ocurrirán en el mundo, y cual será su intervención amorosa en favor de sus hijos. Veremos la descripción de los principales acontecimientos a los que hace referencia la Madre en sus revelaciones.

 

LA SEGUNDA VENIDA DE JESÚS

La Virgen anuncia insistentemente que los signos de los tiempos están mostrando claramente que se acerca la Segunda Venida de su Hijo Jesús, aunque el día y la hora siguen escondidos entre los secretos del Padre. También revela que su retorno precederá su venida última para el Juicio Final. El tiempo intermedio entre estos dos sucesos es evidentemente lo que se conoce como “milenio” o “Reino milenial” de Cristo en la tierra.

24/12/1978: «Como fue su nacimiento en esta Noche, será el retorno de Jesús en su gloria, antes de su postrera venida para el Juicio Final, cuya hora está, no obstante, todavía escondida en los secretos del Padre. El mundo se hallará envuelto enteramente en las tinieblas de la negación de Dios, de su obstinado rechazo, de la rebelión a su Ley de amor. Los caminos del mundo se habrán quedado desiertos por la frialdad del odio: Así, casi nadie estará dispuesto a recibirle. Los grandes del mundo ni siquiera se acordarán de Él, los ricos le cerrarán la puerta, mientras que los suyos estarán muy ocupados en buscarse y afirmarse a sí mismos… “¿Cuándo venga el Hijo del Hombre encontrará todavía fe sobre la tierra? Vendrá de improviso, y el mundo no estará preparado para su venida. Vendrá para un juicio para el cual el hombre no se encontrará preparado. Vendrá para instaurar en el mundo su Reino, una vez haya derrotado y aniquilado a sus enemigos.»

Todos los cristianos deberían estar con la esperanza puesta en el glorioso retorno a esta tierra del Señor Jesucristo:

26/03/1989: «Hijos predilectos, vivid la alegría de la Pascua. Jesucristo flagelado, coronado de espinas, vilipendiado, llevado a la Cruz, crucificado y ajusticiado como un malhechor, ha resucitado. Con el poder que le viene de la Persona y de la naturaleza divina, ha reclamado de la muerte su naturaleza humana y, en el esplendor de su gloria, ha salido victorioso del sepulcro. Cristo resucitado está vivo en medio de vosotros. No temáis: Él guía los acontecimientos de la historia humana a la realización del Querer del Padre y de su gran designio de salvación. Cristo resucitado está ahora en el Cielo, sentado en su trono de gloria a la derecha del Padre. A Él están sometidas todas las cosas. Bajo el escabel de sus pies serán humillados y vencidos todos sus enemigos. Desde este día la historia humana se abre a la plena glorificación de Cristo Resucitado. Cristo Resucitado volverá a vosotros sobre las nubes del cielo, en pleno fulgor de su gloria.

­Vivid hoy en espera de su glorioso retorno.

No os dejéis desalentar por el momentáneo triunfo del mal y del pecado. No os entristezca la actual victoria en el mundo del rechazo obstinado de Dios, de la rebelión a su Ley de amor, de una impiedad tan universal. No permitáis que ni siquiera os asalte la duda o la desconfianza al ver a la Iglesia tan herida y golpeada, insidiada y traicionada. Que la alegría pascual supere toda humana razón de aprensión y de tristeza. Cristo resucitado está vivo entre vosotros. Cristo resucitado marca con su victoria los acontecimientos del mundo y de la historia. Cristo resucitado quiere instaurar entre vosotros su Reino, para que sea glorificado por todo el universo creado. Vivid siempre en la alegría y en una segura esperanza, en espera de su glorioso retorno.»

Este glorioso retorno de Jesús ya se encuentra próximo:

14/04/1990: «Velad conmigo en la espera y estad seguros en la esperanza de que Jesús regresará sobre las nubes del cielo, en el esplendor de Su Cuerpo Glorioso, como lo preanunció ante el tribunal de Caifás para dar una señal segura de su Divinidad, en estos tiempos en que se difunden las dudas sobre su naturaleza divina y sobre la realización de sus promesas. Velad conmigo en la espera y sed ardientes en la caridad, en estos tiempos en que ésta se ha enfriado en los corazones de los hombres, y la humanidad se ha convertido en un desierto de vida y de amor, y está cada vez más consumida y amenazada por el egoísmo, la violencia, el hambre y la guerra. Velad conmigo en la espera en estos últimos tiempos de vuestro tan prolongado Sábado Santo, porque está próximo el momento del retorno de mi Hijo Jesús sobre las nubes del cielo, en el esplendor de su Gloria Divina.»

Si hay algo que la Virgen afirma con profunda certeza y total autoridad es que su Hijo Jesús volverá en el esplendor de su gloria:

13/10/1992: «Alzad los ojos al cielo, porque vuestra liberación está cerca. Del cielo vendrá a vosotros la nueva era de luz y de santidad. Del cielo vendrá a vosotros la derrota definitiva de Satanás y de todo su potente ejército del mal. Del cielo vendrá a vosotros Cristo, en el esplendor de su gloria, cabalgando el caballo blanco de su Divino Poder. Alzad pues los ojos al cielo, mis predilectos e hijos consagrados a Mí, porque sobre la nube luminosa vendrá a vosotros mi Hijo Jesús en el esplendor de su gloria, para instaurar entre vosotros su Reino de amor, de santidad, de justicia y de paz.»

Cuando Jesús vuelva se alcanzará la “plenitud de los tiempos”:

24/12/1997: «Entrad Conmigo en la plenitud de los tiempos, que se alcanzará cuando Jesús volverá en el esplendor de su gloria divina. Esta primera venida suya alcanza su pleno significado sólo en su segunda venida. Esta noche santa está ordenada al día radiante sin ocaso. Mi divino niño que ahora contempláis en el pesebre y llora y se estremece por el frío, volverá un día en el poder de su gloria divina y llevará a su plenitud el tiempo y la historia. El tiempo y la historia tendrán su cumplimiento; con su divina y gloriosa presencia hará nuevas todas las cosas. Vosotros vivís el misterio de este segundo Adviento, que os prepara para acoger a Jesús, cuando volverá a vosotros sobre las nubes del cielo.»

Precisamente el tema en general de la segunda Venida de Jesús es lo que tratamos en nuestro libro, y los mensajes de la Virgen María no dejan dudas en cuanto a la cercanía de este acontecimiento, aunque por supuesto no es posible medir esta inminencia en términos de tiempo, ya que el día y la hora permanecen inescrutables para los hombres en los designios que sólo el Padre conoce.

Sin embargo el paulatino cumplimiento de los signos bíblicos revelados por el mismo Jesús nos dan nos dan el aviso que el retorno del Señor en gloria no es algo que se escapa de toda posibilidad concreta, sino que, por el contrario, implica estar cada día más atentos a su posible venida.

De allí la importancia para el cristiano de penetrar lo más posible en el conocimiento de la revelación de Dios sobre este magno acontecimiento, y los sucesos asombrosos que lo acompañarán, a partir de los Evangelios, las Cartas Pastorales, y muy especialmente, en la revelación profética final de la Biblia, el Libro del Apocalipsis.

 

LA MADRE DEL SEGUNDO ADVIENTO.

La Virgen revela que, por designio divino, ella es la Madre del Segundo Adviento, la que está destinada a preparar el camino para el Señor que viene:

01/01/1990: «Soy la Madre del segundo Adviento. Yo os preparo para su nueva venida. Yo abro el camino a Jesús que vuelve a vosotros en gloria. Allanad los montes elevados por la soberbia, por el odio y por la violencia. Colmad los valles excavados por los vicios, las pasiones, la impureza. Removed la tierra árida del pecado y del rechazo de Dios. Como Madre dulce y misericordiosa, invito hoy a mis hijos, invito a la humanidad entera, a preparar el camino para el Señor que viene. Al iniciar este último decenio de vuestro siglo, la misión que me ha sido confiada por el Señor, es la de preparar su venida entre vosotros.»

08/12/1991: «Soy la puerta que se abre a la nueva era que os espera y que está por llegar al mundo. Por eso, en estos tiempos vuestros, Yo soy llamad a ser la Madre del segundo Adviento. Así como Jesús, por medio mío, llegó a vosotros en la fragilidad y en la humildad de su naturaleza humana, así nuevamente por medio de Mí, Jesús regresará a vosotros en el esplendor de su gloria, para instaurar su Reino en el mundo. Mi presencia entre vosotros debe hacerse ahora más fuerte, continua y extraordinaria. Con ella quiero anunciaros que debéis levantar la cabeza del pesado yugo de la gran tribulación que estáis viviendo, porque vuestra liberación está cerca. Soy la Puerta que se abre sobre los tiempos nuevos que os esperan. Entrad todos en mi Corazón Inmaculado con vuestra consagración. En este tiempo del segundo adviento, vigilad en la oración y en la confianza, y esperad con las lámparas encendidas, en la Puerta del cielo de vuestra Madre Celeste, el cercano regreso del Señor Jesús en gloria.»

 

EL PLAN DE MARÍA PARA SALVAR A LA IGLESIA, Y MEDIANTE ELLA AL MUNDO

Poco a poco, a través de sus mensajes, la Virgen va revelando el plan que se le ha encomendado llevar a cabo para salvar a la Iglesia:

29/04/1977: «Ha llegado mi hora. Nadie podrá impedir mi plan, que desde hace tiempo he preparado para salvar a la Iglesia. Los puntos estratégicos de este plan sois vosotros, Sacerdotes, hijos de mi maternal predilección. Mi plan sólo se podrá realizar a través vuestro. Pero a vosotros no os toca conocerlo en sus detalles. Basta que los conozca Yo, que soy vuestra Capitana. Vosotros sólo tenéis que obedecer dócilmente mis órdenes y dejaros guiar por Mí. No me preguntéis adonde os llevo. Yo colocaré a cada uno en el sitio conveniente. Cada uno se preocupe de cumplir fielmente su cometido. No se preocupe ni se preocupe de los demás. Me incumbe a Mí disponerlo todo según el plan que desde hace tiempo viene preparando mi Inmaculado Corazón, en la luz de la sabiduría de Dios.»

La mayor arma con la que cuenta María para la lucha contra la acción de Satanás en el mundo es formar sacerdotes santos:

18/05/1977: «Dejaos conducir por Mí, hijos míos predilectos, Mí batalla ha empezado ya. Comenzaré atacando al corazón de mi Adversario, y lo haré, sobre todo, allí donde él se cree ya vencedor seguro. Ha conseguido seduciros ya con la soberbia. Ha sabido disponerlo todo de una manera inteligentísima. Ha doblegado a su plan a amplios sectores de la ciencia y de la técnica humana, ordenándolo todo a la rebelión contra Dios. En sus manos se encuentra ya una gran parte de la humanidad. Ha sabido atraerse, con engaños, a científicos, artistas, filósofos, sabios y poderosos. Seducidos por él, se han puesto a su servicio para obrar sin Dios y contra Dios. Pero aquí está su punto débil. Lo atacaré empleando la fuerza de los pequeños, de los pobres, de los humildes, de los débiles. Yo, “la pequeña esclava del Señor”, me pondré a la cabeza del gran ejército de los humildes para atacar al baluarte de las aguerridas huestes de los soberbios.»

En otro mensaje encontramos más precisiones sobre el camino de purificación y santidad por el que María quiere llevar a los sacerdotes que se consagren a su Corazón Inmaculado:

06/08/1977: «Si permanecéis en el jardín de mi Corazón Inmaculado, sois míos. Nadie entonces podrá arrebataros de Mí, porque Yo misma seré vuestra defensora; debéis sentiros seguros. Os formo con solicitud de Madre. Con mi misma mano arranco de vosotros todo aquello que, de algún modo, pueda desagradar al Señor. El Espíritu que me reviste es como fuego, que quema todo en vosotros y no deja ni una sombra que pueda oscurecer aquella hermosura a la que quiere llevaros vuestra Madre Celestial. Quiero convertiros en purísima transparencia de Dios. Después os fortalezco en aquellas virtudes, que son como raíces de las que depende toda posibilidad de crecimiento espiritual: la fe, la esperanza y la caridad. Junto a éstas, os doy como ornamento todas las demás virtudes, que han embellecido a vuestra Madre del Cielo delante de Dios. Y sobre vosotros, en la medida que os abráis a la luz de Dios, voy derramando el bálsamo de mi perfume: la humildad, la confianza, el abandono.»

La estrategia decisiva de la Virgen se basa en los sacerdotes consagrados a ella:

24/08/1977: «Hijos míos predilectos, mirad con mis ojos el mundo en que vivís. Veréis como mi Enemigo se ha adueñado de todo: nunca, como hoy, el mundo ha sido tan suyo, ha hecho de él su reino, en el que ejerce, como soberano, su poder. Y las almas, víctimas de su seducción, se pierden cada día en número siempre creciente. Yo quiero salvarlas con una intervención extraordinaria de mi amor de Madre. Para ello necesito de vosotros, de vuestro amor. Amad con mi mismo Corazón a todos esos pobres hijos míos, a quienes Satanás y el pecado han arrastrado a la muerte. Mi estrategia decisiva, la que traerá la victoria, sois vosotros, hijos predilectos: tengo necesidad de todo vuestro amor para arrancar de las manos de mi Enemigo a todos mis hijos que él me ha arrebatado. Sólo cuando todos hayan entrado en el jardín de mi Corazón Inmaculado se comprenderá cómo mi triunfo será sólo el triunfo del Amor en el mundo.»

Por los motivos que vimos, la Madre no duda en dirigir a los sacerdotes (y por supuesto también a laicos que se consagren a su Corazón Inmaculado), su angustioso llamamiento:

21/01/1978: «Ayudadme, oh hijos. La Madre tiene necesidad ahora de vuestra ayuda. ¿No os dais cuenta de cómo os llamo, os reúno, os imploro por todas partes? Os imploro con señales cada vez más numerosas, cada vez más llamativas: mis lágrimas, mis apariciones, mis mensajes. No puedo sostener ya por más tiempo este mundo que se precipita hacia el fondo del abismo. Y éste es su mayor castigo, porque si llega a tocar fondo, el mundo se autodestruirá. Se destruirá y consumirá, en efecto, por el fuego del egoísmo desenfrenado, por el odio que enfrentará a unos contra otros. El hermano matará a su hermano; un pueblo destruirá a otro en una guerra de inaudita violencia, que causará innumerables víctimas. La sangre correrá por todas partes. Ayudadme, hijos míos predilectos, a impedir que este mundo caiga en el abismo. Ayudadme para que pueda aún salvar a tantos pobres hijos míos que andan perdidos. Con vuestras pequeñas manos dad fuerza a las manos misericordiosa de vuestra Madre celestial. Por ello os pido que respondáis todos a mi angustioso llamamiento.»

También la Virgen revela, en un mensaje desgarrador, las razones por las que hoy sigue llorando:

15/09/1987: «¿Por qué lloro aún? Lloro porque la humanidad no acoge mi materna invitación a la conversión y a su retorno al Señor. Ella continúa corriendo con obstinación por el camino de la rebelión a Dios y a su Ley de amor. Abiertamente se reniega del Señor, se le ultraja y se le blasfema. Se vilipendia públicamente y se pone en ridículo a vuestra Madre Celeste. Mis llamadas extraordinarias no son acogidas; los signos que doy de mi inmenso dolor no se creen. Vuestro prójimo no es amado; cada día se atenta contra su vida y sus bienes. El hombre se vuelve cada día más corrompido, más impío, más perverso y más cruel. Un castigo, peor que el diluvio, está a punto de caer sobre esta pobre y pervertida humanidad. Descenderá fuego del cielo, y será éste el signo de que la Justicia de Dios ya ha establecido la hora de su gran manifestación. Lloro porque la Iglesia continúan caminando por la senda de la división, de la pérdida de la verdadera fe, de la apostasía, de los errores que cada vez se publican y se siguen más. Ahora se está cumpliendo lo que predije en Fátima y lo que revelé allí en el tercer mensaje confiado a una hijita mía. Entonces también para la Iglesia ha llegado el momento de su gran prueba, porque el “hombre de iniquidad” se establecerá en su interior y la abominación de la desolación entrará en el Santo Templo de Dios. Lloro porque en gran número las almas de mis hijos se pierden, van al infierno. Lloro porque son demasiado pocos los que acogen mi invitación a orar, a reparar, a sufrir y a ofrecer. Lloro porque os he hablado y no he sido escuchada; os he dado signos milagrosos y no he sido creída; me he manifestado a vosotros, mis predilectos e hijos consagrados a mi Corazón Inmaculado, pequeño resto que Jesús guarda celosamente en el seguro recinto de su divino Amor, escuchad y acoged mi dolorida invitación que, desde este lugar, aún hoy dirijo a todas las Naciones de la tierra. Preparaos a acoger a Cristo en el esplendor de su gloria porque el gran día del Señor ha llegado ya.»

Se anuncia con mucha claridad que ya han llegado los tiempos predichos por la Virgen en Fátima:

13/10/1994: «Llevad a todos mi mensaje materno. Mis tiempos han llegado. Han llegado los tiempos predichos por Mí en Fátima. Hoy recordáis el aniversario de mi última aparición, confirmada con el milagro del sol. Entonces yo predije cuanto estáis viviendo en estos años de la purificación y de la gran tribulación. ­Os he predicho el gran castigo, que va a azotar a esta pobre humanidad vuelta pagana, que ha construido una nueva civilización sin Dios y está amenazada por la violencia, por el odio, por la guerra y corre el peligro de destruirse con sus propias manos. Mis intervenciones extraordinarias, que he llevado a cabo para conducirla por el camino de la conversión y de su retorno al Señor, no han sido acogidas ni creídas. Así ahora os encontráis en la víspera de la gran prueba que Yo os he predicho: será la suprema manifestación de la divina justicia y de la misericordia. Descenderá fuego del cielo, y la humanidad será purificada y completamente renovada, para estar así pronta a recibir al Señor Jesús que volverá a vosotros en gloria.»

En otro mensaje desde Fátima se revela el secreto de María:

11/03/1995: «Por esto hoy, en el mismo lugar donde me aparecí, quiero manifestaros mi secreto. Mi secreto concierne a la Iglesia. En la Iglesia se llevará a cabo la gran apostasía, que se difundirá por todo el mundo; el cisma se realizará en el general alejamiento del Evangelio y de la verdadera fe. En ella entrará el hombre de iniquidad, que se opone a Cristo, y que llevará a su interior la abominación de la desolación, dando así cumplimiento al horrible sacrilegio del cual habló el profeta Daniel (Mt. 24,15). Mi secreto concierne a la humanidad. La humanidad llegará al culmen de la corrupción y de la impiedad, de la rebelión contra Dios y de la abierta oposición a su Ley de amor. Ella conocerá la hora de su mayor castigo, que ya os predijo el profeta Zacarías. (Zac. 13, 7­9).»

Después de la tribulación surgirá una Iglesia plena de santidad en su gran esplendor:

28/06/1995: «Amad a todos con la ternura de mi Corazón de Madre y entonces formaréis el corazón nuevo de la nueva Iglesia, que nacerá con el triunfo de mi Corazón Inmaculado. ¡Si vieseis el esplendor de santidad y la plenitud de unidad de la Iglesia, después de este período de gran tribulación, también vosotros, Conmigo, os estremeceríais de gozo! Porque entonces todas las naciones caminarán hacia Ella, que volverá a ser luz de verdad y de gracia, de unidad y de santidad, para la salvación del mundo.»

Hay un designio dado a María por la Santísima Trinidad para los tiempos de la segunda venida de Jesús, que se cumplirá en un pequeño resto fiel de sus hijos:

08/12/1995: «­Mi designio es el de conducir a la batalla al ejército de los hijos de Dios para combatir y vencer las insidias de aquellos que se han puesto al servicio de Satanás y combaten para difundir en el mundo el reino del mal, del error, del pecado, del odio y de la impureza. ­Mi designio es el de llevar a toda la creación a su primitivo esplendor, de modo que el Padre Celeste pueda de nuevo reflejarse complacido en ella y recibir del universo creado su mayor glorificación. ­Mi designio es el de llevar a todos mis hijos por la vía de la perfecta imitación de Jesús, de modo que en ellos Jesús pueda revivir y contemplar con alegría los frutos copiosos que han nacido del gran don de su Redención. ­Mi designio es el de preparar los corazones y las almas para recibir el Espíritu Santo, que se derramará en plenitud para llevar al mundo a su segundo Pentecostés de fuego y de amor. ­Mi designio es el de indicar a todos mis hijos el camino de la fe y de la esperanza, de la caridad y de la pureza, de la bondad y de la santidad. Así en el jardín de mi Corazón Inmaculado preparo el pequeño resto que, entre las olas tempestuosas de la apostasía y de la perversión, permanecerá fiel a Cristo, al Evangelio y a la Iglesia. Y será con esta pequeña grey, custodiada en el Corazón Inmaculado de vuestra Madre Celeste, que Jesús traerá al mundo su reino glorioso.»

Queda así delineado en sus líneas generales el plan de María para cumplir con el designio de Dios cuando llegue el tiempo del regreso en gloria de Jesús: se formará entre sus hijos predilectos (sacerdotes) y los otros hijos suyos (laicos que se consagren a su Corazón Inmaculado) un resto fiel llevado a la santidad, con el cual Jesús traerá al mundo su Reino glorioso.

 

LOS NUEVOS APÓSTOLES.

Ese resto fiel que María prepara con la Consagración a su Corazón Inmaculado representa el surgimiento de los nuevos Apóstoles de la Iglesia de los últimos tiempos:

13/10/1978: «Os estoy formando para ser los apóstoles en estos momentos. Sois, por consiguiente, los apóstoles de luz en la hora en que las tinieblas lo cubren todo. Vivid en la Luz. Caminad en la Luz. Difundid la Luz que parte de mi Corazón Inmaculado. Desde hace años os he preparado en el silencio y os he llevado de la mano como Madre Celeste vuestra. Así, mientras mi Adversario oscurecía la Iglesia y cosechaba víctimas entre tantos de sus mismos Pastores, Yo, en lo secreto de mi Corazón, preparaba la nueva Iglesia, toda luminosa. Es la misma Iglesia, pero renovada, donde resplandecerá la gloria de la Santísima Trinidad, y en la que Jesús será adorado por todos, honrado, escuchado, seguido. Así la Iglesia brillará con una luz tan grande como jamás la ha conocido desde las llamas del Cenáculo hasta ahora.»

20/09/1984: «Sois llamados a ser mis Apóstoles en estos vuestros tiempos tan difíciles. Sed mis Apóstoles, viviendo y difundiendo cuanto, en estos años, os he dicho. Yo misma llevo adelante mi Obra del Movimiento Sacerdotal Mariano, por medio de todo lo que os he comunicado a través del libro de mis mensajes, y del pequeño hijo que he escogido, como instrumento mío, para difundirla en todas las partes del mundo. Estad todos cada vez más unidos a este hijo mío; sólo así estáis seguros de caminar en la Luz que os doy. Debéis estar vigilantes porque, en vuestros Países, mi Adversario hace todo lo posible por romper vuestra unidad. Sed mis Apóstoles, difundiendo por doquier sólo la Luz de Cristo. Anunciad con valentía y sin miedo la Verdad del Evangelio, que el Papa y el Magisterio de la Iglesia propone aún a todos para creer. Y luego dad ejemplo de una vida en todo conforme al Evangelio. Quiero conduciros a un alto grado de santidad para rechazar el ataque de mi Adversario que – especialmente en vuestros países­intenta oscurecer a la Iglesia con el secularismo, que ha penetrado profundamente en la vida de muchos hijos consagrados y en muchas casas religiosas. Sed mis Apóstoles, difundiendo mi Luz y conduciendo a todos al seguro refugio de mi Corazón Inmaculado.»

En otro mensaje María llama a sus hijos predilectos “los apóstoles de la nueva era”, indicando con precisión la misión que les espera:

03/09/1991: «Ahora os pido que os convirtáis en los Apóstoles de la nueva era que os espera. Por eso os formo un corazón nuevo, para que sepáis amar a todos con mi amor maternal y misericordioso. No miréis a quienes entre vosotros, por debilidad, han hecho alianza con mi Adversario, que ahora ha sido derrotado. No tengáis ningún resentimiento hacia ellos. El pasado ha sido ya cancelado. Ahora estáis llamados a vivir este tiempo nuevo, y unas nuevas misiones os esperan. Os espera la misión de reconstruir la Iglesia, aquí donde ha sido tan perseguida y violada por mi Adversario. Por eso os invito a ser siempre Sacerdotes fieles, testigos de unidad y de amor al Papa y a vuestros obispos. Ejercitad vuestro ministerio con gozo y entusiasmo; dad a todos la luz de Cristo y de su Evangelio; sed ministros de la Gracia y de la Santidad. Así, por medio de vosotros, la Iglesia volverá a resplandecer con una gran luz para todos aquellos que viven en esta vuestra nación. Os espera la misión de evangelizar esta pobre humanidad que ha sido engañada y seducida por el espíritu del mal. Pensad en tantos hijos míos –sobre todo los jóvenes­que durante años han sido formados en la escuela de la negación de Dios y del rechazo de su Ley de Amor. Son ovejitas arrebatadas a la grey de vuestro Pastor divino y encarriladas en la senda del mal, del pecado, de la infelicidad.»

También estos Apóstoles reciben el nombre de “Apóstoles de los últimos tiempos”:

8/12/1994: «En estos años os he formado con un cuidado especial, y a través del don de mis palabras, para ser los Apóstoles de los últimos tiempos.

Apóstoles de los últimos tiempos porque debéis anunciar a todos, hasta los últimos confines de la tierra, el evangelio de Jesús en estos días de gran apostasía. Difundid en la gran tiniebla que ha descendido sobre el mundo, la luz de Cristo y de su divina Verdad. Apóstoles de los últimos tiempos, porque debéis dar a todos la misma vida de Dios, por medio de la Gracia que vosotros comunicáis por medio de los Sacramentos, de los cuales sois los ministros. Y así difundís el perfume de la pureza y de la santidad, en este tiempo de gran perversión. Apóstoles de los últimos tiempos, porque estáis llamados a llevar el rocío del amor misericordioso de Jesús a un mundo marchito por la incapacidad de amar y amenazado cada vez más por el odio, la violencia y la guerra. Apóstoles de los últimos tiempos, porque debéis anunciar el cercano retorno de Jesús en gloria, que introducirá la humanidad en los tiempos nuevos, en los que finalmente se verán los nuevos cielos y la tierra nueva. Proclamad a todos su cercano retorno: maranathá: ¡ven Señor Jesús!»

Esta formación de los llamados “Apóstoles de los últimos tiempos” o “nuevos Apóstoles” queda reflejada muy claramente en nuestro libro, y corresponde a lo que harán los santos que fueron arrebatados al encuentro con Cristo y vuelven a la tierra con Él en su Parusía.

Primero, antes del arrebato, proclaman el “Evangelio del fin” a todo el mundo, y luego a su vuelta a la tierra, asumen el gobierno del Reino terrenal de Cristo a través de la Iglesia y evangelizan a las naciones paganas del mundo.

Las acciones que indican los mensajes son muy concretas:

1°) Antes de la Segunda Venida:

*Anunciar a todos, hasta los últimos confines de la tierra, el evangelio de Jesús. *Anunciar el cercano retorno de Jesús en gloria. *Llevar el rocío del amor misericordioso de Jesús a un mundo marchito por la incapacidad de amar.

2°) Después de la segunda Venida:

*Reconstruir la Iglesia, donde ha sido tan perseguida y violada por mi adversario. *Evangelizar a esta pobre humanidad que ha sido engañada y seducida por el espíritu del mal. *Dar a todos la misma vida de Dios, por medio de la Gracia que comunican con los Sacramentos.

 

LA FUNCIÓN DE LOS ARCÁNGELES

Los mensajes de María revelan que la Virgen, como Reina de los Ángeles, tiene a su servicio a los Arcángeles, para auxilio de sus hijos predilectos:

29/09/1979: «Con vosotros están también los Ángeles del Señor. Yo soy su Reina y están prontos a mis órdenes, porque la Santísima Trinidad ha confiado a mi Corazón Inmaculado la obra de renovación de la Iglesia y del mundo. San Miguel está a la cabeza de todo mi ejército, celeste y terrestre, dispuesto ya en orden de batalla. San Gabriel está a vuestro lado para daros a todos la misma invencible fortaleza de Dios. San Rafael os cura de las numerosas heridas que con frecuencia recibís a causa de la tremenda lucha en que estáis empeñados. Sentid siempre a vuestro lado a los ángeles de Dios e invocad con frecuencia su ayuda y protección. Ellos tienen gran poder para defenderos y sustraeros a todas las insidias que os tiende Satanás, Adversario mío y vuestro. Ahora su protección se intensificará y la advertiréis de modo particular, porque han llegado los tiempos de la gran prueba, y estáis para entrar en un período de gran angustia como no lo ha habido hasta ahora.»

La protección y defensa de los Arcángeles será muy importante a medida que lleguen los tiempos de las grandes pruebas. Cada uno de ellos tiene una misión definida para desempeñar; así San Gabriel ayuda a revestirse de la fortaleza de Dios, San Rafael cura las heridas causadas por el pecado y San Miguel lucha y entra en combate contra el Adversario.

Según revela la Santísima Virgen, Satanás ha logrado establecer su reino en el mundo, pero también anuncia que está cercano el momento de su derrota, en la que será decisiva la intervención de los Arcángeles:

29/09/1986: «Esta es la hora de mi batalla. Esta es la hora de mi gran victoria. Con vosotros en el combate están también los ángeles del Señor que, a mis órdenes, cumplen la misión que Yo les he confiado. Todos los Espíritus Celestiales son seres poderosos y luminosos y se hallan muy cerca de Dios, a quien aman, sirven, defienden y glorifican. En la Luz de la Santísima Trinidad, Ellos ven todas las insidias peligrosas y engañosas que os tienden los malos Espíritus, que luchan contra Dios y contra su real dominio. Ésta es una batalla terrible, que se libra sobre todo a nivel de espíritus: los buenos contra los malos: los Ángeles contra los demonios. Vosotros estáis también comprometidos en esta gran lucha y por esto debéis confiaros siempre a su segura protección e invocar a menudo, con la oración, su poderosa ayuda. Todos los Espíritus Celestiales conocen mi designio, saben la hora de mi triunfo, ven como el ataque del infierno, en estos tiempos vuestros, se hace potente, continuo y universal. Satanás ha logrado establecer su Reino en el mundo y se siente ya seguro vencedor. Pero está cercano el momento de su grande y definitiva derrota. Por esto la batalla es cada día más áspera y terrible y también vosotros, con los Ángeles del Señor, estáis llamados al combate. Las armas usadas por los demonios son las del mal, del pecado, del odio, de la impureza, de la soberbia y de la rebelión contra Dios. Las armas esgrimidas por los Espíritus celestiales, que están junto a vosotros en el combate, son las del bien, de la gracia divina, del amor, de la pureza, de la humildad y de la dócil sumisión a la Voluntad del Señor.»

Los ángeles son los encargados de ir recogiendo de todas partes a los elegidos que formarán parte del ejército victorioso de María:

29/09/1987: «Hijos predilectos, os llamo de todas las partes de la tierra. Los Ángeles de Luz de mi Corazón Inmaculado están ahora recogiendo de todas partes a los elegidos, llamados a formar parte de mi ejército victorioso. Os marcan con mi sello. Os revisten de una fuerte armadura para la batalla. Os cubren con mi escudo. Os entregan el Crucifijo y el Rosario, como armas que usar para la gran victoria. Ha llegado el tiempo de la lucha final. Por esto los Ángeles del Señor intervienen de manera extraordinaria y se ponen cada día al lado de cada uno de vosotros para guiaros, para protegeros y para fortaleceros. Así como en estos tiempos, se les ha concedido a los Demonios y a todos los Espíritus del mal una gran libertad para sus manifestaciones diabólicas, así también estos son los días en los que a los Arcángeles del Señor se les llama a desarrollar la parte más importante de mi designio. Cielo y tierra se unen en esta hora de la gran lucha final. Os invito, pues, a que todos forméis una sola cosa con los Ángeles y con los Santos del Paraíso.»

Los elegidos, en nuestra interpretación, son aquellos que serán arrebatados al encuentro con el Señor, y luego de vivir el Segundo Pentecostés volverán victoriosos con Él para instaurar el Reino de Dios en la tierra. Esta misma función es aclarada en otro mensaje:

29/09/1994: «Hoy celebráis la fiesta de los Santos Arcángeles Gabriel, Rafael y Miguel. Son los Ángeles de vuestro tiempo. Son los Ángeles del tiempo conclusivo de la purificación y de la gran tribulación. Son los Ángeles de vuestro tiempo. A ellos les está confiada una misión especial durante el período de la prueba y del gran castigo. A ellos les toca salvar al pueblo de Dios, recoger de todas partes de la tierra a quien es llamado a formar parte del pequeño resto, que permanecerá fiel, en el seguro refugio de mi Corazón Inmaculado. Al Arcángel San Miguel se le ha confiado la misión de conducir a la batalla los ejércitos de los Ángeles y de mis hijos fieles contra las aguerridas huestes de Satanás, del mal, de las fuerzas satánicas y masónicas, ya organizadas a nivel mundial en una sola gran potencia, para ponerse contra Dios y contra su Cristo. Al Arcángel San Rafael se le ha confiado la misión de participar, como médico celestial, en la gran batalla para socorrer y curar a cuantos son golpeados y heridos. Al Arcángel San Gabriel se le ha confiado la gran misión de anunciar el retorno de Jesús en gloria, para instaurar su reino en el mundo. Como ha venido por Él el anuncio de la primera venida de mi Hijo al mundo, así ahora será Él el mensajero luminoso de la segunda venida de Jesús en gloria.»

El pequeño resto fiel de la Iglesia, recogido de todas las partes de la tierra por los Ángeles, estará seguro en el refugio del Corazón Inmaculado de María, que, como ya veremos en detalle enseguida, es figura del arrebato de los elegidos.

 

EL REFUGIO EN EL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

Un tema que se reitera con mucha frecuencia en los mensajes de María, y que es uno de los “leit­motiv” de las revelaciones, es el referido a su Corazón Inmaculado, como “refugio” para sus hijos:

10/02/1978: «Has recibido también una señal: He aquí su significado: Ahora la Luz se está extinguiendo en todas partes. Aquellos a quienes he llamado se están refugiando en mi Corazón Inmaculado. Aquí está el lugar donde podéis todavía ver; aquí está el refugio donde podéis recogeros; aquí, el camino que os conducirá a Dios.»

La Virgen llama a los hijos fieles a dejarse cobijar en su Corazón Inmaculado, con un sentido claro:

13/10/1982: «Son, pues, los tiempos del castigo y de la salvación, de la justicia y de la misericordia. Para estos tiempos os he preparado el seguro refugio donde debéis cobijaros para ser confortados y salvados. Este refugio es mi Corazón Inmaculado. De mi Corazón parten, reflejados cada vez con más fuerza, los rayos que provienen del Corazón de Jesús, para que podáis caminar por la senda de la gracia y de la santidad, del amor y de la misericordia, de la verdad y de la fidelidad. Si el mundo está invadido por las tinieblas del pecado, estos rayos descienden como rocío que lo solicitan a abrirse al radiante mediodía de su renovación. Toda la creación conocerá el nuevo y esperado tiempo de su perfecta glorificación de Dios. Si la Iglesia está, en su realidad humana, oscurecida y herida, estos rayos la abren a la luz del Evangelio de Jesús, a la custodia del depósito de la Fe, que sólo a Ella ha sido confiado, al pleno testimonio de su unidad y santidad.»

Estar en el Corazón Inmaculado de la Virgen significa recibir la luz, “los rayos que provienen del Corazón de Jesús”, es decir, de toda la gracia que lleva a la santidad. La luz de Jesús renovará la Iglesia, oscurecida y herida por la realidad humana.

Más adelante surge un mensaje que revela más aún el significado de este refugio:

11/06/1983: «Mi Corazón Inmaculado es la Puerta del Cielo, a través de la cual pasa el Espíritu de Amor del Padre y del Hijo para llegar a vosotros y renovar a todo el mundo. Por esto os invito hoy a entrar aún más adentro, en lo profundo de este mi Celeste jardín; seréis así revestidos de la luz de la Santísima Trinidad. En mi Corazón Inmaculado, el Padre os mira complacido, viendoos formados por Mí para glorificarle de manera más perfecta. Mi misión materna es la de ayudar a cada uno de vosotros a realizar con plenitud el designio del Padre, que os ha creado para haceros partícipes de su ser, de su amor y de su gloria.»

El Corazón de María es como una puerta que comunica al Cielo con la tierra, o sea, donde se comunica la acción del Espíritu Santo. Allí se puede cumplir la misión maternal de la Virgen, que consiste en que cada uno de sus hijos pueda cumplir el designio del Padre para ellos.

De acuerdo a la exégesis desarrollada en nuestro libro, definimos allí con gran cantidad de bases bíblicas el suceso conocido como “el arrebato de los elegidos”, y en particular vimos a este episodio figurado por la visión de la “mujer coronada de estrellas”, de Apocalipsis 12,1­

También comentamos en ese lugar la interpretación mariológica de esta visión, que indica que la mujer representa a la Virgen Santísima, quien formará en su Corazón Inmaculado a sus discípulos y Apóstoles de los últimos tiempos. Ellos serán luego arrebatados al encuentro con Cristo, de manera que en el Cenáculo del Inmaculado Corazón de la Madre se producirá el acontecimiento del Segundo Pentecostés. Creemos que ésta es la interpretación de lo que manifiesta María en su mensajes, lo que se observa en el siguiente:

30/07/1986: «Entrad en el refugio que la Madre celestial os ha preparado para vuestra salvación para que podáis pasar a salvo en mi Corazón Inmaculado los días terribles de la gran tempestad que ya ha llegado. Este es el momento de refugiaros todos en Mí, porque Yo soy el arca de la Nueva Alianza.

En los tiempos de Noé, inmediatamente antes del diluvio, entraban en el Arca aquellos que el Señor destinaba a sobrevivir a su terrible castigo. En vuestros tiempos Yo invito a todos mis hijos a entrar en el Arca de la Nueva Alianza, que Yo he construido en mi Corazón Inmaculado, para ser ayudados por Mí a sobrellevar el peso sangriento de la gran prueba, que precede a la llegada del día del Señor.»

El refugio del Corazón Inmaculado de María equivale al Arca de la Nueva Alianza, donde aquellos que entren en esa sagrada Arca, al igual que en los tiempos de Noé, serán preservados de la tribulación que azotará a la humanidad.

Este mensaje no ofrece ninguna duda respecto a que la Virgen se está refiriendo al suceso que denominamos “arrebato de los elegidos”, y que el propósito del mismo no es más que la santificación del resto fiel de la Iglesia mediante la renovación que producirá el Segundo Pentecostés, como lo explica en otra revelación:

7/06/1987: «Toda la Iglesia debe entrar ahora en el Cenáculo de mi Corazón Inmaculado: deben entrar todos los Obispos, los Sacerdotes, los Religiosos y los Fieles. En el Cenáculo de Jerusalén, sobre los Apóstoles, reunidos en oración Conmigo, descendió el Espíritu Santo, y se obró el milagro del primer Pentecostés. Así, en el Cenáculo de mi Corazón Inmaculado, cuando toda la Iglesia haya entrado en él, acontecerá el gran prodigio del segundo Pentecostés. Será un fuego divino de purificación y de santificación que renovará toda la faz de la tierra. Abrid las puertas de vuestros corazones para recibir el gran Don que el Padre y el Hijo harán descender sobre vosotros. El Espíritu del Señor llenará la tierra y cambiará el mundo. El Espíritu del Señor renovará con su fuego divino a toda la Iglesia y la conducirá a la perfección de la santidad y de su esplendor. El Espíritu del Señor transformará los corazones y las almas de los hombres, y les hará valientes testigos de su Amor divino. El Espíritu del Señor preparará la humanidad a recibir el Reino glorioso de Cristo, para que el Padre sea amado y glorificado por todos.»

Toda la Iglesia fiel que será arrebatada, preparada por la Virgen María, vivirá el segundo Pentecostés, y, llevada a la perfección de la santidad, será el instrumento con el cual el Señor llevará a la humanidad a vivir en el Reino glorioso de Cristo:

13/05/1991: «Permanecerá fiel solamente aquel pequeño resto que en estos años, acogiendo mi invitación maternal, se ha dejado encerrar en el refugio seguro de mi Corazón Inmaculado. Y será este pequeño resto fiel, que Yo he preparado y he formado, quien tendrá la misión de recibir a Cristo que volverá en gloria, iniciando así la nueva era que os espera.»

La Iglesia purificada y santificada volverá a la tierra con la Parusía de Cristo viniendo en gloria, iniciando el Reino de Cristo terrenal. El Corazón Inmaculado de María es, entonces, el seguro refugio para, primero, ser resguardados de las amenazas del mundo y del Adversario, y luego, para llegar a la transformación del segundo Pentecostés:

11/06/1994: «Yo abro la puerta de oro de mi Corazón materno, para hacer entrar a todos mis hijos expuestos a tantos peligros, maltratados por tantos dolores, abatidos por tantas batallas, heridos por muchas derrotas. ­Es vuestro refugio, en el que resguardaros de los graves y amenazadores peligros que os rodean. ­Es vuestro refugio, en el que sois defendidos del influjo maligno que tiene sobre vosotros este mundo materialista del todo volcado en la búsqueda desesperada del placer. ­Es vuestro refugio, que os protege de ser contaminados por el pecado y la impureza. ­Mi Corazón Inmaculado es vuestro refugio, en el que Yo os reúno, como en un nuevo Cenáculo espiritual, para obteneros el don del Espíritu Santo, que os transforme en Apóstoles de la segunda Evangelización.»

Vamos a ver finalmente otros dos mensajes, entre muchos más, que no nos dejan dudas respecto a la interpretación que venimos afirmando:

01/01/1996: «Porque en el seguro refugio de mi Corazón Inmaculado que la Santísima Trinidad os ofrece como arca de salvación, en estos últimos tiempos, esperaréis en la confianza y en la oración el retorno de Jesús en gloria, que traerá su Reino al mundo y hará nuevas todas las cosas.»

08/12/1996: «Mi presencia en la Iglesia se hace de ahora en adelante más fuerte, continua y manifiesta. En el Movimiento Sacerdotal Mariano toda la Iglesia verá la ayuda extraordinaria que le ofrece la Madre Celestial, para conducirla al interior del seguro refugio de su Corazón Inmaculado, donde conocerá la hora luminosa de su segundo Pentecostés. Para esto os he construido el arca de la nueva alianza, en la cual debéis entrar para llegar a los tiempos nuevos que ahora os esperan.»

En este último mensaje se reafirma el sentido final del MSM, en cuanto a que debe ser el instrumento para que la Iglesia sea ayudada a entrar en el arca de la Nueva Alianza, que es el Corazón Inmaculado de María, para llegar a la hora de su segundo Pentecostés.

 

EL SEGUNDO PENTECOSTÉS

Ya desde el inicio de los mensajes de la Virgen María al Padre Gobbi encontramos la referencia a un “nuevo Pentecostés”:

5/11/1977: «Todo está a punto de cumplirse según el designio de Dios. Vuestra Madre quiere encerraros en su Corazón Inmaculado a fin de capacitaros para la perfecta realización del designio divino. En él resplandece el triunfo de la misericordia del Padre, que quiere conducir a todos sus hijos descarriados por el camino del retorno a Él, que con tanto amor les espera. Por él se pondrá en marcha la gran hora del amor misericordioso del Hijo que quiere que este mundo, redimido por Él en la Cruz, quede totalmente purificado en su sangre. Con él llega el tiempo del Espíritu Santo, que os será dado cada vez con mayor abundancia por el Padre y el Hijo, para llevar a toda la Iglesia a su nuevo Pentecostés. Todo está a punto de cumplirse para que la Iglesia pueda salir, del inmenso dolor de la purificación, más bella y luminosa en medio de un mundo renovado. Contemplad en esta luz todo lo que os acontece. Situad en el contexto de este admirable designio todos los singulares aconteceres del tiempo que vivís.»

María revela con toda claridad que perseverando con Ella en la oración, sus hijos serán preparados para recibir el don del Espíritu Santo en plenitud:

8/09/1980: «Esta es la hora de recogeros Conmigo en la oración y en el amor, que debe crecer entre vosotros hasta hacer de vosotros una sola cosa. Perseverando Conmigo en la oración, os podré preparar para recibir el don del Espíritu Santo, que quiere comunicarse a vosotros de manera cada vez más plena.

Ésta es su hora, porque todo el mundo se purificará y renovará por su potente acción de amor. Vendrá como fuego ardiente y abrasador; vendrá como testigo de mi Hijo, que jamás ha sido tan vilipendiado y traicionado en su persona y en su palabra. Vendrá para reconciliar al mundo a la perfecta glorificación del Padre. Preparaos a recibir este gran don, que mi Corazón Inmaculado os ha obtenido.»

La Virgen, presentándose como “la Esposa del Espíritu Santo”, revela también la necesidad de una renovación y transformación total de la Iglesia por el fuego del Espíritu Santo:

7/06/1981: «Soy la Esposa del Espíritu Santo. Mi potente función de mediadora entre vosotros y mi Hijo Jesús se ejerce, sobre todo, en obteneros, con sobreabundancia, del Padre y del Hijo, el Espíritu de Amor. La Iglesia debe ser renovada y transformada por este fuego de Amor. Bajo su poderoso hálito de vida se abrirán finalmente los nuevos cielos y la nueva tierra. En el Cenáculo de mi Corazón Inmaculado, disponeos a recibir este Espíritu divino. Ahora todo el mundo debe ser llevado a la plenitud de la verdad, al Evangelio de Jesús, a la única Iglesia querida y fundada por Cristo, y ésta es la misión del Espíritu Santo. La Iglesia debe abrirse a este fuego divino de tal modo que, completamente purificada, esté pronta a recibir el esplendor de su nuevo Pentecostés, en preparación a la segunda, gloriosa venida de mi Hijo Jesús. Por eso os invito a repetir con frecuencia: “Ven Espíritu Santo, ven por medio de la poderosa intercesión del Corazón Inmaculado de María, tu esposa amadísima.”»

En este mensaje la Madre celestial nos enseña a todos la mejor manera de pedir en oración la efusión del Espíritu Santo. El nuevo Pentecostés renovará a la Iglesia y a toda la faz de la tierra:

30/05/1982: «En el Cenáculo de mi Corazón Inmaculado preparaos a recibir el fuego de amor del Espíritu Santo, que llevará a mi Iglesia a vivir el gozoso momento de su Pentecostés y renovará toda la faz de la Tierra. Pronto se completará por el fuego del Espíritu de amor la obra de la gran purificación. La Iglesia espera gimiendo su misericordiosa obra de santificación. A través de interiores sufrimientos, por medio de pruebas que renovarán en Ella las sangrientas horas de la Pasión vividas por mi Hijo Jesús, la Iglesia será conducida a su divino esplendor. Será curada de la llaga del error, que se difunde como un cáncer oscuro y amenaza el depósito de la Verdad. Será sanada de la lepra del pecado, que oscurece su santidad. Será purificada de todos aquellos elementos humanos, que la alejan del espíritu del Evangelio. Será expoliada de sus bienes terrenos y purificada de tantos medios de poder, para que se torne pobre, humilde, simple y casta. También será crucificada en sus pastores y en su grey para que rinda perfecto testimonio al Evangelio de Jesús. Todo el mundo será también renovado con la fuerza del Fuego y de la Sangre.»

La santificación de la Iglesia será completa, lo que se producirá, como vimos antes, por el arrebato del resto fiel que se habrá refugiado en el Inmaculado Corazón de María, para vivir en ese Cenáculo sagrado la nueva y gran efusión del Espíritu Santo:

28/01/1984: «Como en el Cenáculo de Jerusalén, los Apóstoles, reunidos en oración conmigo, prepararon el momento del primer Pentecostés, así en el Cenáculo de mi Corazón Inmaculado (y por tanto en los cenáculos donde os reunís en oración), apóstoles de estos últimos tiempos, con vuestra Madre Celeste, podéis obtener una nueva efusión del Espíritu Santo. Será el Espíritu de Amor, con su potente acción de fuego y de gracia, quien renovará desde sus cimientos todo el mundo. Será Él, el Espíritu de Amor, con su gran fuerza de santidad y de luz, quien llevará a mi Iglesia a un nuevo esplendor, a volverla por tanto humilde y pobre, evangélica y casta, misericordiosa y santa. Será el Espíritu de Amor, a través del fuego de innumerables sufrimientos, quien renovará todo lo creado, para que retorne aquel jardín de Dios, nuevo Paraíso terrenal, en el que Jesús estará siempre con vosotros, como un Sol de luz que irradiará por doquier sus rayos.»

El Espíritu Santo llevará a la Iglesia a la santidad plena, dándole la perfección de sus siete preciosos dones, lo que implica vivir la vida espiritual “al modo divino”:

26/05/1985: «Sólo por esto, os recomiendo recogeros con frecuencia en vuestros Cenáculos, para darme una gran fuerza de oración, con la que pueda interceder junto a mi Hijo Jesús, para que os obtenga pronto del Padre el don de un nuevo y segundo Pentecostés para la Iglesia y para toda la humanidad.

Ven, oh Espíritu de Amor, y renueva la faz de la Tierra; haz que toda ella vuelva a ser un nuevo jardín de gracia y de santidad, de justicia y amor, de comunión y de paz, de modo que la Stma. Trinidad se pueda reflejar aún, complacida y glorificada. Ven, oh Espíritu de Amor y renueva toda la Iglesia: llévala a la perfección de la caridad, de la unidad y de la santidad, para que sea hoy la luz más grande que a todos ilumina en la gran tiniebla que se ha difundido por todas partes. Ven, oh Espíritu de Sabiduría y Entendimiento, y abre la vía de los corazones a la comprensión de la Verdad entera. Con la ardiente fuerza de tu divino fuego erradica todo error, barre toda herejía, para que resplandezca a todos en toda su integridad la luz de la Verdad que Jesús ha revelado. Ven, oh Espíritu de Consejo y Fortaleza, haznos esforzados testigos del Evangelio recibido. Sostén al que es perseguido; alienta al marginado; fortalece al prisionero; concede perseverancia al pisoteado y torturado; obtén la palma de la victoria, a quien, aún hoy, es conducido al martirio. Ven, oh Espíritu de Ciencia, de Piedad y de Temor de Dios, y renueva, con la linfa de tu divino Amor, la vida do todos los que han sido consagrados con el Bautismo, signados con tu sello en la Confirmación, de los que se han entregado al Servicio de Dios, de los Obispos, de los Sacerdotes y Diáconos, para que todos correspondan a tu designio, que estás realizando en estos tiempos, de tu segundo Pentecostés, durante tanto tiempo invocado y esperado. Sólo entonces la misión que Yo misma he confiado a mi Movimiento Sacerdotal Mariano, vendrá el triunfo de mi Corazón Inmaculado con el inicio de un tiempo en que todos podrán finalmente ver los nuevos cielos y la nueva tierra.»

Aquí la Virgen recuerda la enorme importancia que significa para la santificación del cristiano la acción de los siete dones del Espíritu Santo, los que se “activan” cada vez más en la medida que se avanza en la experiencia de la contemplación infusa. Precisamente el camino a recorrer, particularmente para los laicos católicos, para alcanzar la vida contemplativa.

Cuando se produzca el segundo Pentecostés, la santidad de la Iglesia purificada y transformada será el instrumento para instaurar el Reino de Dios terrenal y para poder evangelizar a todas las naciones de la tierra:

22/05/1988: «Ha llegado el tiempo del segundo Pentecostés. El Espíritu Santo vendrá como celeste rociada de gracia y de fuego, que renovará todo el mundo. Bajo su irresistible acción de amor, la Iglesia se abrirá para vivir la nueva era de su mayor santidad, y resplandecerá con una luz tan fuerte, que atraerá a sí a todas las naciones de la tierra. El Espíritu Santo vendrá para que la Voluntad del Padre Celeste se cumpla y el universo creado torne a reflejar su gran gloria. El Espíritu Santo vendrá para instaurar el reino glorioso de Cristo, que será un reino de gracia, de santidad, de amor, de justicia y paz. Con su divino amor abrirá las puertas de los corazones e iluminará todas las conciencias. Cada hombre se verá a sí mismo en el ardiente fuego de la divina Verdad. Será como un juicio en pequeño. Después Jesucristo implantará su glorioso Reino en el mundo. El Espíritu Santo vendrá por medio del triunfo de mi Corazón Inmaculado. Por esto os invito hoy a todos a entrar en el Cenáculo de mi Corazón. Así seréis preparados para recibir el don del Espíritu Santo, que os transformará y os hará los instrumentos con los que Jesús instaurará su Reino.»

El Espíritu Santo está preparando un segundo Adviento, para que la humanidad sea transformada en el Reino de Dios terrenal. Para este objetivo, en otro mensaje se reafirma su acción para derramar y evidenciar la operación de sus siete dones entre los elegidos, quienes entonces podrán difundir la luz de Cristo en todas las naciones de la tierra:

3/06/1990: «El Espíritu Santo tiene la misión de iluminar vuestras almas con la Luz de la Gracia Divina y de guiaros por el camino de la santidad. Por eso derrama sus siete Dones santos sobre vosotros, dando de este modo vigor y crecimiento en las virtudes teologales y morales, que transforman vuestra vida en ese jardín florido, en el cual la Santísima Trinidad, establece su morada. El Espíritu Santo abre y cierra las puertas del segundo Adviento. Por eso todo el período del Segundo Adviento que estáis viviendo, es el tiempo del Espíritu Santo. Vosotros vivís su tiempo.»

También la Virgen María define con mucha claridad en otro mensaje la acción del Espíritu Santo:

19/05/1991: «Yo pido que toda la Iglesia se recoja en el Cenáculo espiritual de mi Corazón Inmaculado. Entonces, el Espíritu Santo os llevará a la comprensión de la verdad íntegra. Os hará penetrar en el secreto de la Palabra de Dios y os dará la Luz de la Sabiduría para comprender todo el Evangelio y todo lo que en él se describe acerca de los tiempos que vivís. El Espíritu Santo os hará comprender los signos de vuestro tiempo. Son los tiempos predichos por la Divina Escritura como los de la gran apostasía y de la venida del Anticristo. Son tiempos de gran tribulación y de sufrimientos innumerables para todos, que os llevarán a vivir los últimos acontecimientos que preparan la segunda venida de Jesús en gloria. El Espíritu Santo prepara los corazones y las almas para la segunda venida de Jesús. Por esto derrama hoy sus carismas, de una manera aún más fuerte y extraordinaria que en el tiempo de los inicios de la Iglesia. De hecho, ya habéis entrado en los últimos tiempos, que os llevarán a la nueva era. La misión del Espíritu es la de preparar a la humanidad para su cambio completo, la de renovar la faz de la creación, de formar unos cielos nuevos y una tierra nueva.»

Vemos en qué aspectos se evidenciará la acción del Espíritu Santo:

*Llevará al conocimiento de la Verdad íntegra. *Hará penetrar en el secreto de la Palabra de Dios. *Hará comprender los signos de nuestro tiempo. *Preparará los corazones y las almas para la segunda Venida de Jesús. *Preparará a la humanidad para su completo cambio. *Renovará la faz de la creación.

En otro mensaje dado por la Virgen en la solemnidad de Pentecostés de 1995 se detalla aún más la acción del Espíritu Santo:

4/06/1995: «Descenderán otra vez sobre la Iglesia y sobre toda la humanidad milagrosas lenguas de fuego. Lenguas de fuego divino traerán calor y vida a una humanidad actualmente helada por el egoísmo y el odio, por la violencia y las guerras. Lenguas de fuego descenderán para iluminar y santificar la Iglesia, que vive la hora tenebrosa del Calvario y es golpeada en sus pastores, herida en el rebaño, abandonada y traicionada por los suyos, expuesta al viento impetuoso de los errores, invadida por la pérdida de la fe y por la apostasía. Lenguas de fuego descenderán sobre todos vosotros mis pobres hijos, tan engañados y seducidos por Satanás y por todos los espíritus malignos, que, en estos años, han obtenido su gran triunfo. Y seréis iluminados por esta Luz divina y os veréis a vosotros mismos en el espejo de la verdad y de la santidad de Dios. Será como un juicio en pequeño que abrirá la puerta de vuestro corazón para recibir el gran don de la divina misericordia. Entonces el Espíritu Santo realizará en el corazón y en la vida de todos el nuevo milagro de la universal transformación: los pecadores se convertirán; los débiles tendrán apoyo; los enfermos obtendrán la curación; los alejados volverán a la casa del Padre; los separados y divididos llegarán a la plena unidad. De esta forma se realizará el prodigio del Segundo Pentecostés.»

En esta revelación aparece algo muy interesante: la luz de la acción del Espíritu Santo genera como un “juicio en pequeño”, es decir, muestra a las almas como en un espejo, que es el de la verdad de Dios, su situación de pecado, para luego purificarlas por la divina misericordia.

En la fiesta de Pentecostés del siguiente año el mensaje de María revela que sólo aparecerá el Reino de Cristo en la tierra luego que la Iglesia haya alcanzado la máxima santidad en el segundo Pentecostés:

26/05/1996: «El segundo Pentecostés vendrá para conducir a la Iglesia al vértice de su máximo esplendor. El Espíritu de sabiduría la conducirá a la perfecta fidelidad al Evangelio; el Espíritu de consejo la asistirá y confortará en todas sus tribulaciones; el Espíritu de fortaleza la llevará a un cotidiano y heroico testimonio de Jesús.

Sobre todo el Espíritu Santo comunicarás ala Iglesia el don precioso de su unidad plena y de la mayor santidad. Sólo entonces Jesús traerá a ella su Reino de gloria.»

La Iglesia, llena del Espíritu Santo, como lo fue llena esa primera comunidad de apóstoles y discípulos que vivieron el primer Pentecostés, será la que llevará el don del Espíritu a toda la humanidad para transformarla y hacer del mundo un jardín lleno de virtudes, ya que ése será el reino que Cristo instaurará con su segunda Venida.

 

LA INSTAURACIÓN DEL REINO DE JESÚS COMO UNA NUEVA ERA DE PAZ Y SANTIDAD.

Lo que podría denominarse como “la gran novedad” teológica de los mensajes de la Virgen María al Padre Gobbi es la revelación de la instauración del Reino terrenal de Cristo, en una nueva era de la humanidad plena de gracia y santidad.

La primera referencia a la venida del reino de Jesús la encontramos en el siguiente mensaje:

13/05/1978: «Todos verán muy pronto como la Iglesia vuelve a florecer y a renovarse bajo la acción de vuestra Madre Celeste. Por vuestra parte, perseverad en la docilidad, en la humildad y en la confianza. Ha llegado mi hora. Daré a mis hijos mi espíritu, para que, a través de vosotros, Yo misma pueda seguir hoy viviendo y actuando. Así todo el mundo verá cómo se va realizando el plan de amor del Corazón Inmaculado de vuestra Madre Celeste para el advenimiento del Reino de mi Hijo Jesús.»

La Virgen revela que tiene un plan para preparar el advenimiento del Reino de Jesús, que involucra a sus hijos predilectos, los sacerdotes que escuchen su llamada:

28/07/1978: «Por el contrario, el mundo se encuentra inmerso en el desierto del odio y de la violencia, y la Iglesia vive un período de gran desolación. Pero, hijos predilectos, ¡ésta es mi hora! A través de vosotros, mis Sacerdotes, llamo ahora a todos a consagrarse a mi Corazón Inmaculado. De este modo dad a vuestra Madre Celeste la posibilidad de intervenir para llevar a la Iglesia a su mayor esplendor y preparar el mundo a la venida del Reino de mi Hijo Jesús.»

Los Sacerdotes que se consagren al Corazón Inmaculado de María serán los instrumentos para que otros cristianos hagan lo mismo, para preparar una Iglesia santa que será la precursora de la venida del Reino de Jesús en la tierra.

El mensaje que sigue, dado en Fátima, no deja dudas que la Virgen está anunciando un Reino de Cristo terrenal:

25/11/1978: «Han llegado los tiempos en que el desierto del mundo será renovado por el amor misericordioso del Padre, que en el Espíritu Santo quiere atraer a todos al Corazón divino del Hijo, para que finalmente pueda resplandecer en el mundo su Reino de verdad y de gracia, de amor, de justicia y de paz. La Iglesia y el mundo podrán así alcanzar un esplendor que hasta ahora no han conocido.»

Una revelación fundamental para ese futuro Reino de Cristo terrenal es que en el mismo la Eucaristía será el corazón y el centro de la Iglesia:

14/06/1979: «Secundad mi acción que tiende a transformaros interiormente para haceros a todos Sacerdotes según el Corazón Eucarístico de Jesús. El triunfo de mi Corazón Inmaculado no puede realizarse sino con el triunfo de mi Hijo Jesús, que volverá a reinar en los corazones, en las almas, en la vida de cada uno y de las naciones: en toda la humanidad. Pero Jesús, como está en el Cielo, así también se halla en la tierra realmente presente en la Eucaristía: con su Cuerpo, su Sangre, su Alma, su Divinidad. Su Reino glorioso resplandecerá sobre todo en el triunfo de Jesús Eucaristía, porque la Eucaristía volverá a ser el corazón y el centro de toda la vida de la Iglesia. Jesús en la Eucaristía volverá a ser el vértice de toda vuestra oración, que debe ser oración de adoración, de acción de gracias, de alabanza y de propiciación. Jesús Eucaristía volverá a ser el centro de vuestras reuniones eclesiales, porque la Iglesia es su templo, su casa que ha sido construida sobre todo para que pueda resplandecer en medio de vosotros su divina presencia. Hijos predilectos, desgraciadamente en estos tiempos las tinieblas han oscurecido también el Tabernáculo: en torno a él hay tanto vacío, tanta indiferencia, tanta negligencia. Cada día aumentan las dudas, las negaciones y los sacrilegios. Volved a ser los adoradores perfectos, los ministros fervientes de Jesús Eucarístico que, por medio de vosotros, todavía sigue haciéndose presente, todavía se inmola y se da a las almas.»

L de la Parusía Jesús no se quedará en la tierra visiblemente, sino que su presencia real estará dada por el Santísimo Sacramento, donde se encuentra realmente su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su Divinidad.

Esta revelación es fundamental, ya que elimina radicalmente todas las objeciones que, en más de diecisiete siglos de la historia de la Iglesia, se han hecho respecto al milenarismo, donde la presencia visible de Jesús y de los santos resucitados en la tierra, mezclados con los viadores, presentaba facetas doctrinales imposibles de salvar para la teología católica.

En cambio, en nuestro desarrollo, colocamos las cosas en su debido lugar: en el Reino de Cristo terrenal, la Iglesia renovada y santificada en el arrebato al encuentro con el Señor y la vivencia del segundo Pentecostés, que vuelve a la tierra acompañando a Jesús en la Parusía, y gobierna y evangeliza al mundo sobreviviente de la gran tribulación.

En el Reino de Cristo celestial, Jesús y los santos resucitados “juzgan”, es decir, “gobiernan” el Reino terrenal a través de una nueva y fuerte “comunión de los santos”, como veremos en el siguiente punto.

Desde ahora, toda vivencia profunda de la adoración Eucarística, es un adelanto de lo que vivirá la Iglesia en el Reino de Cristo que se instaurará con su segunda Venida.

El último día del año 1980 la Virgen da un mensaje anunciando una nueva era que nacerá:

31/12/1980: «Vivís momentos de emergencia. Por esto os llamo a todos a una más intensa oración, y a vivir con mayor confianza en el amor misericordioso de vuestro Padre Celeste. Está a punto de abrirse la puerta de oro de su divino Corazón y Jesús va a derramar sobre el mundo los torrentes de su misericordia. Son ríos de fuego y de gracia que transformarán y renovarán todo el mundo. Sobre olas de sufrimientos, hasta ahora jamás conocidos, y de prodigios nunca antes realizados, llegaréis al puerto seguro de los nuevos cielos y de una nueva Tierra. Una era de gracia, de amor y de paz va a nacer ya, de los dolorosos días que estáis viviendo.»

Pocos días después de este mensaje, se equipara al resto de la Iglesia fiel al “nuevo pueblo de Israel”, que preparará a la humanidad para el retorno del Señor, luego de vivir el nuevo Pentecostés:

2/2/1981: «Sobre el altar de mi Corazón Inmaculado os ofrezco a Dios: ­Para ser su luz, que cada día debe resplandecer más en medio de las tinieblas que recubren de nuevo la Tierra. ­Para ser su gloria, que a través de vosotros se debe reflejar en todas partes del mundo. Gloria del nuevo pueblo de Israel, llamado a preparar a la humanidad para el retorno de Jesús. Gloria de la Iglesia renovada, que conocerá un nuevo Pentecostés de fuego, de gracia y de luz.

Gloria de la nueva humanidad, purificada por la gran tribulación, pronta ya a vivir el inefable momento de su completo retorno al Señor.»

En otro mensaje se identifica al “nuevo Israel de Dios”, la Iglesia, con la nueva Jerusalén:

5/3/1982: «Al igual que en Jerusalén, todos los profetas fueron destinados a la muerte; como en esta ciudad se rechazó, ultrajó y condenó al mismo Hijo de Dios, al Mesías, desde siglos prometido y preparado, así ahora en la Iglesia, nuevo Israel de Dios, demasiadas veces se ha obstaculizado, con el silencio y el repudio, la acción salvadora de vuestra Madre, celeste profetisa de estos últimos tiempos. He hablado de muchos modos, pero no habéis escuchado mis palabras. Me he manifestado de muchas maneras, pero no habéis creído en mis signos. Mis intervenciones, incluso las más extraordinarias, han sido negadas. ¡Oh, nueva Jerusalén, Iglesia de Jesús, verdadero Israel de Dios!, ¡cuántas veces he querido reunir a todos tus hijos, como hace la gallina con sus polluelos… Si hubieras conocido los días de tu paz! Pero ahora vendrán sobre ti grandes tribulaciones. Serás sacudida por el viento de la tempestad y del huracán; de las grandes obras, construidas dentro de ti por el orgullo humano, no quedará piedra sobre piedra. Nueva Jerusalén, acoge hoy mi invitación a la conversión y a la interior purificación. Así pronto resplandecerá sobre ti la nueva era de justicia y santidad; difundirás tu Luz sobre todas las naciones de la Tierra. Mi hijo Jesús instaurará entre vosotros su glorioso Reino de amor y de paz.»

Lo expuesto en este mensaje es totalmente coincidente con nuestra exégesis respecto a la Jerusalén que baja del. Allí sostenemos que la descripción de la Jerusalén terrenal de Apocalipsis 21,9­27 simboliza a la Iglesia terrenal formada por los santos arrebatados al encuentro con el Señor, y purificada luego por la vivencia del nuevo Pentecostés, que regresa a la tierra acompañando al Señor en su Parusía, con la misión de gobernar y evangelizar a las naciones del mundo. Estos santos morirán a su tiempo, pero habrán sido confirmados en gracia, es decir, se salvarán.

En la fiesta de Cristo Rey de 1986 la Virgen explica de qué manera Jesús deberá reinar en su glorioso Reino que ya está a las puertas:

23/11/1986: «Hoy, en la gloria del Paraíso y en la luz purificadora del Purgatorio, acojo el homenaje de toda la Iglesia terrena y peregrina para ofrecer, junto con todos vosotros, la corona de Su realeza a Jesucristo nuestro Dios, nuestro Salvador y nuestro Rey. Jesús debe reinar ante todo en los corazones y en las almas de todos, porque la suya es una realeza de Gracia, de santidad, y de amor. Cuando Jesús reina en el alma de una criatura, es transformada por una luz divina, que la hace cada día más bella, luminosa, santa y amada por Dios. Jesús debe reinar en las familias, que deben abrirse, como brotes, al sol de su Realeza. Por esto obro Yo en estos tiempos, a fin de que las familias crezcan en armonía y en paz, en comprensión y concordia, en unidad y fidelidad. Jesús debe reinar en toda la humanidad, para que sea un nuevo jardín, donde la Santísima Trinidad reciba encanto y belleza, amor y perfume de toda criatura y, siendo así glorificada, ponga su morada habitual entre vosotros. Por esto obro Yo fuertemente hoy para guiar a toda la humanidad por el camino de su retorno a Dios, por medio de la conversión, de la oración y de la penitencia. Jesús debe reinar en la Iglesia, porción privilegiada de su divino y amoroso dominio.. La Iglesia es toda Suya, porque ha nacido de su Corazón traspasado, ha crecido en su Amor, ha sido lavada con su Sangre, ha sido desposada a Él con pacto inviolable de eterna fidelidad. Mi acción de Madre prepara en vuestro tiempo la venida del Reino glorioso de mi Hijo Jesús. Mi Corazón Inmaculado es el camino que os conduce a su Reino. De hecho el triunfo de mi Corazón Inmaculado coincidirá con el triunfo de mi Hijo Jesús en su glorioso Reino de Santidad y de Gracia, de Amor y de Justicia, de Misericordia y de Paz, que será instaurado en todo el mundo. Por lo cual Yo os invito hoy a la oración y a la confianza, os llamo a la paz del corazón y a la alegría, porque el glorioso Reino del Señor Jesús está ya a las puertas.»

El Reino de Cristo en la tierra, que coincidirá con el triunfo del Corazón Inmaculado de María, será instaurado a partir de la luz del Espíritu Santo que invadirá la Iglesia purificada en el segundo Pentecostés, que evangelizará y guiará a la santidad a las personas, las familias y las naciones, para que Cristo reine sobre toda la humanidad.

La acción del Espíritu Santo, que descenderá de lo alto como fuego sobre el mundo, será la que dará cumplimiento a la petición de la oración que el mismo Jesús enseñó a sus discípulos: “Venga a nosotros tu Reino”:

3/07/1987: «Jesús, que os ha enseñado la oración para invocar la venida del Reino de Dios sobre la tierra, verá finalmente cumplida su invocación, porque instaurará su Reino. Y la creación volverá a ser un nuevo jardín, donde Cristo será glorificado por todos, y su Divina Realeza será aceptada y exaltada: será un Reino universal de Gracia, de belleza; de armonía, de comunión, de santidad, de justicia y de paz. La gran Misericordia llegará a vosotros como fuego abrasador de amor, y será traída por el Espíritu Santo, que os será donado por el Padre y el Hijo, para que el Padre se vea glorificado y el Señor Jesús se sienta amado por todos sus hermanos. El Espíritu Santo descenderá como fuego, pero de diversa manera que en su primera venida: será un fuego que todo lo abrasará y transformará, que santificará y renovará la tierra desde sus mismos cimientos. Abrirá los corazones a una nueva realidad de vida y conducirá a todas las almas a una plenitud de santidad y de Gracia. Conoceréis un amor tan grande, una santidad tan perfecta como hasta ahora nunca la habéis conocido.»

El reino de Cristo en la tierra manifestará plenamente la presencia del Señor entre los hombres a través del triunfo universal de su Eucaristía, que permitirá experimentar de una manera nueva y extraordinaria su presencia real por el Sacramento.

De este modo el Reino de Dios sobre la tierra podría denominarse con toda propiedad “el Reino Eucarístico de Jesús”:

21/8/1987: «Sacerdotes y fieles de mi Movimiento, id con frecuencia delante del Tabernáculo; vivid delante del Tabernáculo; orad delante del Tabernáculo. Sea vuestra oración una perenne plegaria de adoración y de intercesión, de acción de gracias y de reparación. Porque en la Eucaristía, Jesús está realmente presente, permanece siempre con vosotros; y esta presencia se hará cada vez más fuerte, resplandecerá sobre el mundo como un sol, y señalará el comienzo de la nueva era. La venida del Reino glorioso de Cristo coincidirá con el mayor esplendor de la Eucaristía. Cristo instaurará su Reino glorioso con el triunfo universal de su Reino Eucarístico, que se desarrollará con toda su potencia, y tendrá la capacidad de cambiar los corazones, las almas, las personas, las familias, la sociedad, la misma estructura del mundo. Cuando haya instaurado su Reino Eucarístico, Jesús os conducirá a gozar de esta su habitual presencia, que sentiréis de una manera nueva y extraordinaria, y os llevará a experimentar un segundo, renovado y más bello Paraíso terrenal.»

La Virgen recuerda que el nacimiento de una nueva era de santidad y de gracia, que es el Reino de su Hijo en la tierra, será posterior a la purificación del mundo por el gran castigo que el Señor permitirá que vivan los hombres:

1/1/1991: «Rezad, hijos predilectos, haced penitencia, porque ya habéis entrado en el tiempo del gran castigo que el Señor mandará para la purificación de la tierra. El gran sufrimiento que os espera es para prepararos al nacimiento de la nueva era, que está por llegar al mundo. Vivid este nuevo año en mi Corazón Inmaculado, que es el refugio que Yo os he preparado para estos tiempos, llenos de sufrimiento para las personas individualmente y para los pueblos. Por tanto, no tengáis miedo. Vuestro sufrimiento aumentará mientras aumente la prueba que ya ha empezado.

Yo soy el anuncio de la nueva era.

En la profunda oscuridad de este tiempo, si vivís conmigo, podréis vislumbrar la claridad de los tiempos nuevos que os esperan. Mirad hacia esa luz y vivid en la paz del corazón y en la esperanza.»

Esta prueba es necesaria tanto para la Iglesia como para toda la humanidad:

2/2/1991: «Es una prueba tan grande y dolorosa que ni tan siquiera la podéis imaginar, pero es necesaria para la Iglesia y para toda la humanidad, para que pueda llegar a vosotros la nueva era, el mundo nuevo, la reconciliación de la humanidad con su Señor. En estos días, Jesús está actuando de una manera muy fuerte en todas las partes del mundo para realizar el designio de su Amor Misericordioso.

Este designio, por ahora, permanece escondido y encerrado en el secreto de su Corazón Divino. También hoy, solamente es revelado a los pequeños, a los sencillos, a los pobres, a los puros de corazón. Con estos pequeños, que Él está reuniendo de todas las partes de la tierra, Jesús instaurará pronto su Reino de Gloria.»

En la fiesta de la Asunción de María de 1991 la Virgen da en su mensaje una revelación que coincide plenamente con nuestra exégesis sobre la instauración del Reino de Cristo en la tierra, y el significado de la Jerusalén Terrenal que baja del Cielo:

15/8/1991: «Hoy, hijos predilectos, contempladme en el esplendor de mi Cuerpo Glorioso, elevado a la gloria del Paraíso. Vivid con gozo, con confianza, los últimos tiempos de este segundo Adviento, mirándome a Mí como Signo de esperanza segura y de consuelo. La nueva era que os espera, corresponde a un particular encuentro de amor, de luz y de vida entre el Paraíso, en el cual me encuentro en perfecta bienaventuranza con los Ángeles y los Santos, y la tierra en la cual vivís vosotros, mis hijos, en medio de tantos peligros y de innumerables tribulaciones. Es la Jerusalén Celestial, que baja del cielo a la tierra, para transformarla completamente y formar así los cielos nuevos y la tierra nueva.»

En nuestro libro sostenemos que la Jerusalén que baja del cielo simboliza a la Iglesia terrenal purificada y santificada en el arrebato, luego de vivir el segundo Pentecostés y las Bodas del Cordero. La Virgen denomina a este descenso “un particular encuentro de amor, de luz y de vida entre el Paraíso en el cual me encuentro y la tierra”.

Claramente tenemos aquí identificadas las dos fases del Reino de Dios: la celestial y la terrenal, unidas en el encuentro de gracia que produce la “Comunión de los Santos”.

En otro mensaje La Virgen Santísima se refiere al importante hecho que Satanás ya no tendrá acción ni influencia en el Reino de Cristo en la tierra, y que será la presencia eucarística de Jesús la que liberará todo su divino poder en los corazones y las almas de los hombres:

21/11/1993: «El Reino glorioso de Cristo se reflejará también en una nueva forma de vida de todos. Porque seréis llevados a vivir sólo para la gloria de Dios. Y el Señor será glorificado cuando sea perfectamente cumplida, por cada uno de vosotros, su divina Voluntad. El Reino glorioso de Cristo coincidirá, por tanto, con el perfecto cumplimiento de la Voluntad de Dios por parte de todas sus criaturas, de modo que también sobre esta tierra suceda como en el cielo. Pero esto no es posible, si antes no es derrotado Satanás, el seductor, el espíritu de mentira que siempre ha intervenido en la historia de los hombres, para conducirlos a la rebelión hacia el Señor y a la desobediencia de su Ley. El Reino glorioso de Cristo se establecerá después de la completa derrota de Satanás y de todos los Espíritus del mal y con la destrucción de su diabólico poder. Así será atado y arrojado en el infierno y será cerrada la puerta del abismo para que no pueda ya salir a dañar en el mundo. En el mundo reinará Cristo. El Reino glorioso de Cristo coincidirá con el triunfo del Reino Eucarístico de Jesús. Porque en un mundo purificado y santificado, completamente renovado por el Amor, Jesús se manifestará sobre todo en el misterio de su presencia eucarística. La Eucaristía liberará toda su divina potencia y será el nuevo sol, que reflejará sus rayos luminosos en los corazones y en las almas y después en la vida de cada uno, en las familias y en los pueblos, formando de todos un único redil, dócil y manso, del que Jesús será el único Pastor. Hacia estos nuevos cielos y esta nueva tierra os conduce vuestra Madre Celestial que hoy os reúne de todas partes del mundo para prepararos a recibir al Señor que viene.»

Para terminar este apartado, nos referiremos a otro importante mensaje, donde la Virgen equipara la experiencia que tendrá la humanidad de la venida de Jesús en gloria a la vivencia que experimentaron Pedro, Santiago y Juan en el Tabor:

6/8/1997: «Cuando Jesús volverá en su gloria divina y aparecerá a toda la humanidad, todos serán llamados a tener la misma experiencia que Pedro, Santiago y Juan tuvieron en el monte Tabor. Porque Jesús se manifestará en su esplendor y su humanidad estará completamente transfigurada por la luz fulgidísima de su divinidad. Entonces todo el universo proclamará a Jesucristo Hijo de Dios, Imagen perfecta del Padre, el Verbo hecho hombre el sólo y único Salvador. Aquél por el que han sido hechas todas las cosas y que tiene el poder de someter a Él todas las cosas. Jesús traerá su Reino glorioso al mundo y será un reino de santidad y de gracia, un reino de justicia, de amor y de paz. Hijos predilectos, vivid la gozosa espera de su gloriosa venida.»

En nuestra obra analizamos el suceso de la Transfiguración de Jesús como parte de la exégesis que muestra claramente el retorno de los santos arrebatados junto a Jesús en su Parusía.

 

LA COMUNIÓN DE LOS SANTOS

En el punto anterior, donde analizamos la instauración del Reino de Jesús sobre la tierra, vimos que la forma de “gobierno” que tendrán el Señor y los santos resucitados desde la Jerusalén celestial estará basada en la llamada “comunión de los santos”.

Hay muchos mensajes de la Virgen María al Padre Gobbi que confirman sin lugar a dudas nuestra exégesis; veamos algunos de los más relevantes:

2/11/1978: «No os sintáis solos. A mi ejército pertenecen también los Santos del Cielo y vuestros hermanos que se purifican todavía en el Purgatorio ofreciéndome oración y sufrimiento. Todos aquellos Sacerdotes que durante su vida terrena han respondido a mi invitación, han escuchado mi voz y se han consagrado a mi Corazón, son ahora en el Paraíso luces que resplandecen en torno a vuestra Madre Inmaculada. Ellos están ahora muy cerca de vosotros: os ayudan a cumplir mis designios, os sostienen con su invisible presencia, os defienden del mal, os protegen contra tantos peligros en medio de los cuales vivís. No os sintáis solos. Con estos hermanos vuestros Sacerdotes están también a vuestro lado los Ángeles de luz de vuestra Madre Celeste. Os preparan para vuestro perfecto ofrecimiento, como prepararon mi Corazón Inmaculado para decir “si” a la Voluntad del Señor. Por esto, hoy, cielo y tierra se unen, en esta extraordinaria comunión de amor, de oración y de acción, a las órdenes de vuestra Celestial Capitana. El designio de mi Corazón Inmaculado está a punto de cumplirse porque mi Hijo Jesús va a obtener su mayor victoria con la llegada a este mundo de su Reino glorioso.»

Hay una unión entre los santos del cielo y los que se purifican en el Purgatorio con la Iglesia terrenal, quienes forman en su conjunto el ejército de la Virgen. Su función está descripta en estas acciones:

*Ayudan a cumplir los designios de la Virgen. *Defienden del mal. *Protegen contra los peligros. *Sostienen y dan fortaleza.

Esta comunión de vida se hará cada vez más intensa y será instrumento privilegiado para la instauración del Reino de Jesús en la tierra:

1/11/1981: «Soy la reina de todos los Santos. Hoy se os invita a elevar vuestra mirada al Paraíso, a donde os han precedido muchos hermanos vuestros. Ruegan por vosotros y os ayudan para que venga pronto también sobre la tierra aquel Reino de Jesús, que en el Cielo es el motivo de nuestra alegría y de nuestra gloria. Debe hacerse cada vez más intensa esta comunión de vida con todos vuestros hermanos, que ya han alcanzado el Paraíso. En estos tiempos la Comunión de los Santos debe ser vivida aún más intensamente, porque una sola es la Iglesia en la que mi Hijo Jesús vive, reina y es glorificado por sus hermanos que aún luchan o sufren o gozan de felicidad eterna. La Madre Celeste quiere hacer más fuertes vuestros vínculos de amor con el Cielo para que cada día gocéis de la Comunión de los Santos, y avancéis unidos.»

La Madre Celestial revela que la comunión de los santos es como una “puerta luminosa” por la cual el Paraíso se une con la tierra, y permite que el mundo experimente la gloriosa presencia de Cristo:

1/11/1990: «Que os alegre la certeza de que los Santos del Paraíso reflejan sobre vosotros la luz de su bienaventuranza, para ayudaros a vivir en la tierra, para la glorificación perfecta de la Santísima Trinidad. Que sea un gran consuelo para vosotros la certeza de que los Santos os ayudan con sus oraciones, están a vuestro lado para consolaros en las aflicciones, para daros fuerza en las dificultades, para remover los obstáculos que encontráis en vuestro camino, para haceros superar las trampas que os tiende vuestro Adversario y mío. En la hora de la gran prueba el Paraíso se unirá con la tierra. Hasta el momento en que se abrirá la puerta luminosa, para hacer bajar al mundo la gloriosa presencia de Cristo, quien instaurará su Reino en el cual se hará la Voluntad Divina de manera perfecta, así en la tierra como en el cielo.»

La “nueva era” o “eón” que abarcará el Reino de Cristo terrenal implicará una Comunión de los Santos plena y fuerte:

15/8/1991: «La nueva era que ya está por llegar, os lleva a una plena comunión de vida con aquellos que os han precedido y que en el Paraíso gozan de la perfecta felicidad. Ved el resplandor de las jerarquías celestiales, comunicad con los Santos del Paraíso, aliviad los sufrimientos purificadores de las almas que todavía están en el Purgatorio. Experimentad de una manera fuerte y visible, la verdad consoladora de la Comunión de los Santos.»

Nuevamente la Virgen reafirma en otro mensaje que la comunión de los santos equivale a que el Paraíso se una a la tierra:

1/11/1995: «El Paraíso se une a la tierra, ahora que estáis viviendo el período conclusivo de la purificación y de la gran tribulación. Así los Santos del cielo iluminan vuestra existencia, os socorren con su potente ayuda, os defienden de las astutas insidias de mi Adversario, os conducen de la mano por la vía de la santidad, en la trémula espera de asociaros también vosotros un día a su eterna bienaventuranza. Por esto hoy os invito a vivir la gozosa experiencia de la comunión de los Santos. Entonces recibís fuerza y valor para superar los momentos de la prueba y desde el Paraíso se os esclarece el doloroso camino que todos debéis recorrer, para cruzar el umbral luminoso de la esperanza.»

Esta Comunión de los Santos ayuda a la Iglesia terrenal en los difíciles tiempos de la purificación, y cuando se instaure el Reino de Cristo en la tierra, será la vía de comunicación perfecta de las gracias y los auxilios que se derramarán desde el cielo.

La acción de los santos (“juzgar”, es decir, según la acepción hebrea, “gobernar”) se evidencia con la ayuda para vencer las insidias de Satanás y a la “conducción de la mano” por el camino de la santidad, ya desde antes de la Parusía.

Luego de la instauración del Reino de Cristo, eliminada la influencia del Diablo, que estará “encadenado”, la acción de la Comunión de los Santos será decisiva para el florecimiento en todo el mundo de una santidad generalizada jamás vista anteriormente en el cristianismo.

Completamos de esta forma el panorama que nos dan los mensajes de María Santísima sobre lo que ocurrirá en la Iglesia y en el mundo en los tiempos del fin, mostrando como nuestro desarrollo exegético se encuentra en completa armonía con el contenido de estas revelaciones.

Fuente: Los Mensajes de Maria al Padre Gobbi (Movimiento Sacerdotal Mariano) y la Segunda Venida de Cristo por Juan Franco Benedetto

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