Mensajes al Padre Gobbi, enero a marzo 1994

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  • Julio 6, 2011

MILÁN, 1 DE ENERO DE 1994

Fiesta de María Santísima Madre de Dios

Abrid los corazones a la esperanza

“Hijos predilectos, comenzad este nuevo año en la solemnidad litúrgica de mi divina Maternidad.

Soy verdadera Madre de Dios.

Desde la eternidad el Padre Celestial me ha escogido para esta inefable misión.

“No te agradaron ni sacrificios ni holocaustos, Oh Dios, por eso me has preparado un cuerpo”.

Para formar un cuerpo al Hijo, el Padre, en su eterno designio de Sabiduría, ha preparado también un cuerpo a la Madre: así desde la eternidad he salido de su divino Pensamiento.

El Verbo me ha contemplado desde siempre en el momento en el que, por mi consentimiento materno, habría de descender a mi seno virginal, haciéndose también hombre.

Y así mi Dios se habría hecho mi Hijo.

El Espíritu Santo desde la eternidad ha contemplado el divino prodigio de su Amor, que habría vuelto milagrosamente fecundo mi seno virginal, haciéndome Madre sin ninguna intervención humana. Así el Espíritu Santo se habría hecho mi Esposo divino.

Contempladme hoy a la luz de mi divina maternidad, hijos míos predilectos, y abrid vuestros corazones a la esperanza.

Abrid vuestros corazones a la esperanza, porque son estos los años en los que se prepara el mayor triunfo de Dios, con el retorno de Jesucristo en gloria.

Mi divina maternidad se ejercita hoy en el preparar el camino de su glorioso retorno.

Como he sido la Madre pobre y humilde de su primera venida, así soy la Madre gloriosa y potente de Su segunda venida entre vosotros.

Mía es la misión de abriros la puerta de la nueva era que os espera. Mía es la misión de conduciros hacia los nuevos cielos  y la nueva tierra.

Sobre todo es la misión confiada a la Madre de Dios la de vencer a Satanás y a toda fuerza del mal, para que Dios pueda obtener en el mundo su mayor triunfo.

Abrid vuestros corazones a la esperanza, porque soy también la Madre de toda la humanidad.

Y como Madre siempre he seguido con amor a mis hijos  en todo el curso de la historia humana.

Sobre todo en estos últimos tiempos, me siento Madre de una humanidad tan insidiada y poseída por los Espíritus del mal.

Satanás triunfa hoy. Ha conducido toda la humanidad al rechazo de Dios y así la ha vuelto súbdita de su dominio maligno.

Por esto, ¡cuánto habéis debido sufrir!

Por esto, las lágrimas y la sangre se han hecho vuestro sustento cotidiano.

Por esto el año que hoy se abre os traerá también el peso de un inmenso sufrimiento.

Como Madre de la humanidad, se me ha confiado la misión de sustraeros a la esclavitud de Satanás.

Por esto es necesario que ahora me sigáis en la lucha sangrienta, para obtener al fin mi mayor victoria. Ya que Satanás será reducido por Mí a la impotencia y el gran poder del mal será completamente destruido por Mí.

Entonces la humanidad volverá a un nuevo desposorio de amor con su Señor, que la tomará entre sus brazos y la conducirá al paraíso terrestre de una plena y perfecta comunión de vida con Él.

Abrid vuestros corazones a la esperanza, porque soy verdadera Madre de toda la Iglesia.

En el curso de los años siempre he estado junto a esta hija mía predilecta, con el ansia y la ternura de mi amor materno.

Estoy particularmente junto a la Iglesia en estos últimos tiempos, en los que ella debe vivir la hora sangrienta de su purificación y de la gran tribulación.

También para ella se debe cumplir el designio del Padre Celestial y por tanto está llamada a subir al Calvario de su inmolación.

Esta mi amadísima hija será herida y golpeada, despojada y traicionada, abandonada y conducida al patíbulo, donde será crucificada.

En su interior penetrará el hombre inicuo, que llevará al culmen la abominación de la desolación, predicha en las divinas Escrituras.

No perdáis el valor, hijos predilectos.

Sea fuerte vuestra confianza.

Al comienzo de este nuevo año, abrid los corazones a la esperanza, porque veréis desde ahora cumplirse los acontecimientos que os han sido anunciados.

Comprenderéis que los últimos años de este vuestro siglo forman parte de un divino y misterioso designio, que está a punto de ser desvelado.

Abrid vuestros corazones a la esperanza, porque ha llegado el momento en que vuestra Madre Celestial se manifestará en toda su potencia.

Yo soy la aurora que precede al gran día del Señor.

Soy la voz que se hace fuerte en estos tiempos, para difundir en todas partes de la tierra mi anuncio profético: –preparaos todos a recibir a mi Hijo Jesús, que ya está retornando entre vosotros sobre las nubes del cielo, en el esplendor de su gloria divina.”

 

SANT’OMERO (TERAMO), 2 DE FEBRERO DE 1994

Presentación del Niño Jesús en el Templo

El don de mi confianza

“Hijos predilectos, dejaos llevar en mis brazos maternos al Templo del Señor, para que Yo os ofrezca a la gloria perfecta de la Santísima Trinidad.

Por esto os estoy reuniendo de todas partes del mundo; por esto os pido consagraros a mi Corazón Inmaculado; por esto os conduzco cada día por la senda trazada por Mí y os formo ya desde hace años, con el don de mi palabra materna.

En vosotros debe ser glorificado el Padre, en el perfecto cumplimiento de su divina Voluntad; en vosotros quiere ser revivido el Hijo, de forma que lleguéis a ser los instrumentos de su Divina Misericordia; en vosotros obra el Espíritu Santo, con la fuerza de su Amor, para haceros capaces de transformar los corazones y las almas.

Así, en estos últimos tiempos, llegáis a ser la luz para el que camina en tinieblas; vida para el que yace bajo el yugo del pecado y de la muerte; amor para el que está consumido por el odio y la violencia; consuelo para el que está abrumado por el sufrimiento; bálsamo para las heridas de los pobres y los enfermos; fuerza para la debilidad de los pequeños y de los oprimidos.

De este modo podéis comunicar a todos el don de mi confianza.

–Sed el don de mi confianza para la Iglesia, hoy tan enferma y dividida, pisoteada y oprimida, que sube al Calvario de su dolorosa pasión.

Nunca como en vuestros tiempos la Iglesia tiene necesidad de experimentar la ternura y la piedad de su Madre Celestial.

Yo quiero ejercitar mi función materna hacia la Iglesia a través de vosotros.

Amad a la Iglesia con el latido de mi Corazón Inmaculado: enjugad su sudor, sanad sus heridas, aliviad su dolor, compartid su sufrimiento, ayudadla a llevar su pesada Cruz hacia el Calvario de su inmolación.

Estad junto al Papa y a vuestros Obispos con la oración y con vuestro amor filial. Sostened a los hermanos Sacerdotes, sobre todo corred al encuentro de los más débiles, de los más frágiles, de aquellos que sucumben bajo el peso de las grandes dificultades de estos últimos tiempos.

Sed vosotros la mano delicada y misericordiosa de vuestra Madre Celestial que se inclina para poner bálsamo sobre las heridas de los pecadores, de los alejados, de los pobres, de los marginados, de los oprimidos, de los abandonados.

Entonces haceos vosotros mismos el don de mi confianza para la Iglesia de estos vuestros tiempos.

–Sed el don de mi confianza para toda esta pobre humanidad.

Ayudadla a volver a Dios por el camino de la oración y de la penitencia. El camino de la conversión es el único que debe recorrer para alcanzar la salvación y la paz.

Pero ahora entráis en los tiempos decisivos para los que os he preparado desde hace tantos años.

Cuántos serán arrollados por el terrible huracán que ahora ya se ha abatido sobre la humanidad.

Éste es el tiempo de la gran prueba; éste es mi tiempo, hijos consagrados a mi Corazón Inmaculado.

Yo quiero manifestarme por medio de vosotros y daros a todos el don de mi confianza, sobre todo cuando vengan los días de la gran desolación y de una general desesperación.

Por esto os pido que os dejéis llevar en mis brazos maternos al templo de la gloria del Señor, para volveros luz de esperanza para todos, al difundir por doquier el don de mi confianza en estos vuestros últimos tiempos.”

 

TEGUCIGALPA (HONDURAS), 11 DE FEBRERO DE 1994

Aniversario de la Aparición de Lourdes

Yo soy consolada

“Hoy celebráis el aniversario de mi aparición en Lourdes a mi pequeña y pobre hija Bernardette.

Y te encuentras aquí, pequeño niño, en esa nación de Centro América, donde Yo soy particularmente amada y venerada por tantos de mis hijos.

¿Has visto con cuánto entusiasmo han acogido el mensaje de  tu Madre Celestial y que filial y tierno amor tienen por Mí?

En estos años en los que mi Corazón es profundamente herido por los pecados y la infidelidad, por la soberbia y la aridez, por el rechazo obstinado de mis intervenciones maternales, Yo soy consolada por mis hijos más pequeños.

Yo soy consolada por los más pobres, que me responden con la riqueza de su amor, de su humildad, de su docilidad.

¡Con qué apertura de alma y de corazón escuchan ellos mi palabra, la acogen y la viven!

Verdaderamente para estos pobres de bienes y de espíritu, se prepara el Reino de Dios, que pronto vendrá a vosotros en todo su divino esplendor.

Yo soy consolada por los más pequeños, por aquellos que viven verdaderamente como niños, que Jesús forma y protege dentro del jardín celeste de su divino amor.

Con qué ternura los llevo entre mis brazos maternos, para que sean consolados por Mí.

Solamente a ellos revelo el secreto de mi Corazón Inmaculado, la luz de mi designio, el plan de batalla y el momento de mi victoria.

Yo soy consolada por los corazones nuevos, formados dentro del luminoso recinto de mi Corazón Inmaculado.

Contra el odio que se propaga, el egoísmo que consume, la aridez que enfría, la dureza que paraliza el corazón de tantos, que se han vuelto fríos e insensibles, duros y cerrados a la penuria de los necesitados y de los pobres, Yo formo corazones nuevos que sepan difundir por doquier el latido de mi amor materno y misericordioso.

Estos corazones saben amar a Dios con aquel único amor que lo glorifica y a vuestra Madre Celestial con aquel único amor que la consuela.

Yo soy consolada por esta pequeña nación de Honduras, porque tiene un corazón grande y rebosante de amor hacia Mí.

Hoy has estado en la casa presidencial para hacer con el Presidente de la República la consagración de ésta a mi Corazón Inmaculado.

Yo tomo bajo mi particular protección esta Nación, porque habiendo hecho cuanto os he rogado en Fátima, Yo he sido consolada por ella de manera particular.”

 

ILOBASCO (EL SALVADOR), 13 DE FEBRERO DE 1994

A los pobres colmo de bienes

“Has visto también aquí mi mayor triunfo y te has quedado asombrado, mi más pequeño niño, porque ves cómo, en todas partes del mundo, Yo soy acogida con amor, con alegría y con gran entusiasmo por todos los pequeños, los sencillos, los pobres.

Con una intervención mía personal y particular, me estoy formando por doquier este mi ejército, para combatir la parte final de la batalla y obtener mi mayor victoria.

Con qué alegría veo Yo a mis pequeños niños, acudir de todas partes al jardín celestial de mi Corazón Inmaculado.

Ya ha llegado la hora.

Todavía una vez más, por boca de los niños y de los lactantes, el Señor vencerá el tumultuoso estruendo de los adversarios y reducirá a la nada la potencia de todos sus enemigos.

Así, como hace el Señor, también Yo, vuestra Madre Celestial, a los pobres colmo de bienes.

A los pobres colmo del bien precioso de la gracia de Dios y de la plena comunión de vida con Él.

A ellos concedo el don de la humildad de la mente, de la simplicidad del corazón, de forma que puedan acoger con amor su divina Palabra.

Hoy el Evangelio de Jesús puede ser creído y vivido no por los grandes ni los soberbios, sino por los pequeños y por los pobres.

En estos tiempos de la grande apostasía, los pobres de espíritu obtienen de vuestra Madre Celestial, el bien inestimable de permanecer siempre en la verdadera fe y de seguir con docilidad toda la Verdad del Evangelio.

A los pobres colmo del bien del amor y de la bondad.

¡Cuánta maldad existe hoy entre los ricos! Qué grande es el egoísmo que se difunde entre aquellos que sólo buscan el bienestar y quieren construir una sociedad fundada sobre la mayor posesión de bienes materiales.

Los pobres han recibido de Mí el gran don de estar despegados de ellos, de vivir confiándose a la bondad de la divina Providencia, de saber dar a los otros parte de lo poco que poseen, de acoger a todos con la bondad de los siervos del Señor.

A los pobres colmo del bien de una particular predilección del Señor.

El Señor observa a los pobres con la misma complacencia de que me ha rodeado, como su más pequeña y pobre sierva.

A los pobres se comunica el Espíritu Santo con una abundancia inagotable. Porque sólo de los pobres puede recibir la Santísima Trinidad su alabanza y su perfecta gloria.

En esta Nación donde mi Adversario ha conseguido seducir a tantos de mis hijos con el peligroso error de la teología de la liberación, Yo formo mi ejército con todos  mis pobres y pequeños hijos.

Por  esto obro Yo de manera fuerte, para construir mi triunfo en los corazones y en las almas.

Por esto soy particularmente amada y glorificada.

Por esto extiendo sobre esta Nación la plenitud de mi asistencia materna y de mi inmaculada protección.”

 

BOGOTÁ (COLOMBIA), 22 DE FEBRERO DE 1994

Fiesta de la Cátedra de San Pedro, Ejercicios Espirituales en forma de Cenáculo, con los Sacerdotes del M.S.M. de América Latina

Sobre la roca de la fe apostólica

“Hijos predilectos, Sacerdotes consagrados a mi Corazón Inmaculado, qué contenta estoy al veros aquí reunidos en un Cenáculo continuo de oración y fraternidad.

Yo estoy presente en medio de vosotros.

Yo doy fuerza a vuestra plegaria; vuelvo más profunda vuestra unidad; os ayudo a crecer en el amor recíproco hasta llegar a ser un solo corazón y una sola alma.

Os obtengo el don del Espíritu Santo, que desciende sobre vosotros para confirmaros en vuestro ministerio sacerdotal y haceros Apóstoles de la segunda evangelizació n.

Que sobre la roca de la fe apostólica se fundamente vuestra predicación, para convertiros en valientes testigos de la fe, en estos tiempos de la gran apostasía.

No os turbéis al ver que hoy se enseñan  los errores abiertamente, se difunden y se siguen.

No os desaniméis nunca.

Sed ministros fieles del Evangelio de Cristo, proclamando todas las verdades de la fe católica y así seréis una luz encendida sobre el candelero, antorchas ardientes puestas sobre los montes para iluminar estos tiempos de gran oscuridad.

Que sobre la roca de la fe apostólica se base vuestro testimonio de unidad y comunión eclesial.

Pedro ha recibido de Jesús la misión de ser el fundamento de la Iglesia y de confirmar a toda la Iglesia en la Verdad del Evangelio.

El Papa sucede a Pedro en este su ministerio de ser el fundamento de la unidad de la Iglesia y el custodio infalible de su Verdad.

Sed hoy testigos de amor y unidad con el Papa.

Llevad a la grey que se os ha confiado, a esta unidad, a fin de que se haga pronto un solo redil bajo un solo Pastor.

Amad, sostened y ayudad a vuestros obispos en su difícil y fatigoso ministerio.

Que sobre la roca de la fe apostólica florezca vuestra santidad sacerdotal.

Sed así ministros fieles de los Sacramentos que os han sido confiados. Sobre todo sed asiduos al ministerio tan precioso y hoy tan descuidado, de la Reconciliació n.

Haced de Jesús Eucarístico el centro de vuestra oración, el sol de vuestra vida, el amor de toda vuestra existencia sacerdotal.

Volved a realizar las horas públicas de adoración eucarística, para que Jesús pueda llevar a los corazones y las almas su reino de santidad y de vida.

Haceos ahora bálsamo suave que se derrame sobre las heridas abiertas y sangrientas de vuestra santa Madre Iglesia.

Ella sentirá así, por medio de vosotros, mi consuelo materno y será ayudada a proseguir por el camino doloroso de estos últimos tiempos, para que pueda dar su perfecto testimonio a Jesús.

Mi luz resplandecerá cada vez más en todo este gran continente de América Latina, que tanto me ama y que goza de una especial protección de vuestra Madre Celestial.

Con vuestros seres queridos, con todos aquellos que han sido confiados a vuestro ministerio, os bendigo en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.”

 

CAPOLIVERI (LIVORNO), 31 DE MARZO DE 1994

Jueves Santo

Dejaos poseer por su Amor

“Hijos predilectos, hoy os miro con alegría y con predilección materna.

Es vuestra fiesta. Es vuestra Pascua.

Reunidos en torno a los Obispos, renováis las promesas que habéis hecho en el día de la Ordenación sacerdotal.

Son las promesas de vuestro amor y de vuestra fidelidad a Jesús, que os ha elegido y os ha llamado a participar de su sumo y eterno Sacerdocio.

Por medio de vosotros Jesús puede todavía inmolarse todos los días para vuestra salvación.

Dejaos poseer por su Amor.

¡Cuánto os ama Jesús!

Por vuestro amor el Verbo del Padre se ha encarnado en mi seno virginal, se ha sometido a los límites de espacio y tiempo, ha nacido a su vida humana, ha crecido como una flor en el jardín de mi amor materno.

Por vuestro amor Jesús ha conocido el exilio en la infancia, la pobreza y la fatiga en la adolescencia, las incomprensiones y el rechazo durante los años de su pública misión.

Por vuestro amor Jesús se ha sometido a la traición y al ultraje, al juicio y a la condena, a la crucifixión y a la muerte sobre la Cruz. ¡Cuánto os ama Jesús!

Dejaos poseer por su Amor.

“Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin”.

Sobre todo por vuestro amor, Jesús ha instituido el nuevo Sacrificio y el nuevo Sacerdocio.

Así en todas partes de la tierra, de oriente a occidente, se puede presentar al Padre Celestial la ofrenda pura, el Sacrificio perfecto, que aplaca su divina justicia, que repara todo el pecado del hombre, para la salvación y la vida del mundo.

Y vosotros, hijos predilectos, sois los Sacerdotes elegidos por Él, para renovar por doquier este su Sacrificio de la nueva y eterna alianza.

Dejaos poseer por su Amor.

No miréis vuestras miserias, no os desaniméis por vuestras debilidades, no contéis vuestros pecados, no volváis sobre vuestras infidelidades, sino dejaos poseer por su Amor, porque la divina Caridad del Corazón de Jesús sobrepasa infinitamente toda humana ingratitud.

En estos últimos tiempos, cuántos son los sacerdotes que lloran sus caídas, que sucumben bajo las fuerzas del mal ahora ya desencadenado, que ceden a las lisonjas de un mundo que se ha vuelto pagano, que caen bajo las disimuladas insidias de mi Adversario y vuestro.

Hijos predilectos, incluso si repetís el gesto de Pedro que reniega o aquel de Judas que traiciona, o el de los Apóstoles que huyen y abandonan a Jesús, abrid hoy los corazones a la esperanza, porque Jesús os ama.

Su amor supera toda vuestra humana debilidad.

En este vuestro día sea grande la alegría y profunda la paz.

Con voz de Mamá que siempre os asiste y os conduce, os consuela y os anima, hoy os invito a dejaros poseer por su Amor, para ser también vosotros sacerdotes según su Corazón divino y misericordioso.”

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